Lluvia y placer

Autora: @brokenwings013.

Una tarde lluviosa en la que no dejo de imaginar a esa mujer de ojos verdes que me tiene seducida desde la primera cita en París. Quiero recrearme en ella, en cada centímetro de su ser. Imagino nuestro siguiente encuentro… Te miro, me miras, nos sonrojamos y nos damos dos inocentes y nada despreciables besos en las mejillas. Tan cerca de la comisura de los labios que nos da tiempo a sentir el calor que nuestras bocas desprenden.

Un sutil toque en el hueso de la cintura al aproximarnos. El tanteo de dos volcanes que no tardarán en medir sus fuegos. Paseo por Nantes, roces de piel más que intencionados, sonrisas, sonrojos, piropos y frases con dobles intenciones… Calor y pasión acompañadas de copas de vino francés. ¿Vamos a tu casa? No, mejor a mi hotel. He reservado una cama de 1’50 que está deseando que le demostremos cuanto aguantan nuestras ansias de sexo salvaje. Me muero por besarte, pero no encuentro el momento. Me chifla tu flequillo y la manera en la que juegas con él. Tienes unos dedos que me hacen intuir lo que me espera.

Subimos solas en el ascensor a la habitación del último piso, no aguanto más. Te miro, me acerco y te beso. ¡Dios qué labios tan suaves! Un beso suave pero apasionado. Me separo, te miro, me miras y me sonríes…Ya no hay marcha atrás. Despertaste a la fiera. Vuelvo a besarte, pero ahora lo hago de manera salvaje. Nuestras lenguas no paran de jugar. Parece que se conocen de toda la vida… Te muerdo los labios, me agarras fuerte el pelo ¡Eso me pone a mil!

Entre miles de besos, llegamos a la habitación. Abro la puerta mientras te tengo en mi espalda. Metes las manos dentro de mi camiseta, el frío de ellas contrasta con el calor de mi piel. Entramos. Me zafo de tu nudo como puedo. Siendo yo la que ahora llena tu espalda de mordiscos, de besos y de caricias con mi lengua. No se ni cómo te he quitado la camiseta… Pero ahí estas, con un sujetador negro que no tardará mucho en besar el suelo. Te cojo en volandas y te tumbo en la cama. Jadeas cuando sientes que mi boca y mi lengua hacen un camino húmedo y ardiente que va hacia tu pantalón. Arqueas la espalda y cuando desabrocho el botón me correspondes con otro tirón de rizos.

Es la guerra… Decido vendarte los ojos con mi camiseta. No quiero que veas mis movimientos. Vuelvo a besarte ¡Me pone tan caliente tu lengua! Sigo con tu pantalón, ¡Fuera! ¡Madre mía! Qué culo tienes con ese tanga, qué piernas y qué calor desprende tu sexo… Quiero jugar.

Imagen: flickr.com/abel_mm/

Fuente: flickr.com/abel_mm/

Me meto un hielo en la boca. Enfría mi lengua. Te retiro el tanga como si fuera una obra de arte lo que estoy a punto de descubrir. Lo es: perfecto, depilado, suave, caliente y húmedo. Empiezo a besarlo y hábilmente saco el hielo de mi boca para empezar a rozarlo por tu vientre y tus pezones.
Arqueas tu espalda. Estás tan excitada que tu respiración se entrecorta.

Vuelvo a chupar el hielo y me tiro a comerte: mi lengua fría y tu sexo caliente. Tu clítoris en ebullición. Lamo y muerdo suavemente mientras recorro con mi lengua cada rincón, el hielo deshecho se escurre por tus pezones. Lamo cada vez más fuerte, meto un dedo, dos, no paro de lamer. Agarro fuerte el hueso de tu cadera con mi mano libre, acelero la lengua y los movimientos de mis dedos. No puedes parar de moverte, de tener espasmos.

De repente, vuelves a agarrar mi pelo con fuerza. Aprietas mi cabeza contra tí y me pides que siga, me gritas en francés… Sabes que me pone cachondísima.
Sigo lamiendo, muerdo la base de tu clítoris al tiempo que embisto con fuerza mis dedos. Te corres, gritas y te retuerces. Me llenas la boca de tu placer, está dulce, salado, caliente y lo saboreo todo. Es mío. Parece que es el principio de una gran noche.

Imagen de portada: flickr.com/sexundermyhead.