Te he echado de menos

Autor: @miguelonmiguelo

Paré la música y bajé las ventanillas para poder oler el aroma de la ciudad. Eran las 4:30 de la madrugada y me había pegado 1000 km del tirón. A esas horas sólo te cruzas con algún camión de la basura y poco más, puedes quedarte con los detalles de los lugares desconocidos.

Aparqué la furgo en la zona de la playa y me eché a dormir unas horas. En este viaje no llevaba la tabla de surf y tampoco llegaría hasta Tarifa. Málaga era el destino y el surfeo iba a ser otro.

Por la mañana pagué la entrada a un gimnasio para poder ducharme y arreglarme. Hacía tres meses que no nos veíamos y habíamos quedado después de la hora de comer en una terraza del paseo marítimo que estaba siempre llena de gente; teníamos que hacer como si no nos conociéramos de nada y poco a poco yo tenía que ir haciendo el acercamiento. Ella y sus fantasías… ¡Qué jodidamente viciosa era y cómo me gustaba que lo fuera!

Al llegar, me quedé en la barra desde donde se veía toda la terraza y la vi en medio de ella. Destacaba entre toda la gente que había y todos los hombres se la estaban comiendo con la mirada (camareros, grupos de chavales, casados con sus familias). ¡Cuánto entendía a aquella panda de canallas! Estaba pensando exactamente lo mismo que ellos… Llevaba recogida en una trenza su media melena rubia y vestía unos shorts vaqueros apretadísimos que dejaban ver unas piernas y culo de infarto, una camiseta de tirantes ceñida, de color azul pitufo, y unas deportivas con tacón muy alto.3sentada

Se levantó una pareja que estaba en la mesa de al lado, la chica ya había pillado a su maromo mirándola cuatro o cinco veces, creo que por eso sefueron, y me lancé a la mesa como una pantera. Me senté en el lado que quedábamos frente a frente, en mesas diferentes, pero en línea de visión. Ella leía un libro y no hacía caso a su alrededor. Le pedí una birra al camarero y en ese momento, al escuchar mi voz, levantó ligeramente la vista, lo justo para cruzarnos y aguantarnos la mirada un par se segundos. Me había dado la salida, esa mirada tenía tanta intensidad como tensión, el juego empezaba y dos personas en aquella terraza no se iban a levantar muy secas.

Saqué un mapa de Málaga y empecé a consultarlo. Ella había dejado el libro y se encendió un cigarro.

-Disculpa. ¿Me podrías ayudar? Soy de fuera y no me aclaro con el mapa de la ciudad.

-¿Qué quieres saber?

-Pues sitios que estén bien para comer, por dónde salir a tomar algo y cosas así. ¿Tú tienes algo que hacer esta noche?

Se le escapó una risa porque sabía exactamente lo que iba a hacer esa noche, pero el hecho de preguntárselo entre gente empezó a calentarla. La gente aún no se lo notaba, pero yo ya la olía aunque estábamos a dos metros. Se notaba cómo en las mesas de alrededor empezaban a poner la oreja y bajar el tono de sus conversaciones para poder escuchar.

-No pierdes el tiempo tú, ¿eh?

-No está el tiempo para perderlo.

-No sueñes tanto, chavalín, que esto es demasiado tren para tan poco maquinista.eju.tv.jpg hielo

Escuché risas alrededor. ¡Qué hija de puta! -pensé con media sonrisa-. Me está vacilando en público, haciéndome llegar al ridículo y sabe exactamente cómo me está poniendo…¡Cómo me la está poniendo!

-Puedo aprender, lo hago muy rápido. Si tú me quieres enseñar, ya verás cómo quemo carbón a lo bruto y la locomotora no pasa hambre.

Soltó una carcajada cortada y se sonrió entre un :¡Ay Dios!

-¿Puedo sentarme contigo? No, es más que nada porque hay gente esperando para sentarse y estamos ocupando dos mesas. Ya sabes, por la gente.

Se lo dije con cara de cordero degollado y asintió con un ligero movimiento de cabeza:

-Vale va, que te lo has ganado, simpático.

Las risitas monguer se cortaron de golpe y el personal ya escuchaba a lo descarado. Claro que también nosotros nos hacíamos escuchar.

-¿Y qué buscas exactamente en Málaga? -me preguntó

-El objeto de mi deseo. Vicio en estado puro.

Le cambió la cara, le costaba contenerse. Creo que no esperaba el ataque directo.

-¿Y cómo es ese objeto de tu deseo?

-Rubia, intrigante, juguetona, descarada, vacilona, pasional y hembra…Sobre todo muy hembra.

Lo dije mordiéndome el labio al final y le noté un ligero suspiro entrecortado que no pudo contener. Sabía cómo estaba ya su entrepierna y mi polla llorosa amenazaba con delatarme dejando mancha mojada en la bragueta.

-¿Y la has encontrado ya?

-Hace un rato. Ahora me lo estoy currando para llevármela.

-¿Llevártela?, ¿a dónde? -preguntó aumentando su ansia mientras le iban subiendo los colores a las mejillas y no era por vergüenza.

Llevármela a la cama…A la camade una habitación mugrienta de una pensión barata. Quiero que se sienta sucia y viciosa, tanto como yo; quieroque follemos como animales salvajes, como iguales, sin sentir vergüenza por desear, llenándonos de saliva y lamiéndonos hasta el último rincón; quiero que se deshaga en mi boca y me regale chorros de su placer extremo…Ahí quiero llevármela.sexo-pareja-cine1

La terraza estaba en sepulcral silencio. Ella también se había quedado callada hasta que rompió ese silencio:

-¡Camarero!, la cuenta. Y tú, paga.

Pagué y, al levantarnos, me cogió de la rasta como una dueña a su perro.

-Vamos. Ya la has encontrado.

La cogí de la cintura mientras todo el mundo nos miraba alejarnos. En ese momento y lugar era el tío más envidiado del mundo.

-¿Dónde vamos?

-Aquí cerca y menos mal, porque si no te follo vivo entre dos containers antes de llegar, cabrón.

Me lo decía mientras nos íbamos comiendo y magreando como posesos por las calles y la gente se giraba a mirarnos a nuestro paso. Dábamos un poco el espectáculo, pero nos daba igual, hay pasiones que no se pueden contener.

Entramos en una habitación que había alquilado ella el día anterior, un sitio muy cochambroso y bukowskiano, un lugar perfecto para nuestro mundo secreto. Nada más entrar y cerrar la puerta me puse a su espalda y le dije:

-Vas a pagar todas las que me haces hacer juntas. Lo sabes, ¿verdad, zorrita?

-Síííí -dijo con hambre de loba.

Le arranqué la camiseta y le comí el cuello mientras le estrujaba las tetas con las manos y atrapaba a la vez sus pezones entre mis dedos. Le ordené que se pusiera de rodillas y me bajó de un tirón el pantalón. Se la tragaba hasta la campanilla entre gemidos de placer, los suyos y los míos. Le agarré del pelo y le tiré la cabeza hacia atrás.

-Abre la boquita a tu macho.

Abrió su boca y dejé caer saliva de la mía que trago con viciosa sed. La hice parar, no me quería correr todavía. Entendió el cambio de rol y me empujó sobre la cama.

Ahora te voy a enseñar modales, cabrón -dijo mientras se quitaba los minivaqueros, dejando ver el cuerpo de una diosa griega.

Se sentó sobre mi cara, volvió a agarrarme de la rasta y paseando coñito y culo por mi lengua dijo:

-A ver cómo se porta mi perrito.

Lamí, comí, olí como si me fuera la vida en ello. Era imposible parar por puro vicio descontrolado.

Luego bajó y se la clavó ella sola. Comenzó a cabalgarme pero duramos poco…Poquísimo. Eran demasiadas ganas y nos corrimos casi juntos en un orgasmo intenso como pocos, de los que te dan fuerte en el hipotálamo. Nos quedamos así, yo dentro. Notaba los latidos de su corazón en los pálpitos de su coñito y ella, los latidos del mío. Nos quedamos aplatanados en aquella mugrienta habitación de pensión barata, el mejor lugar del mundo, la mire a los ojos y mordiendo suavemente su labio le dije:

Te he echado de menos.