El dolor del placer

Las relaciones sexuales suelen practicarse siempre con el objeto de la consecución de placer y la satisfacción del deseo. El clímax de esa sensación placentera es el orgasmo, más sencillo de reconocer en el caso masculino, ya que suele ir ligado a la eyaculación y, en ocasiones, más difícil de distinguir en la mujer. En muchas ocasiones se asocia la ausencia de orgasmo con una práctica sexual incompleta o que no ha llegado a buen término, aunque el camino que capacite la llegada a ese fin haya reportado placer.

No hay dos orgasmos iguales. Pueden ser más o menos intensos, de mayor o menor duración, clitorianos y mediante penetración en el caso de la mujer, e incluso por las orejas, tal y como se ha comentado ya en alguna ocasión. Pero hay un tipo de clímax del que no se suele hablar, y ese es el orgasmo doloroso. Esta circunstancia está mayormente asociada a la culminación femenina y recibe el nombre médico de disorgasmia.

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Padecer disorgasmia conlleva sentir dolor al experimentar un orgasmo. | Fuente: Pixabay.com.

Esta condición se presenta repentinamente, es decir, se trata de mujeres que previamente han podido experimentar orgasmos placenteros y, sin embargo, llega un día en el que el momento más anhelado de la relación sexual se ha convertido en una experiencia dolorosa. Las afectadas describen esta sensación como un intenso calambre producido en la parte baja del abdomen inmediatamente después del clímax, y que puede perdurar en el tiempo durante varios minutos e incluso horas. El placer sexual queda bastante limitado.

Causas desconocidas

Este malestar suele repetirse durante varios orgasmos una vez se ha iniciado, pero con el paso del tiempo el dolor va siendo menor, hasta que un día, tal y como ha llegado, se va. La escasez de estudios médicos y ginecológicos al respecto tampoco ayuda, aunque investigaciones recientes apuntan que algunas de las posibles causas de la disorgasmina podrían ser la píldora anticonceptiva, los medicamentos antidepresivos o las drogas psicoactivas. Pero, de momento, estas conjeturas son aún un papel mojado que aparece en muy pocos libros de medicina.

Otras fuentes, como la doctora Adriana Domínguez de Marie Stopes, afirman que estos calambres pueden deberse a dos causas diferentes. En primer lugar, a las contracciones uterinas asociadas a la menstruación y, por otro lado, la existencia de quistes en los ovarios, circunstancia en la que las molestias serán aún más agudas. «El dolor no se produce siempre y no necesariamente hay coito, solo es al llegar al orgasmo. Duele intensamente al grado en que inhibe el placer de ese orgasmo», explica la especialista.

Lo más recomendable si se percibe este síntoma al mantener relaciones sexuales es acudir a un especialista, en esta caso el ginecólogo. Aunque a priori no hay tratamientos específicos para la disorgasmia y las recomendaciones se limitan a la ingesta de fármacos como el paracetamol o el ibuprofeno para paliar el dolor. Por su puesto, el diálogo con la pareja es también un punto importante en cualquier molestia al mantener relaciones sexuales para evitar malentendidos y abrir una vía de entendimiento, comprensión y ayuda.

En el caso de los hombres esta afección es menos común y se limita a algunos varones que han sido sometidos a cirugías relacionadas con la próstata. Lo más importante es recordar que, aunque molesto, es un problema pasajero que no limitará el placer del sexo para siempre. Ayuda médica, paciencia, y muchas ganas de continuar disfrutando bajo las sábanas parecen ser el mejor remedio contra la disorgasmia femenina.

Imagen de portada: Flickr.com.