La obligación de derramar sangre

La palabra, aunque no resulta contractual, tiene un gran valor para las personas; por ello, la decepción embarga a quien se siente engañado por las afirmaciones o incluso promesas de otro. También es cierto que si se acude al vasto refranero español, uno se dará cuenta de que a las palabras se las lleva el viento, así que quizá por este motivo muchas culturas se sienten en la necesidad de demostrar mediante hechos la virginidad de las mujeres en el momento de su casamiento.

En Afganistán, por ejemplo, una doctora examina el himen de la futura esposa si sus familiares o parejas sospechan que haya perdido la ‘pureza’ antes del matrimonio. En este caso, se considera que la mujer ha mantenido relaciones sexuales previamente si el himen aparece roto en la zona correspondiente a la siete y las nueve de las agujas del reloj. Y esto resulta suficiente para determinar la pérdida de la virginidad e imponer penas de cárcel de hasta 15 años, castigo otorgado al mantenimiento de relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Desde luego, este no es un caso aislado, la obligación de la mujer de llegar virgen hasta su noche de bodas es una característica perteneciente a muchas culturas árabes y asiáticas. El hecho de no ser ‘pura’ ante los ojos de su futuro esposo no solo recibe castigos legales, sino que además condena a la mujer al rechazo por parte de sus familiares y de su sociedad en conjunto.

En muchas culturas, las mujeres deben llegar vírgenes al matrimonio. | Fuente: Wikipedia.org.

Pero estas costumbres no son cosa de más allá de los Urales. Una de las comunidades más conocidas en occidente por su costumbre de comprobar la virginidad de la mujer el día del enlace es la gitana, con su famosa prueba del pañuelo. Aunque las bodas gitanas también resultan llamativas por su duración, esta verificación es el elemento central de toda la ceremonia y supone la honra o la deshonra de toda la familia de la novia.

La llamada ‘juntaora‘ es la responsable de realizar la prueba a la chica que va a contraer nupcias, muchas veces en casa del marido y siempre en presencia de algunas mujeres que actúan como testigos del resultado, generalmente invitadas de la ceremonia. Una vez se introduce a la mujer en una habitación donde solo está acompañada por otras féminas, se comienza el rito.

Tres rosas que valen un matrimonio

Para realizar la prueba se introduce un pañuelo por la vagina de la novia. En esta tela se hacen previamente tres nudos, las llamadas tres rosas, que deben salir manchadas de sangre por la ruptura del himen en ese instante, en caso de que se haya mantenido la virginidad. Si el pañuelo sale limpio, se considera que la chica ha mantenido relaciones sexuales anteriormente y no puede casarse, quedando relegada a la espera de que algún hombre quiera juntarse a ella.

Desde luego, no se utiliza una tela cualquiera, el pañuelo reservado para comprobar la pureza mide más o menos medio metro, es blanco y tiene rosas bordadas y lazos. Aunque de nada sirven todos estos adornos si la mujer no sangra en ese momento. Eso sí, en caso de que todo haya salido como la ley gitana indica, el final de la prueba da comienzo a las ‘alboreás’, cantos que acompañan a esta tradición.

El momento de la prueba del pañuelo es el más importante de las bodas gitanas. | Fuente: bodasgitanassevilla.blogspot.com.

Debido a los fuertes castigos y al rechazo a los que se exponen las mujeres que hayan practicado sexo antes del matrimonio en estas culturas, la industria que se encarga de las reconstrucciones de himen recibe a muchas de estas futuras novias en busca de una oportunidad de casarse sin represalias.

Porque, aunque la palabra tiene un valor y su falta decepciona, en muchas sociedades aún sigue siendo obligatorio demostrar mediante pruebas que no se ha hecho uso de la libertad sexual que debería ser inherente a cada ser humano, independientemente de su sexo. Eso sí, por otro lado se encuentra el respeto que toda cultura, con sus características, merece.

Imagen de portada: Youtube.com.