Los otros sueños

Borja Pino / @BorjaPino

Pies. Pies femeninos. Pies delicados. Mario pensaba en ellos mientras agitaba su raquítico pene, tendido desnudo en la cama, en la oscura y humedad soledad de su cuarto. Pies suaves y cuidados, de uñas perfectas pintadas de rojo o de negro. Pies desnudos, pies embutidos en elegantes zapatos de tacón de aguja, en altas botas de cuero, en sencillas bailarinas de tela. Pies unidos a piernas de mujer, largas y esbeltas,vestidas con medias hasta la rodilla, con ceñidos leggins de plástico, con caras ligas de encaje. Pies desnudos sobre las sábanas, piernas flexionadas y separadas, sexos femeninos al descubierto, expuestos, ansiosos.

Vulvas hinchadas, vulvas abiertas, vulvas húmedas, rematadas en suaves y cuidados pubis cubiertos de un vello rizado y limpio, abundante, perfecto. Sexos, sexos, sexos, femeninos y también masculinos. Penes delgados, gruesos, cortos y largos. Vergas amorfas cubiertas de venas, retorcidas, monstruosas, babeando semen. Pollas perforando coños, penetrando en ellos, hundiéndose hasta el fondo en cuerpos de mujeres indefensas, sometidas, gozosas.

Gritos; de placer, de rabia, de dolor… Gritos inhumanos, gemidos, súplicas. Una voz de mujer desesperada: “Más hondo, mi vida, más hondo. Hazme sentir tu polla. Hazme gozar. Dame más, más…”. Vientres cubiertos de sudor, pubis manchados de sangre, gruesos coágulos de semen que se pegan al vello, instantes antes perfecto. Ombligos inundados de semen.

Pechos. Pechos pequeños, pechos grandes, pechos caídos, pero todos ellos coronados por grandes pezones rosados. Lamerlos, besarlos, chuparlos, morderlos. Leche brotando a borbotones de los pezones, derramándose sobre las tetas, el vientre, el pubis, la vulva… Más allá, un delicado cuello femenino, tenso, húmedo de saliva. Precioso, exacto.Y, al final de todo, una cabeza, un rostro. Rostro difuminado; de mujer, sí, pero invisible, cubierto de niebla. Rostro, rostro… ¿Quién eres tú? ¡No te reconozco! Rostro, rostro…

Un potente chorro de semen brotó despedido a presión del pene de Mario, empapó las sábanas, manchó su vientre y su pecho. Jadeando, temblando, deshecho por el esfuerzo, Mario apretó de arriba abajo su miembro varias veces, hasta que las últimas gotas de semen estuvieron en sus dedos. Lamió uno de ellos, paladeó con avidez aquel líquido blancuzco, espeso, cálido; le gustó. Sin limpiarse ni vestirse, se metió en la cama, se cubrió con las sábanas hasta la nariz y trató de conciliar el sueño. “Mamá estará a punto de llegar…”

Foto principal: boletinliterariobastaya.blogspot.com