La apuesta (II)

Autor: @Simon_Galante

Habían pasado horas desde que llegamos al hotel. Tus gemidos se mezclaban con la música, en el ambiente se respiraba un olor a sexo, a deseo… Nuestros cuerpos yacían sobre la cama, sudados y extenuados, pero no podíamos parar de hacernos caricias e insinuarnos con la mirada que debíamos seguir, que aquello aún no había acabado. Es más, no había hecho más que empezar.

Nos acercamos, nuestras lenguas se unieron y empezaron a jugar, a humedecerse. Igual te estaba ocurriendo a ti, la humedad de tu sexo iba en aumento. Tus  manos recorrieron todo mi cuerpo hasta que llegaron a mi miembro, erecto y firme. Lo miraste y resoplaste. Empezaste a acariciarlo, a masturbarlo, yo empecé a gemir, cerré los ojos y pasé mi lengua por los labios, síntoma de placer.

Me pusiste boca arriba, te sentaste sobre mí, sin dejar de masturbarme y mirándome a los ojos. Tu pelo largo resbalaba por tu espalda. Te inclinaste hacia delante y empezaste a besarme. Tu lengua jugaba con cada rincón de mi cuerpo. Quería agarrarte la cabeza, pero no me dejaste, me dijiste que las pusiera hacia arriba y me dejara hacer.

Tu lengua jugaba con cada rincón de mi cuerpo. Fuente: vozciudadanachile.cl

Llegaste a mi estómago, me besabas y humedecías todo mi cuerpo con tu saliva. Notaba tu respiración cerca de mi pene, que no paraba de palpitar, como celebrando que llegases a ella.

Por fin llegó el  momento, tu lengua húmeda y caliente y mi polla se juntaron.  Eran uno solo. Al principio pequeñas lamidas recorriéndola desde la base hasta la punta, mirándome a los ojos para endurecerla aún más, si es que eso era posible. Después introduciéndotela en la boca, movimientos suaves, pero firmes, arriba y abajo. Tus manos comenzaron a jugar con mis testículos, a acariciarlos.

Yo me retorcía de placer en la cama, me incorporaba y te miraba con ojos de deseo y de rabia. Rabia por poseerte, por devolverte todo el placer que me estabas provocando. Decidí levantarme, y todo empalmado me dirigí hacia la puerta que daba a la terraza. Te hice un gesto para que me siguieras, estabas muy mojada y excitada, y por supuesto que me seguiste.

Me preguntaste que a dónde íbamos, que si era lo que estabas imaginando. Y yo te contesté que, si imaginabas que íbamos a follar en la terraza, que sí, era lo que estabas imaginando. La terraza era muy grande, cuatro sillas de madera, una tumbona, una mesa redonda y unas vistas espectaculares. Al fondo se veía el mar, una playa de arena blanca y unas palmeras. El lugar paradisíaco con el que todos fantaseamos, nosotros lo teníamos delante y nos disponíamos a disfrutar de esas vistas mientras gozábamos.

Íbamos a follar en la terraza. Fuente: www.pilladasporno.es

Me senté en una de las sillas, te agarré por las caderas y te atraje hacia mí. Humedecí mis dedos para pasarlos por mi polla y lo mismo hice en tu sexo. Este no necesitaba mucha ayuda pues seguía empapado. Me la agarraste con fuerza y la guiaste hacía el lugar por donde querías que entrara. Tú estabas de espaldas a mí, antes de introducírtela la masturbaste un  par de veces, después te levantaste un poco y te dejaste caer lentamente, notando como cada centímetro de ella, se abría paso dentro de ti.

Colocaste tus pies en el suelo, tus manos en mi pecho y comenzaste a moverte. Movimientos rítmicos, acompasados. Te levantabas mucho porque querías que casi se saliese para después volverla a notar como entraba. Yo te veía saltar, gemir, sudar y gozar. No necesitaba nada más. El mundo para mí en ese momento no existía. Tu placer me hacia olvidarme de la playa, de las palmeras y de todas las vistas. Solo quería que ese momento fuera el mejor de tu vida.

Un golpe seco me devolvió a la realidad, cada vez te movías con más fuerza y tu culo chocaba con violencia contra mi pubis. Tus gritos iban subiendo de intensidad, tus uñas se clavaban en mi pecho y tu boca se llenaba de palabras sucias, excitantes.

Tu culo chocaba con violencia contra mi pubis. Fuente: fotolog.com

Quise ser partícipe de esa subida de intensidad. Me levanté de la silla, te dije que te pusieras de pie pero que tus manos tocaran el suelo. Te agarré por las caderas y empecé a embestirte. Sacando como a ti te gustaba mi polla casi al completo. En una de esas veces, la miré, estaba totalmente empapada de tus fluidos y resbalaba hasta el punto de entrar entera.

Estabas a punto de correrte y quise provocarte un placer mayor. Humedecí mi dedo y lo pasé por tu ano, quería lubricarlo y que sintieras una doble penetración.  Con mucha dificultad y entre gemidos me dijiste que eso lo dejase para más adelante, nos quedaba aún un día más e íbamos a tener tiempo para todo. A mí no me importó, puesto que mi objetivo no era otro que darte placer, me daba igual la forma.

Cada vez gemías mas fuerte, y yo consciente del lugar donde estábamos, te puse la mano en la boca, tu me la mordías y me chupabas los dedos entre jadeos. Empezaste a decir “me corro, me corro” y yo aproveché para acelerar el ritmo, también estaba a punto y quería intentar que explotáramos los dos a la vez.

En cuanto tu espalda empezó a arquearse hacia arriba y tus uñas a clavarse en mi trasero supe que era el momento. Saqué mi polla y me corrí en tu espalda. Mi semen caliente se mezclaba con tu sudor. Tú giraste la cabeza, sonriendo y con el pelo aún en la cara soltaste un soplido y una expresión casi inaudible porque te faltaba aliento.

¿Seguimos?

Imagen de portada: elbauldelanita.blogspot.com