Tú lo soñaste, yo lo cumplí

Autor: Simón Galante

Martes 12 de la noche.
Estoy nervioso, tengo una cita con una chica, pero no es una cita normal. Me encuentro delante del ordenador, llevamos varias semanas hablando, temas triviales por lo general, su trabajo, el mio y nuestras respectivas rutinas.

Pero hoy será diferente, al hablar por teléfono me ha confesado que ha soñado conmigo, pero no un sueño cualquiera y esta noche va a contármelo con pelos y señales. Estoy ansioso por conocer todos los detalles.

(Se abre la ventana de conversación del Messenger)

-Toc, toc… ¿Estas ahí?

-Llevo un rato esperándote. Estoy ansioso porque me cuentes lo que has soñado.

-No te preocupes, yo estoy igual, llevo todo el día empapada pensando en este momento. Te voy a contar tal cual lo he soñado, y ojalá muy pronto lo hagamos realidad. Nos encontrábamos en mi casa porque tú venías a visitarme, nos estábamos preparando para salir. Ambos en el cuarto de baño, hablando entre risas y muy buen rollo.

Sin mas dilación comenzaste a besarme en la boca muy sensual y comenzaste a desnudarme entera a la vez que me acariciabas todo el cuerpo según iba quedando desnuda. Yo hice lo mismo hasta que noté tu enorme polla y comencé a acariciarla notando como se iba poniendo cada vez más dura y levantándose, me cogiste y me levantaste en el aire rodeando con mis piernas tu cintura y te rodee el cuello con mis brazos, y sin mas preámbulos me metiste tu miembro en mi coño y comenzaste a follarme.

Primero ibas suave, pero me cogiste con tus antebrazos por mis nalgas y las elevaste para facilitar más la penetración a mi coño completamente húmedo y empezaste a empujar como una bestia haciendo rebotar mi cuerpo contra el tuyo, cada vez lo hacías con más rapidez, más fuerza y yo cada vez mas cachonda echaba la cabeza hacia atrás gimiendo de placer como una perra en celo.

Empujabas una y otra vez y me preguntabas si me gustaba, yo no dejaba de decirte que no pararas, que siguieras follándome, entonces comenzaste a caminar sin dejarde penetrarme y supe a dónde me llevabas cuando noté que me caía por la cabeza agua caliente y recorría todo mi cuerpo, era la ducha y sin dejar de empujar una y otra vez a la vez me chupabas los pezones dándoles pequeños mordiscos lo cual me hacia ponerme fuera de mi y más cachonda aún, estaba como loca y no quería correrme así que te dije que pararas.

Me puse de rodillas en el suelo de la ducha con el cuerpo doblado hacia adelante rozando con mis pechos en el suelo y dejando mi culo al descubierto a tu merced, tú te pusiste de pie encima de mí y flexionaste las piernas hasta que su punta rozaba la entrada de mi culo, una y otra vez hasta que me metiste la punta grande, gorda y sonrosada, pero solo la punta hasta que sin avisar me metiste de un empujón toda la polla dentro de mi, notando como me desgarrabas por dentro.

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Comenzaste a flexionar tus piernas con más velocidad y agarrándome de las caderas empujabas con más fuerza notando entrar tu polla dentro de mí, yo te gritaba que no pararas por nada del mundo y tú me gritabas “eres una buena puta”. Comenzaste a darme cachetes en el culo a la vez que empujabas con todo el cuerpo, yo estaba como loca y te pedía que me follaras mas, sin poder evitarlo por todo lo que me decías y por tu dura polla entrando dentro de mi me corrí, soltando unos largos gemidos de placer.

Me puse de rodillas dándome la vuelta y comencé a chúpartela, me la metías entera hasta la garganta y todavía te sobraba un poco por entrar de lo larga que era, a la vez también te acariciaba los huevos y apretándotelos soltabas unos gemidos de placer, yo te masturbaba con una mano cuando sacaba la polla y con la otra mano la ponía delante de mi boca para al meterla de nuevo apretarla con fuerza, me gritabas que querías correrte dentro de mi boca y por mi cara, yo te decía que lo estaba deseando, que me lo dieras todo, me la metías en la boca con más fuerza y velocidad sin dejar de apretarte los huevos y cuándo no pudiste más me agarraste de la cabeza y te corrió dentro haciendo que me tragara todo tu semen caliente.

Al sacártela seguí masturbándote con mucha fuerza para que me dieras hasta la última gota sin dejarte nada dentro y te corrieras en mi cara y pechos. Luego yo me pasé tu polla por mis labios, cara y cuello como si de una brocha de maquillaje se tratara y una vez terminado nos duchamos en la ducha del placer, acariciándonos y masturbándonos mutuamente para tener algún orgasmo más.

A veces la realidad, supera a la ficción. Os aseguro que en este caso fue así, cuando sucedió fue mucho mejor que cuando me lo contó.