La electroestimulación sexual

La revolución de las estimulaciones ha llegado en forma de pila. O mejor dicho, en forma de descarga eléctrica. Y es que la excitación del ser humano pasa por la estimulación nerviosa del organismo.

Sin embargo, no vamos a recrearnos en una clase del funcionamiento del sistema nervioso. Simplemente cabe destacar que allá donde existen terminaciones nerviosas las sensaciones que experimentamos son mayores o más placenteras.

Cepillo eléctrico provocando placer en una espalda. (Captura de Pantalla / Kinklab)

Es aquí donde entra en juego la electroestimulacion sexual o electrosex, que consiste en aplicar pequeños impulsos eléctricos en diferentes zonas del cuerpo. Estas corrientes se provocan con juguetes especializados, no se trata de unas pinzas conectadas a una batería de coche.

Aunque la electroestimulación surgió más ligada al BDSM y a las prácticas del placer a través del dolor, el electrosex no se traduce en daño sino en un cosquilleo para adaptar la electricidad a los gustos de cada uno.

Cualquier zona es sensible a estas descargas como la espalda, axilas, muslos o pies. Pero que no se pongan nerviosos los más golosos que también se puede aplicar en otras zonas erógenas como la zona genital.

De hecho, es posible alcanzar el orgasmo con la electroestimulación sin necesidad de incidir en las partes más íntimas. Es decir, que a través de descargas en la espalda, por ejemplo, también puedes llegar al clímax. Solo tienes que explorar todas las vías hasta encontrar tu zona ‘electrosensible’.

Existe todo un repertorio de artilugios electrosex desde los más genéricos a los especializados por zonas. Los más comunes son los kits de electrosex con diferentes cabezales intercambiables como rastrillos, varillas o flecos que producen sensaciones diferentes según la zona donde se apliquen. Así mismo, el aparato se puede graduar según la intensidad del impulso eléctrico que se quiera aplicar.

En el siguiente vídeo podrás ver cómo funciona mientras te aseguras de que no es peligroso, pero no te recrees con los modelos.

Seguro que ya conocías este tipo de productos pero no te has atrevido nunca a probarlos. En principio, no produce ningún mal a largo plazo aunque quizás caigas en la adicción a la electricidad sexual, quién sabe. Por si acaso compártelo con alguien así no te quedas solo mientras te da un calambrazo. ¿No se te ponen los pelos de punta?