El sexo de los dictadores (II)

“Aquellos que no conocen la Historia están condenados a repetirla” es una frase que alerta sobre los riesgos de olvidar el pasado, por mucho que mole el carpe diem y el placer de disfrutar del presente. Por ese motivo, esta es la segunda entrega del serial sobre los grandes dictadores y criminales del pasado siglo XX, en el que se presenta su legado sexual y sus principales características dentro de este aspecto, uno de los que se ha estudiado en busca de conocer el por qué de ciertas actuaciones de estos personajes históricos.

En China, Mao Tse-Tung protagonizó una dictadura bajo el disfraz del comunismo, si bien era el querido líder quien manejaba los inmensos cotarros del gigante asiático. El venerado dirigente oriental estaba obsesionado con la inmortalidad, por ser la eterna referencia para su pueblo, de modo que, según cuenta su médico en La vida secreta del presidente Mao, memorias del médico personal Li Zhisui, su estrategia fue seguir la leyenda del Emperador Amarillo, supuesto padre de todos los chinos, cuyo mito afirma que logró ser eterno tras acostarse con mil jóvenes vírgenes.

Mao sufrió problemas de impotencia. (Imagen: kienkye.net).

Esta postura la perfeccionó Mao con aspectos del tao, que afirma que “el hombre que quiere alargar su vida necesita aumentar la parte del yang que se encuentra más debilitada (la esencia masculina) por medio del yin shui (el agua del yin o las secreciones vaginales) de mujeres jóvenes”.

Otra de las obsesiones del venerado líder chino era la potencia sexual, pues el sexo era una de las claves de su vida. Según su doctor, el dictador tenía principios de impotencia, lo cual no era motivo para que no se acostase con varias mujeres a la vez, una de sus prácticas preferidas. Tras emplear todo tipo de afrodisiacos, consiguió mantener el tipo durante varios años, y no le faltaron chicas deseosas de sumarse a su harén, pues para las jóvenes campesinas era un orgullo y el más elevado de los placeres contribuir a la perennidad del mismísimo Mao Tse-Tung.

Stalin, magnánimo y todopoderoso en Rusia. (Imagen: Sopitas.com).

Stalin, uno de los amigos y compañeros de ideología del dictador chino, cuenta con un historial del sexo algo menos conocido que el de Mao. Es sabido que el Hombre de acero tuvo amantes aparte de sus dos esposas “oficiales”, y que con ellas se propasó en distintas ocasiones, llegando al repudiable punto de la violencia física con ellas. El apodo de Iósif Vissariónovich no era en vano, ya que ni en sus relaciones íntimas llegó a mostrar calidez, a pesar de que tuvo varios hijos y nietos. El cariño no estaba entre las virtudes de este dirigente soviético.

Por otro lado, recientemente han aparecido pinturas y garabatos de índole sexual firmados por este dictador, con una temática que invitan a pensar en otras aficiones de este hombre. Estas imágenes muestran grabados de desnudos masculinos con algunas posiciones sexuales, abriendo así otro capítulo dentro del morbo macabro que acompaña a este tipo de individuos.

Nicolae Ceaucescu, por su parte, sometió a la población rumana entre 1967 y 1989 con normas y leyes tan estrictas como las siguientes: obligaba a las mujeres de Rumanía, mediante la Ley de Continuidad Nacional, a engendrar al menos cuatro hijos, todo por un supuesto “deber patriótico”. La mezcla de familias muy numerosas y la pobreza galopante que castigó a este país durante esta dictadura hacía difícilmente compatible que estas familias lograran sobrevivir. “El feto es propiedad de toda la sociedad. Cualquiera que evite tener hijos es un desertor”, afirmaban unas leyes inhumanas.

Fiel admirador del Príncipe Vlad -históricamente conocido como Conde Drácula, Ceaucescu y su esposa, tan cruel como su marido o más, sometieron a su patria a una hambruna nunca vista desde la I Guerra Mundial. Analfabeta como ella sola, Elena -así se llamaba la esposa de Nicolae- llegó a inocular el virus del SIDA a niños, buscando una solución que jamás llegaba, provocando un destino negro a los desafortunados infantes.