Romper la rutina

Sí, para qué negarlo. Sabíamos para qué habíamos quedado. Ya no teníamos las dudas del primer día. Quedar para esto era ya lo habitual. Por eso decidí hacer algo que rompiera la rutina.

Quedamos en que fuera él quien viniese a mi piso, en el que yo estaría sola, esa noche a la hora habitual. Poco antes de que llegara, le envié un mensaje diciéndole que le había dejado la llave bajo el felpudo de la puerta, que no llamase al timbre. A las once menos un minuto ya lo tenía todo preparado, él no tenía ni idea de nada. A las once justas, oí la llave girando en la cerradura y contuve la respiración.

-¿Hola?- Escuché su voz en el hall- Clara, ¿dónde estás?

-Estoy en el salón. Ven a buscarme.

Escuché cómo intentaba encender las luces del pasillo, sin éxito, porque yo las había desconectado. Hice grandes esfuerzos para no reírme. Avanzó a tientas hasta la única habitación, donde brillaba la única luz de la casa. Entonces, entró en el salón. La cara que puso, no la olvidaré nunca. Había quitado la mayoría de muebles, y llenado la estancia de velas que ahora iluminaban la estancia. El sillón más cómodo del piso estaba en el centro del salón, junto a una mesita baja. Sobre ella, una botella de champán y una copa.

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Y luego estaba yo. Sentada en una silla, vestida de falda negra, camisa blanca y chaleco negro con zapatos de tacón pero sin medias. Mi cabello, largo y liso, recogido en una trenza y escondido bajo un sombrero negro. Sentada, le miré cómo me observaba, con las mejillas encendidas, sin saber qué decir.

-Siéntante- Le pedí, y él me obedeció. Mi portátil comenzó a reproducir la canción que tenía preparada.

Comencé a desnudarme, lentamente, al ritmo de la música. Primero me quité el chaleco, luego, el sombrero y solté también mi cabello, con un sensual movimiento de cabeza. Mi cuerpo se movía al ritmo de la música sin mucho esfuerzo. Muy despacio, me deshice de la falda, mientras movía las caderas en círculos. La recogí y se la lancé a mi espectador. Me desabroché los botones de la camisa y quedó al descubierto mi ropa interior, color rojo oscuro y de encaje.stock-vector-striptease-in-the-night-club-75200719

Aún con la camisa puesta, seguí moviéndome con la canción y me acerqué a él, que me miraba sin pestañear. Bailé para él a escasos milímetros de su piel, y me di cuenta que de que no estaba en absoluto indiferente.

Le sonreí y él intentó acercarse para tocarme, pero se lo impedí. La música siguió sonando. Seguí bailando con las manos rozando las caderas y mis pechos. Yo estaba tan excitada como él. Me arranqué con violencia la camisa. Me di la vuelta para quedar de espaldas a él y me desabroché el sujetador, que también le lancé. Esperé unos segundos, antes de darme la vuelta.

Él ya no podía seguir conteniéndose y yo, aunque me había prometido llegar hasta el final, tampoco. Así que no puse resistencia cuando se abalanzó sobre mí para quitarme las bragas y los tacones. Nos besamos salvajemente, con la música sonando todavía de fondo. Fue allí mismo, en el salón, en el suelo, no no molestamos ni en ir a la cama. Al menos, pensé mientras él estaba a punto de tomarme, hemos roto con la rutina.