Sexo, dinero y esclavitud: la dominatrix financiera

¿Quieres ganar dinero siendo tu propia jefa? No, no soy Chenoa y no te presento un anuncio de Avon, sino un trabajo mucho mejor pagado y con clientes que, en realidad, serán tus trabajadores, o más bien tus esclavos. Ahora puedes manejar billetes multicolores sin moverte de casa, sin horarios y con hombres que te idolatren hasta el punto de ser su único vínculo con el mundo extralaboral.

Esta práctica sexual es habitual en el marco de las relaciones BDSM, la dominación llevada al punto del sadomasoquismo, pero en este caso, con remuneración por una de las partes. Las denominadas ‘dominatrix financieras’ ganan dinero a costa de hombres, en gran número hombres con poder y liderazgo, que se entregan irracionalmente a la autoridad que ejercen estas mujeres con bastón de mando en su lado sexual más perverso.

Las dominatrices llegan a ser una especie de diosas, cuyo poder es tal que no importa si extraen billetes de color amarillo o morado de las carteras de sus bienhechores. Son libres de cogerle dinero a su esclavo, porque él, en un sentido muy romántico, está supeditado a las directrices de ese ser superior que se sustantiva en la medrada fémina.

El cuero es un material fetiche para los hombres sumisos. | Fuente: pixabay.

El cuero es un material fetiche para los hombres sumisos. | Fuente: pixabay.

El cliente busca ser maltratado, sabedor de que está cayendo en las redes de una ‘estafa consensuada’ que se aprovecha de los recovecos más oscuros de la mente humana. Dejar todo en manos de una desconocida, la mayoría de veces sin tener contacto físico. La dominación financiera puede concebirse digitalmente a través de cámaras web, en donde se hacen espectáculos a cambio de total sumisión, tanto física como de billetera; y de forma real, contacto cuerpo a cuerpo o, mejor dicho, látigo-cuerpo.

Según la dominatrix financiera MixTrix (@MixtrixFix), dentro de su prolijo apartado de experiencias, relata a Vice.com como el esclavo al que un día conoció en Internet, ahora vive con ella después de separarse en dos ocasiones por su obsesión con el BDSM y en concreto con MixTrix, su dominatrix fetiche, a la que prácticamente rinde culto y ofrece todas sus ganancias. Al terminar su luna de miel, tuvo que localizar un ordenador y gastar 700 euros frente a la pantalla porque se sentía sucio al haberse casado con una mujer convencional que no practicaría juegos de dominación y vejación.

Los hombres, como se puede observar, buscan en el género opuesto la sucesión de control que en su vida les oprime. La mayoría buscan dejar de esclavizar para ser esclavizados. Mientras tanto, los perfectos estafadores, como – salvando las distancias -, Gad Elmaleh y Audrey Tatou en ‘Un engaño perfecto’ (2006), disfrutan de una vida a todo trapo, de fiestas y lujos variados a costa de las filias de unos pocos insatisfechos que encuentran en las dominatrix financieras su única vía de escape sexual.

Fuente de la imagen de portada: Wikimedia Commons