La apuesta (III)

Autor: @simon_galante

¿Seguimos?

El cansancio era evidente, llevábamos prácticamente dos días sin dormir, aunque no nos importaba. Prevalecían las ganas que nos teníamos. Seguíamos a lo nuestro que era provocarnos y proporcionarnos placer. Nos tumbamos en el suelo, esta vez quieres llevar tú el control. Yo estaba encantado, puesto que esa postura en la que puedo visualizar tus pechos, voluminosos y redondos que yendo al ritmo de mis acometidas me seducen mucho. Y que seas tú con tus movimientos las que decida la intensidad de ese ritmo, aún más.

(Imagen: amantissima.wordpress.com).

Te colocas sobre mi, en cuclillas, tus manos se apoyan en mi pecho y tus ojos se clavan en los míos. Lames tus dedos sin dejar de mirarme, y agarras mi polla con energía, la pasas por tu sexo y tu clítoris sin introducirla, a la vez esbozas una sonrisa maquiavélica. No se me pasa por la cabeza lo que puedes estar tramando. El morbo de la situación, junto a la excitación que hay en mi entrepierna no me dejan pensar con claridad.

Te levantas, y te diriges a tu maleta. Buscas en ella hasta que encuentras un trozo de tela oscura. Mientras vuelves hacia mí con esa misma sonrisa y sin mediar palabra, me la muestras. Te inclinas y me la colocas en los ojos, quieres jugar. Cuando has comprobado que estoy en la más absoluta oscuridad, te vuelves a levantar. Mi sexo sigue totalmente erecto y expectante.

Vuelves con un hielo que has sacado del mueble-bar. Lo pasas por mi labios. Esa primera sensación me estremece y pone todos los vellos de mi cuerpo de punta. Puedo notar tu respiración excitada y entrecortada porque te encuentras muy cerca de mi ya que has decidido coger el hielo con tu boca.

Empiezas a bajar por mi cuerpo. Primero lo pasas por mi cuello, después por mis pezones. Te entretienes un poco más en el izquierdo, que es donde llevo ese piercing que tanto te pone. No sé cuanto tiempo tardará el hielo en derretirse porque la temperatura de mi cuerpo es muy alta y va en aumento.

Te gusta la sensación de poder que produce el tenerme a oscuras a merced de lo que puedas hacerme. Sigues pasando el hielo por mi cuerpo, bajas por mi abdomen, recorres mis muslos, el interior de mis piernas y mis testículos. Ya casi no queda hielo, por lo que optas por metértelo en la boca y besarme, como intentando bajar mi temperatura con ese beso.

(Imagen: loverboutique.es).

Ahora haces el mismo recorrido a la inversa pero con tu lengua, recogiendo todo la humedad que hay sobre mí. Esta vez no hay eyaculaciones, no hay orgasmos. Solo una sensación de superioridad por tu parte. Y a mí no me importa, ésta también es una manera indirecta de provocarte placer.

Y ese, si recuerdas, era el cometido de mi apuesta.

EL FIN DE SEMANA EN EL QUE MÁS PLACER HAYAS SENTIDO DE TODA TU VIDA.