Bea

Autor: @skyper08A.

– ¿Sabes cómo se prepara el conejo a la gallega?

– A ver con qué me sales ahora.

–Pues parecido al pulpo a la gallega. Le das al conejo tres buenas escaldadas, que quede hirviendo y chorreando,  y después le das el susto cuando le dices que el preservativo ha salido roto. ¡Ay! Tengo tanto por enseñarte, pequeña zorrita.

El chiste no es que no le gustase, que de malo lo es, la cuestión es que, inmediatamente, Bea, me destapó, agarró fuerte mis testículos y muy seriamente me dijo: “para llegar a llamarme zorrita, un tío se lo tiene que currar mucho”.

Nos habíamos conocido en un master de cocina erótica, en el que las clases se imparten en hoteles de distintas ciudades. Bea es de esas mujeres capaz de conseguir que un hombre quede cautivado más por su personalidad que por su físico. No porque no sea atrayente, que va. Es de esas mujeres que atrapa miradas desde lejos, pero su talante impasible, de mujer segura, borde pero con un sentido del humor y una sonrisa encantadora, embauca a cualquiera.

Disciplinada en su trabajo y en las cosas que le importan. Y obediente, o al menos eso me dicho esta mañana cuando, Ramón –el chef que nos imparte hoy la clase- nos ha propuesto hacer una cata de tapas de creación propia; de forma que primero uno de los cocineros hacíamos de pinche para uno y después al contrario. El carácter competitivo de Bea y el mío de guindilla emocional es explosivo. Nos hemos apostado que el que perdiese en la cata, sería sumiso con el otro. Sin poner objeción alguna.

Los cocineros que asistimos al master tenemos habitación en el mismo hotel. Pico en la puerta de Bea. Antes de acabar de abrir, ya está pronunciándose: “¿Vienes a cobrarte tu premio?” Con un dedo sobre sus labios, le hago saber que no quiero que hable. Entro, paso hasta la cama, cojo la almohada y la dejo caer sobre mis pies. Bea comprende enseguida qué deseo…

Me despierto. Oigo correr el agua de la ducha. Giro la vista a la izquierda. La puerta del baño está abierta. La escasa luz que ilumina la parte del lavamanos deja en penumbra la bañera. La silueta de Bea aparece y desaparece tras una cortina a medio correr. Me siento sobre la cama, pongo en la tele un canal de radio con algo de música. Suena el How Soon Is Now? de los Smiths. Me enciendo un cigarro. Doy caladas intensas y echo el humo, rápido y hacia abajo. A mis ojos les da tiempo de verlo ascender sinuosamente, mezclándose en mi mirada con el vaho del agua caliente y enturbiando el contorno de las curvas de esa criatura fascinante.

– ¿Me puedes acercar champú? Aquí solo hay gel de baño. ¡Ah!, y la toalla.

Me ha jodido la escena. Era tan perturbadora.

Le acerco el champú. Dejo la toalla sobre el bidet. Me seduce ver sus mechones de pelo cayendo sobre los labios, de ellos pequeños chorros de agua que vierten lentamente sobre los pechos, y de ahí hacia los pezones que dejan caer un goteo lento pero incesante. No puedo resistirme a poner mi lengua sobre uno de ellos.

– ¿Te apetece lavarme el pelo?

Entro en la bañera. Sin dejar de mirarnos, comienzo a lavárselo. Nos besamos, suavemente. Varias veces. Besos cortos. Para coger el mango de la ducha, pego mi cuerpo contra el suyo. Aclaro su cabello. Vuelvo a poner mi lengua sobre un pezón, comienzo a llevar el mango y su chorro en dirección a su entrepierna. Una de mis manos la paso por detrás de su culo, primero le obligo a abrirse de piernas y después, comienzo a masturbarla. La beso.

Pongo la ducha en su mano, ella sabrá mejor dónde hay que apuntarla. Meto un dedito. Mis labios vuelven a sus pezones. Uno, luego el otro, luego otro dedo dentro. Me pide que la bese. Sé que mis manos no están solo empapadas por el agua de la ducha. Noto como tensa los muslos. Me giro para ponerme a su espalda. Apoya su cabeza contra mi hombro. Nos besamos. Mis dedos pueden moverse dentro suyo mejor. Sus gemidos descargan directamente sobre mi oído. Agarro fuerte sus pechos con la otra mano. Estoy muy excitado. Froto mi pene contra su culito. Supongo que le excitará sentirlo. Sé que no va a tardar en correrse. Atrapa mis labios entre los suyos.

Mis dedos aceleran el ritmo. Sus piernas tiemblan, aprieto mi pelvis contra su culo. Siento descargar su orgasmo en mis dedos. Sus jadeos descienden de tono, suavemente, uno tras otro. Le quito el mango de la ducha. Lo coloco en su soporte. Sin decirle nada, giro a Bea hacia la pared. El agua cae sobre su cabeza. Me coloco detrás de ella.  La cojo de la cintura y hago que se incline. Fricciono mi pene sobre su coñito, varias veces. Pero me dispongo a entrar por otra parte. El chorro de agua vierte sobre su nuca.

La ducha, escenario de placer. | Fuente: Wikipedia.

Agarro fuerte su cadera. Intento penetrar suavemente. Sus dedos se convierten en zarpas que arañan y se agarran a la cenefa de las baldosas. Necesito hacer un poco más de fuerza. Bea se encoge. Siento como entra. Despacio. El agua cae sobre su nuca, desciende por la espalda, su culo, y algunas gotas sobre mi polla. Continúo entrando poco a poco, lentamente. Siento cómo se dilata. Estoy muy excitado.

Entro y salgo, con cadencia. Mis manos se aferran  sus pechos. A Bea se les escapan unos pequeños quejidos. Ya está toda dentro. Golpe a golpe de cadera subo el ritmo. Cada vez estoy más duro. Noto palpitar mi sexo dentro de su culo. Incorporo a Bea. Me pego por completo a ella. El chorro de agua cae disperso sobre nuestras cabezas. Acelero. Más fuerte. Cruelmente. Ella debe sentir esa mezcla de dolor y placer y yo como la poseo y la siento por completo mía.

Embisto hasta el fondo, sin parar. Le muerdo un hombro. Estoy a punto de estallar. Penetro con rabia. Me vuelvo loco. Sus quejidos se tornan en gemidos. Me clavo en ella una y otra vez, sin piedad, hasta que me derramo por completo dentro de Bea. El agua continúa cayendo sobre nuestras cabezas, los  jadeos y el más débil de nuestros alientos.

–Como pinche no lo haces nada mal, mi pequeña…zorrita.

Bea se gira hacia mí, con pinta de estar furiosa. Me agarra del pelo. Acerca su boca hasta la mía, parándose antes de besarme. Me respira. Tira más fuerte del pelo. Su mirada está encolerizada. Me besa…

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