Un golpe de suerte

Autor: @miguelonmiguelo

La última temporada no estaba siendo de esas que uno dice que disfruta de la vida. Todo era monótono y rutinario. Del curro a casa, de casa al curro, salir por ahí de vez en cuando y poco más. Las mismas cosas de siempre de la misma forma que siempre, una mierda vamos. Lo único que me entretenía era perderme en algún libro bien escrito y twitter.

Me relaja escribir mis verdades disfrazadas de tonterías sin pretensión de que nadie las lea o las entienda, simplemente me hace sentir bien y twitter da esa oportunidad. Estaba leyendo las sandeces de otros cuando apareció un tetuit que llamó mi atención. Era una cuenta que publica relatos eróticos de tuiteros y el RT enlazaba el relato de una tuitera.

Empecé a leer creyendo que pecaría de los mismos fallos cutres que toda la mierda de escritos que te encuentras por la red, pero, para mi sorpresa, estaba bien escrito. Me captó y me llevó hasta el final de la historia casi sin darme cuenta, lo iba viendo y acabé poniéndome bastante cachondo. Quise saber quién era la autora y entré en su perfil.

Tuiteaba como escribía, con un punto entre misterioso e ingenioso, de esos que a un tío raro como yo llama poderosamente la atención. Miré sus fotos y, para colmo, estaba buena…Muy buena. Aunque el detalle determinante fue su foto de avatar. Hay gente que tiene esa expresión… no sé definirla bien, es algo que noto cuando lo veo, pero que no sé explicar. Creo que es por algo de la forma de las cejas junto a una mirada estudiadamente perdida.

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Foto: http://cdn.tecnologia21.com/

El conjunto da una expresión inteligente ­con cierta melancolía por saber que la vida no es bonita y depredadora… Creo que me veo reflejado y por eso me atrae. Ella la tenía, y de una manera que hacía mucho tiempo que no había visto. Ni me lo pensé, fui al DM y le escribí: “Follo como Joss”. Si no me equivocaba en lo que había notado, no hacía falta escribir nada más, sólo esperar.

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Me respondió con un: “Ésa es una afirmación no contrastada.” Sonreí y contesté: “Trabajo de noche en el parking central de Benalmádena, a escasos kilómetros de ti. Búscame, contrasta cuando quieras.” La semilla estaba plantada, aunque pensé que igual me había pasado de prepotente y que ahí había acabado nuestro cruce de caminos.

A las tres y media de la mañana entró un coche y aparcó. Escuché ruido de tacones y levanté la cabeza. Vi a una mujer rubia, me fijé en su cara y… ¡Era ella! Llevaba horas pensando en esa cara y acababa de aparecer frente a mí. Me quedé un poco descolocado, no sabía si estaba alucinando. “­Hola, venía a contrastar una información“, ­dijo.

No me salían las palabras y no me suele pasar. “­No te esfuerces, ¿me dejas pasar o tengo que quedarme al otro lado del cristal?” Le abrí la puerta y, al momento, nos estábamos comiendo la boca a lo salvaje. Sabe bien, pensé, ya no hay vuelta a atrás. Me arrinconó en la mesa y yo la agarraba fuerte del culo… ¡Y qué culo, Dios!

Era una leona, tenía seguridad, era ella la que estaba llevando las riendas. Se desabrochó la camisa y metió mi cara entre sus tetas. Ahí me convertí en animal. Chupaba sus pezones con hambre voraz, los mordía y me los metía en la boca sorbiéndolos y notando como se ponían duros…como mi polla, que ya estaba a punto de reventar. Se recostó en la mesa, me agarró de la rasta y me dijo:

Ahora me vas a comer bien el coño, perro”. Empecé a comerle el coño a lo bestia, le succionaba el clítoris y jugaba con él dentro de mi boca con la punta de la lengua. Le metía la lengua hasta donde podía llegar y me empapaba la barba con sus fluidos. Cada vez estaba más cachonda y justo antes de que llegara al orgasmo paré. Pensé que podía correrse y marcharse y yo quería follármela como no se la habían follado en su vida. La cogí de la muñeca y la puse inclinada contra la mesa.

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Foto: http://www.excelenciasdelmotor.com/

Le dolía, pero yo no podía parar, mi instinto no me dejaba. ­¡Te voy a follar a lo bruto, zorra! Se la clavé de un golpe, la tenía durísima y enorme. ¡Cómo me ponía la muy zorra! Me quede un momento dentro para que se adaptara y luego empecé a embestirla con toda el alma. Se escuchaban los golpes de mi abdomen contra su culo y de mis huevos contra su clítoris. Le agarré del pelo y empecé a cabalgarla más fuerte, mientras, con la otra mano, buscaba sus tetas para apretarlas con fuerza. Estaba cachondísima y pedía más.

Yo aceleraba el ritmo y la fuerza de las embestidas, quería partirla en dos. Follábamos con rabia, con mucha rabia…La mejor manera de follar. Le solté la muñeca, se zafó y me empujó contra la silla, se sentó encima y se la clavó de un golpe. Ahora podía verle la cara otra vez y empecé a comerle la boca, a morderle el labio y lamerle el cuello. Le cogí la cabeza buscando su oreja mientras me cabalgaba marcando el ritmo y le metí la lengua en el oído, húmeda, llena de saliva. Estábamos gozando de verdad. Aceleró el ritmo y dio un grito. Noté su orgasmo en las contracciones de su coñito abrazando mi polla. Con ella dentro nos miramos a los ojos, no sé cuánto tiempo pasó…

Se levantó y se vistió. Da mucho morbo ver vestirse a una mujer cuando acaba de follar contigo. Encendió un cigarro mientras me miraba la polla, que aún parecía un obelisco. Se acercó, me dio un beso en la mejilla y se marchó.

Al cabo de un rato recibí un DM, era ella. Decía: “No ha estado mal. Sí, podrías llegar a protagonizar uno de mis relatos. ¡Ah! Y te quiero avisar de una cosa, no te enamores de mí”. Sonreí. A las seis de la mañana aún iba empalmado. Estaba claro que nos volveríamos a ver…