Hacer el amor con una muñeca

No es el juguete sexual más raro del mercado, ni mucho menos. La muñeca hinchable es probablemente uno de los accesorios sexuales más típicos (al menos en películas y series). Sin embargo, la tecnología avanza continuamente y el caso de las muñecas sexuales no iba a ser menos.

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Doll Story

Conocida en sus orígenes como “dama de viaje”, en un principio la usaban los marineros para los largos viajes sin pisar tierra (las señoritas de carne y hueso no solían frecuentar los barcos). Entonces, estaban hechas de tela.

Las muñecas hinchables con una abertura son la versión más barata y cutre, aunque para un polvo valen. Sin embargo, si te mola el rollo de las mujeres de plástico (androidismo es el nombre técnico), probablemente prefieras algo más realista, algo similar a un maniquí, probablemente de látex y con la opción de vestirla (y desvestirla) a tu gusto. He aquí el ejemplo de un chico que mantiene relaciones, y no solo sexuales, con una muñeca:

Para aquellos dispuestos a dejarse un dineral en una compañera sexual artificial, está la opción de la silicona. Estados Unidos y Japón tienen empresas especializadas en su fabricación, pero no hace falta irse tan lejos: en Francia, Doll Story vende muñecas hiperrealistas personalizables mediante su página web, por al menos 6300 euros.

Llama la atención que el mercado de muñecas eróticas parece casi exclusivamente dirigido a los hombres. ¿Se asume que las mujeres prefieren otros accesorios o es un sector aún por explotar? ¿Cuál será el siguiente paso en la evolución de estos maniquíes sexuales hiperrealistas?