Castilla vs Canarias: diferencias lascivas

Hace unos días estuve en Canarias. Junto con otros amigos partimos a una tierra nueva, de la cual oímos maravillas por parte de otro amigo oriundo de las islas, que en el aeropuerto nos esperaba. Nosotros, más castellanos que ninguno y pucelanos hasta la médula, provincianos si me permiten, bien sabemos lo difícil que es ligar en tan noble ciudad.

Las mujeres son troncos, fríos como el clima, por los que pocas hachas han conseguido pasar. Generalmente, la mujer glacial vallisoletana se ancla en una discoteca, vestida como para una boda, mueve levemente la cabeza y espera hordas de pretendientes a los que dar un ‘no’. Hay leyendas sobre hombres que ligaron en discotecas, pero el ciudadano medio sabe que son bulos.

Esto es lo más parecido a una discoteca de Canarias en Valladolid, Maraca, de ritmos latinos. (Fuente: Estacerca.com).

Esto es lo más parecido a una discoteca de Canarias en Valladolid, Maraca, de ritmos latinos. (Fuente: Estacerca.com).

Puede ser que las vallisoletanas alimenten su ego a base de rechazos o puede, muy seguramente, que los castellanos en general no sepamos ligar un colín. Ahí va una muestra de como un mozo flirtrea en tierras adustas:

– Hola. ¿Puedo presentarte a mis amigos?

+ Sí

***Presentaciones y besos en la mejilla***

– ¿Quieres con alguno de ellos?

+ No

– ¿Y conmigo?

+ Menos

Valencianos, andaluces, gallegos y demás pobladores de la periferia quedarían decepcionados por la magna severidad de una guapa pucelana, pero nosotros ya estamos más que acostumbrados. Puestos en cacería a veces hasta repetimos la presa elegida, que contesta con un: “Tú ya has venido antes”. Insistes, bebes, te vas a casa, afirmas una semana más que la ducha de ‘por si acaso’ no ha servido de nada y piensas en el siguiente jueves/sábado, cuando tú, Robert Mitchum, te tatuarás ‘Hate and Love’ y saldrás a cazar, volverás con el rabo entre las piernas y querrás ir a Salamanca, donde las leyendas dicen que son facilonas.

Gran Canaria es muy bonita. Tienen esas playas de arena negra, rubia o de piedra, con las montañas rapadas al fondo, tienen a sus simpáticos pobladores que se toman libertades tales como tocarte cuando van a preguntar algo o hablar por los codos sin aún saber tu nombre. Pero son las pobladoras del lugar las que a un vallisoletano con poco bagaje en esto del avión y la maleta le importan.

Fiesta en barco que organiza MTV Gran Canaria. (Fuente: Mtvboatpartygrancanaria.com).

Fiesta en barco que organiza MTV Gran Canaria. (Fuente: Mtvboatpartygrancanaria.com).

Dicen, muy sabiamente, que las mujeres más reales son las cubanas. Y Cuba y las Canarias son territorios hermanos, que comparten tradición por los puros, por el estilo arquitectónico y la forma de vida desenfadada y nacionalista (sí, los canarios aunque crean que no, son más nacionalistas que la estelada), pero sobre todo, comparten grandes similitudes en el género femenino. Las mujeres en Gran Canaria son reales. Y aquí un apunte muy importante: real y fácil no es lo mismo.

Ya el primer día, apenas 15 horas después de poner un pie sobre el archipiélago, viajamos al sur de la isla, a San Bartolomé de Tirajana, en donde la fiesta se huele por cada rincón. El templo ecuménico se alza imponente a unas decenas de metros de un pozo repleto de discotecas, guiris, timadores, canis y mujeres de bandera. Entramos a una discoteca de precios razonables con dos copas incluidas, algo que ya te cambia el semblante. En los primeros pasos, te topas al aire libre con una bailarina de barra americana que encandila a la chavalada que había salido a fumar un cigarrillo y a los seguratas allí presentes. Una vez dentro, el paraíso se abría ante nuestros ojos, los ojos de unos pucelanos que solo conocíamos el ‘no’ y el ‘solo me queda Negrita’. Grupos de mujeres bailaban como descosidas en las plataformas. Mujeres que quizá tuvieran 17-18 años, pero que parecían diosas salidas del mismo Edén.

La Pachá, donde puedes encontrar fauna de más edad, pero merece la pena. (Fuente: eugenyivanov.ru).

La Pachá, donde puedes encontrar fauna de más edad, pero merece la pena. (Fuente: eugenyivanov.ru).

Provocativas y sensuales, cómodas como para bailar toda la noche, esas valquirias seducían a cualquier pánfilo de la sala. La mayor parte de la fauna masculina llevaba peinados degradados, alguno que otro portaba gorra y todos podían dar el pego como tronistas de ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’. Como en Cuba, en ese recinto de sudor, baile y lujuria desmedida estaba una muestra de ‘mujeres reales’, sin complejos, que van a divertirse, a bailar y a darse el gustazo con un maromo holandés en su apartahotel al final de la noche. Impensable para una mujer nacida en poblados de lomas y campiñas.

A ritmo de reggaeton, una preciosidad canariona, de altura considerable, piernas infartantes, curvas de vértigo, tez canela como el ron Arehucas y pechos generosos ‘perreaba’ con una amiga. Al paso de un muchacho larguirucho, de camisa atildada y pintas de enfermizo, esta pantera no dudó en asirle de la camisa, atraerle hasta su cuerpo de diosa y bailarle como solo Jessica Alba en ‘Sin City’ o ‘Liza Minelli’ en Cabaret sabrían hacer. No hubo beso, solo contacto, algo que a un pucelano, con semejante monumento, le sobraría.

Tras un par de días más de fiesta en el sur, viendo como chulos de playa y reggaetoneras de pico fino y amplia cata batían sus alas, volvimos al ‘norte’, a Las Palmas, en donde la cosa no cambió demasiado. Disfrutamos como enanos juntándonos con aquellas creaciones divinas en cuerpo y alma, pegándonos como lapas, sin importar que el reggaeton enmascarase nuestro sentido de crítica musical. Todo daba igual, porque mientras hubiera playa, buen tiempo y chicas bonitas, Valladolid quedaba relegado al olvido, hasta que apenas una hora después de piropear a un bellezón con el que yo bailaba, el avión ya estaba despegando hacia una fiesta bien diferente, donde los atavismos femeninos serán eternos y los hombres seguirán yéndose a casa con un palmo de narices.