Suspenso

Autora: @imposibleolvido

Hacía días que estaba enfrascada estudiando inglés, el temario era jodido, todo gramática, y entre el trabajo, la casa, la niña, el deporte, lo había ido relegando en el tiempo; hasta ayer que me acordé que la fecha del examen: era en cuatro días. Así que llamé a Elena, una amiga que ya hizo este mismo examen hace tiempo y a la que se le da bastante bien explicarme lo que no me entra en la cabeza.

Quedamos para cenar en mi casa, después de salir de nuestros respectivos trabajos, y echar un rato con mis apuntes.

Elena llegó a las nueve, puntual como siempre, con una botella de Pinord en la mano y una sonrisa preciosa en la cara, nos abrazamos, y empezamos a ponernos al día mientras yo terminaba de preparar la cena.

Cenamos entre risas, copas de vino, y confidencias, ahora salía con un compañero de trabajo, al que yo aún no conocía, le hablé de mi nuevo chico, la cena dio paso a una botella de cava que llevaba más en mi nevera que los sobrecitos de kétchup del Mc’donalds. Pasamos al sofá, copas en mano, apuntes olvidados sobre la mesa pequeña, cuando el timbre nos paró en seco la conversación. 23:00h: sólo podía ser mi barbitas…

Y así era. Entró, llenando la estancia con la anchura de sus hombros y la seguridad de sus pasos, se presentó a Elena, ganándose al instante su aprobación, se sirvió su copa y se sentó en el suelo, junto al sofá, mientras nos entretenía con sus historias de vikingo.

De repente, sin previo aviso, mi mente voló a algún sitio desde el que veía cómo nos liábamos los tres, noté humedecerse mis braguitas, y, automáticamente subir el color a mi cara. Ambos me conocían demasiado bien, como para no darse cuenta de que hacía rato de que yo estaba en otro lugar, y a juzgar por la imagen que debía de darles, la entendieron a la perfección.

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Elena me cogió la cara con las dos manos y me besó tiernamente en los labios, ¿sabéis esos besos tímidos y a la vez rotundos? Un beso de amiga, sin más, al que una parte de mi se aferró con fuerza y aproveché para cogerla por la nuca y profundizar en su boca, olvidando a mi barbitas, sin pensar en la reacción que ella pudiera tener, la besé con los cinco sentidos, y ella se dejó llevar, tímidamente al principio, entreabriendo sus labios, con los ojos abiertos de par en par, la aparte un solo segundo de mí, y debió ver mi deseo reflejado en las pupilas porque fue entonces ella la que se abalanzó sobre mi boca.

Me perdí en su sabor, en la delicadeza de su lengua repasando la mía, en el aroma de mujer que desprendía su melena, sentí cómo mis pezones se erguían, y cómo unas manos ajenas me desabrochaban el pantalón y me los quitaban, era él, en silencio cómplice. Lo miré mientras me quitaba los calcetines y repasa mis pies desnudos con sus manos.

Elena se puso de pie y se sacó el vestido por encima de su cabeza, dejando libres unos erguidos y llenos pechos sin sujetador, noté cómo me escocían lágrimas en los ojos de puro deseo, sonreí a mi chico, y me abalancé sobre esos pechos que bamboleaban a la altura de mi cara, la sedosidad del pezón en mi boca, rozarlo con mis dientes, suavemente y ver cómo se erizaban sus vellos, sus manos en mi pelo acariciándome, y aquellas manos ajenas de nuevo hurgando en mi, peleando con la pequeña tira de tela entre mis piernas, intentando llegar a mi botoncito. Levanté el culo facilitándole el trabajo y me lo quitó en un solo movimiento experto.

Mi barbitas me separó las piernas y pegó su boca a mi centro del placer. Elena me besaba, me ofrecía sus pechos y me los daba, cerré mis ojos, agarré del pelo a mi vikingo y  cabalgué su boca, apretándolo contra mí, frotándome contra su barba, sus dientes, su lengua, contra su nariz, sin posibilidad de que se pudiese separar de mí, salvajemente.

Llegué al orgasmo así, con dos bocas a mi servicio y un par de magníficas tetas. Estaba desatada, le dije al barbitas que se desnudara, y a Elena también, quería ver cómo se desenvolvía mi hombre con otra mujer, me acomodé aún temblorosa en un extremo del sofá, abriendo mis piernas, e hice subir a Elena sobre mí, besándonos, tocándonos, explorando aquella atracción que nunca habíamos sentido entre nosotras, la cogí del pelo y acercándola a mi cara le pregunté: ¿Quieres que te empotre contra mí?, ¿Quieres sentir cómo te cedo a mi barbas?

Ella me mordió la boca con fiereza, un sí arrastrado en su vocal hasta clavarse en mis entrañas me enardeció aún más si cabía, miré a mi barbitas, totalmente inhiesto y con la mirada del lobo en sus ojos, se colocó tras Elena, le levantó las caderas y la ensartó. Noté el empujón de su polla dentro de ella en cómo la lengua de Elena entró en mi garganta, la coloqué bajándole por los hombros, sobre mi coñito, su culo en alto, mi barbitas completamente en mi campo de visión, sonriéndome, mordiéndose los labios, mirando sólo a mis ojos, la lengua de Elena me llevaba de nuevo muy alto, la agarré del pelo, y tensé el arco de mi espalda, Barbitas apartó a Elena, sabía que yo iba a correrme de nuevo, así que hundió su polla en mi, y alcanzamos juntos el orgasmo.

He suspendido hoy el examen, pero os aseguro que me mereció la pena.