De los castigos corporales al sadomasoquismo

En el Sexo Mandamiento ya hemos hablado en varias ocasiones de las prácticas del sadomasoquismo y las hemos analizado desde la perspectiva de otra práctica sexual más que se puede realizar en la cama. No obstante, si se ha popularizado y ahora el sado está en boca de todo el mundo es gracias al protagonismo que ha tenido en algunas publicaciones -y largometrajes- recientes como 50 Sombras de Grey.

Sin ánimo de querer parecer reiterativos en el género, hemos querido buscar otro motivo que nos explique por qué se busca el placer a través del dolor. Como hemos mencionado, una corriente de esta práctica puede estar potenciada por el deseo de llevar a cabo lo que se lee en un libro o se ve en una película, que vendría a cubrir la necesidad de satisfacer la curiosidad del ser humano (máxima que defendemos desde El Sexo Mandamiento).

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Pero cada persona es un mundo y tendrá sus propias razones para dar rienda suelta a las prácticas sexuales que mejor le satisfagan aunque eso signifique estimular las áreas del cerebro que controlan el dolor. ¿Acaso el área cerebral del dolor está conectado con el del placer?

Como la química cerebral tampoco es nuestro punto fuerte, nos hemos hecho eco de un estudio sociológico de la Universidad de New Hamspire relacionado con el sadomasoquismo. Esta universidad americana, y más concretamente su Laboratorio de Investigaciones Familiares, ha elaborado un trabajo que demuestra una relación existente entre el sadomasoquismo y los castigos corporales recibidos durante la infancia.

Según las respuestas de los encuestados y las conclusiones de este estudio, las prácticas sadomasoquistas durante la vida adulta podrían estar motivadas en algunos casos por haber recibido castigos físicos de forma reiterada durante la infancia o previas a la pubertad. Una vez más las figuras paternas pueden estar condicionando nuestra forma de vida al alcanzar la edad adulta.

No hay por qué dudar de la veracidad de este estudio cuando las universidades americanas poseen esa larga tradición en lo que a estudios sexuales se refiere. Aun así, hay que coger estos estudios basados en encuestas con pinzas ya que al hablar sobre el sexo de uno mismo el ser humano suele pecar de falsa apariencia.

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Otro de las conclusiones a las que llega el estudio de los chicos de New Hamspire es la relación entre los castigos corporales pre-adolescentes y el “sexo peligroso“, entendiendo como tal al sexo con riesgo de contraer enfermedades venéreas o embarazos no deseados por no utilizar un profiláctico.

Como ya hemos mencionado, cada cual tendrá sus propios motivos para querer realizar unas prácticas sexuales u otras. No obstante, no suena disparatado que un castigo corporal constante recibido durante la juventud pueda propiciar ejercerlo durante la vida adulta. El ‘todo se pega’ en este caso sería sancionable si se utilizase este castigo corporal como forma para ejercer el maltrato físico sobre otro.

Sin embargo, como meta para alcanzar el placer tampoco nos parece un problema peligroso (como parece apuntar el estudio de la Universidad de New Hamspire) si se tiene cabeza para practicarlo sin riesgos. Se suele decir que la violencia solo genera más violencia, ¿puede ocurrir lo mismo vinculado al sexo?