Amor y sexo (I)

Autora: @imposibleolvido

Corrían empapados de la mano, bajo la lluvia  que los había sorprendido a mitad del camino de vuelta a casa. Reían como niños, hacía años que no se reían tan a gusto el uno con el otro. Llegaron al portal, él la animaba a buscar rápidamente la llave, ella, enrojecida por la carrera, mareaba la mano dentro de su bolso buscándola.

Entraron risueños y enrojecidos por la carrera.

-Cámbiate la ropa, Joss, te vas a quedar helado.

-¿Y si me la quitas tú? Aquella pregunta quedó suspendida entre los dos. Ella percibió el brillo de malicia en las pupilas de Joss, y se estremeció de anticipo. Lo ayudó a sacarse el jersey, le desabrochó el cinturón sin dejar de mirarlo a los ojos, y, simplemente, lo empujó suavemente, se colocó a un par de pasos de él.

(mundoeroticodigital.com)

Empezó a desvestirse solemnemente, entre susurros de encajes y cremalleras. Joss percibe su erección, aunque la observa a ella, ensimismado, esa mujer tiene el poder de hacerle perder el norte. Se deleita en ir recorriendo cada parcela de piel que va dejando al descubierto, sin ni siquiera darse cuenta de que su mano agarra su polla, perdido en la visión que se le ofrece.

Ella se queda momentáneamente admirando aquella polla trémula, no puede evitar morderse el labio inferior, aparta el pelo mojado de su frente y se acerca. Joss le da la vuelta, enfrentándola al espejo del salón, la desnudez de ambos como figura estelar en ese escenario, ella parece disfrutar de lo que ve en el espejo, “Tócate para mí”, le susurra Joss al oído.

“Ábrelo para mi, tócate” le repite, ella, obediente, baja su mano hacia su botoncito mágico y empieza a acariciarse, ve su propia imagen ante sí, bella y poderosa, sus pechos inhiestos, hambrientos de tacto. Un placentero torrente de calor la recorre, lo busca a él en el espejo y lo encuentra sobre su hombro, mirándola, las retinas dilatadas de deseo, le muerde suavemente el hombro, el cuello, ella nota como se humedece, está muy excitada.

Se miran en el espejo. Ella está fascinada. Me vuelve loco, esa mirada de inocencia y perversidad, esa manera de proporcionarse placer a sí misma, sin recatos, para mí.

(tonybucksblog.com)

Le doy la vuelta, la aprieto contra mi estómago, quiero que vea como la deseo. La alzo, ella me rodea las caderas con sus piernas, Me susurra en el oído “Oh, Dios, hazlo ya“. Se me aflojan las piernas de deseo. La penetro, de una vez, y me quedo quieto en su interior, espero que se adapte a mí, ella empieza a recular, en el aire, la aprieto más contra mí, no quiero que se mueva, quiero notar como se va ensanchando a mi alrededor y como fluyen sus jugos.

Me encamino hacia el sofá. La dejo en el suelo y le vuelvo a dar la vuelta, se arrodilla en el sillón, apoyo sus manos en el respaldo y , ¡madre mía!, su culo sobresale tentador, ella no espera y me la agarra por debajo y se la coloca, empiezo a moverme despacio, noto que se agacha y de repente su mano acaricia mis huevos, por debajo.

(beevoz.com).

Está desatada, ya sé que olvidó la vergüenza, la conozco bien, me retiro todo lo que puedo sin sacarla del todo y ella empieza a girar el culo, hundiéndose en mi polla de vez en cuando y apretándola, con ese guante sedoso de su interior. Empiezo a desear más y más, me molestan las rodillas, quiero darme la vuelta, así que lo empujo con mi culo y me tumbo en el suelo, coloco las piernas rodeando su cuello, quiero notarla bien adentro, poder besarle mientras me la clava, que tenga mis pechos a mano de su boca, me conoce, baja la cabeza y empieza a succionar, chupar, morder mis pezones, mientras entra y sale a un ritmo salvaje.

“Lo deseas, dímelo, lo deseas, dímelo” esa frase me la repite una y otra vez, hasta que empiezo a temblar, como una hoja, y me abandono a esa sensación gravitatoria de placer, le clavo las uñas en los hombros para no perderme del todo, como anclaje.

(Twicsy.com).

Noto cómo se abre por dentro, preparando la salida de su orgasmo, y se cierra de golpe, intentando aguantar, no se si podré aguantar mucho más esa manera de pajearme con su coño sedoso. Me concentro en su boca, la muerdo, la beso, recojo su saliva con mi lengua, la vuelvo a besar, y de repente, sus gemidos se aceleran, empieza a acompañar mis embestidas arqueando su espalda, se aferra con las uñas en mis hombros, me cuesta Dios y ayuda no correrme, “vamos córrete amor, lo deseas, dímelo, lo deseas, dímelo, lo deseas…”.

Llego al éxtasis y me quedo en algún lugar lejano a este, noto su semen llenándome, caliente y potente chorro que me hace comprimir mi interior de placer. No puedo parar de temblar, “No, no te muevas, quédate así un momento Joss”.

Suena el timbre. Alguien ha elegido un mal momento para llamar a la puerta.

Continuará.