Una vieja amiga

Autor:  @simon_galante

Hace una semana que tengo el coche en el taller, en realidad no recordaba lo que era estar en hora punta en el metro, lleno de gente que en realidad no te da espacio ni siquiera para poder mirar el móvil, todos van inmersos en sus pequeños espacios, mirando hacia delante y nada más. Hace una semana que volví a hacer esa rutina, cuando iba en el coche me retrasaba en ocasiones más, pero es muy distinto, tienes tu espacio y escuchas la música que quieres sin que te estén empujando.

Como en mi trabajo debo estar “presentable” acostumbro a usar traje y corbata, creo que me veo bien, pero es algo completamente personal, no lo ando diciendo en todos lados.

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El viernes, último día de la semana para trabajar, por suerte el fin de semana no abre la oficina, me entregarían el coche. Así que solo me quedaría un día para seguir yendo en metro.

Ya por la tarde al entrar, el metro iba medio lleno, de pronto algo me saca de la concentración que había adquirido, la chica que estaba cerca la conocía, estoy completamente seguro que es una amiga con la que tuve cierta historia hace algunos años; sin duda es ella.

Me coloco detrás, está parada en medio del vagón agarrada al hierro que está en el centro, lleva una falda de tubo negro, muy ceñida al cuerpo que le llega hasta la rodillas,  abierta por la parte trasera, abajo, que la hace mucho más sugerente, con una blusa blanca, que noto que por detrás es algo transparente, me quedo un poco ensimismado viendo ese cuerpo que tanto conocí años atrás, pensando en si me acerco o no.

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Se veía sensual, desafiante, atractiva a más no poder, pienso durante dos paradas si me acerco o no. Hasta que me guardo el móvil en el bolsillo y me dirijo a ella, coloco mi mano en su cadera para saludarla, me doy cuenta que tiene una reacción que no esperaba, se da la media vuelta de forma brusca, tal vez pensando que solo soy un tipo cualquiera que le quiere sacar el número.

Veo en su cara cierta exclamación de molestia hasta que me ve, hasta que se da cuenta que soy yo, y noto que una sonrisa comienza a brotar de sus labios:

-“Pensé que sería cualquiera otra persona, menos tú” me dice. Sonrió.

-“Hola, ¡Cuanto tiempo!” le digo.

Se da la media vuelta y noto que el tamaño de su escote sigue igual de notorio, se me queda mirando y me dice “Oliver, estoy aquí arriba”.

Sin saber que decir solo sonrío y me disculpo. Hasta que se abre la puerta en una estación que es conexión con otra línea y entra un tumulto de personas que sorprende, haciendo que ella, empujada por la gente quede pegada a mí y yo apoyado con la parte posterior del vagón.

Como noto que queda un poco desequilibrada la afirmo de las caderas y apoya su cuerpo en mí, noto, naturalmente, sus pechos apretándose contra el mío, como es más baja que yo, cuando la miro noto su escote generoso expuesto a centímetros de mi, levanta su mirada y noto que está un poco nerviosa, asumo que se debe sentir un poco vulnerable porque hay muchas personas cerca de ella. Así que la tomo de su cintura y la giro poniendo mis manos en su abdomen para que no se sienta presionada por otras personas.

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El metro se detiene y las puertas se abren, pienso que se va a despejar, pero, por el contrario, entran algunas personas más. La persona que estaba delante de ella la empujó un poco más hacia atrás. Como llevaba tacones altos siento que se apoya en mi, intento no decir nada para que no se sienta incómoda, pero no puedo detener lo que tengo debajo de pantalón, está creciendo, endureciéndose. Intentado que no se dé cuenta, me separo todo lo que puedo, pero ella, sin pensarlo hace lo contrario, se acomoda más, haciéndome sentir su trasero muy bien contorneado contra mí.

Mi pene completamente duro queda entre sus nalgas, siento que se mueve delante de mí, despacio. Con un gesto delicado, levanta sus manos y se hace una cola en el pelo, dejando su cuello desnudo, mientras levanta su culo y aprieta mi pene con su faldita. Cuando baja sus manos una de ella la mete por detrás de su espalda y la baja hasta que toca mi polla, por encima del pantalón, la acaricia en toda su extensión y la aprieta un poco, siento que crece aún mas, la mueve colocándola de tal manera que es como si estuviera por salir, hacia arriba y apoya todo su culo en mí.

Mientras se apoya más, me acerco a su cuello y lo comienzo a besar, en el primer momento que apoyo mis labios en su piel siento que se estremece arqueando su espalda permitiendo que todo su cuerpo quede más cerca del mio, siento, por otro lado, que mi polla solo desea salir, pero aunque el deseo esté latiendo fuerte, no puede por razones obvias.

Mi cuerpo no responde mucho así que coloco una mano y rozo uno de sus pechos, cuando lo hago siento que su mano se aprieta contra la mía haciendo que lo tome con toda la mano abierta.

Se da la media vuelta y toma mis manos, separándolas de su pecho y llevándolas hasta su falda, siento que lleva un pequeño tanga porque solo siento los bordes, nada más.

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Se acerca a mí y me susurra:

-“Vivo cerca, quieres venir a mi casa”. Mientras me besa el borde de los labios, me quedo mirándola el escote .

-“Pensé que no me lo preguntarías nunca”. Mientras espero que pasen las estaciones me abre la chaqueta y me abraza. A diferencia de lo que pensé que solo me abrazaría, lleva sus dos manos hacia delante y me comienza a acariciar la polla por encima del pantalón, siento como si estuviese a punto de estallar.

-“Tranquila” le digo y sonríe.

-“No te acuerdas de lo que hemos hecho, parece”

De pronto vino a mi recuerdo cuando me hizo algo más que tocar en otro transporte público, antes de tener coche siquiera. En un bus me había hecho una deliciosa felación, algo que para en aquel momento, con mi corta edad fue completamente excitante, pero eso es otra historia que contaré más adelante en otro relato, si vosotros queréis.

Ahora era la misma chica, con su cuerpo mucho más desarrollado y con más experiencia.