La incógnita de la atracción

Siempre se ha dicho que la belleza es subjetiva. De hecho, una situación típica es aquella en la que, en un grupo de amigos o amigas, uno de los sujetos en cuestión se siente intensamente atraído por una persona que a los ojos de los demás no tiene nada de atractiva. Muchos dirán que la armonía y la simetría marcan los cánones de lo que los humanos osamos denominar como ‘bello’. Otros se decantarán por el extenso refranero popular y citarán el archiconocido “para gustos, colores”. No obstante, ¿mediante qué criterios nos atraen unas personas y otras no?

Las disciplinas de la psicología y antropología se unen en esta disyuntiva, aunque la respuesta al interrogante es compleja. Desde el punto de vista biológico, los expertos sostienen que la atracción está íntimamente relacionada con la apariencia de buena salud. Esta explicación estaría conectada con el instinto de supervivencia inherente al ser humano.

En esta línea, también se encontraría la atracción por ‘similitud familiar’. Tal y como indican algunos psicólogos, se puede desarrollar atracción por alguna persona que nos recuerde en algún aspecto a nuestros progenitores, aportando sensaciones de seguridad, protección y afinidad. En otros casos pesa más el hecho de conocer a alguien con quien compartir experiencias o que tenga gustos y aficiones similares. Se llama atracción por correspondencia y antepone cuestiones emocionales a las físicas.

En ocasiones, una persona nos atrae porque se parece en algo a nuestros padres. | Fuente: Pixabay.com.

En ocasiones, una persona nos atrae porque se parece en algo a nuestros padres. | Fuente: Pixabay.com.

Otra explicación es la admiración. Los ídolos adolescentes serían el paradigma de este tipo de atracción que, sin embargo, no es cuestión de edades.  En ocasiones se encuentran las metas propias reflejadas en otra persona que reúne aquellas características que se desean para uno mismo. Bien puede tratarse de atributos físicos o de haber logrado llegar a lo más alto en una determinada profesión, el caso es que la admiración por otro puede hacer que se desee estar con esa persona emocional y sexualmente.

Solo es química

Las versiones menos románticas apelan a las feromonas, hormonas secretadas por glándulas que se encuentran repartidas en lugares tan dispares del cuerpo humano como los labios, el cuello o las ingles. Zonas, que, casualmente, también tienen en común ser erógenas.

Según esta teoría, el olor imperceptible de las feronomas -único en cada ser humano- genera unas sensaciones que determinan la atracción hacia un sujeto u otro. Estas hormonas sexuales funcionarían como una manera de comunicación a la hora de despertar el deseo. El órgano vomeronasal, presente en la nariz, es el encargado de detectar ese aroma y enviar la respuesta ante el estímulo al hipotálamo.

El olor de las feromonas provoca deseo hacia algunas personas. | Fuente: hiwhale.com.

No obstante, las feromonas no se vinculan únicamente con la atracción sexual y el deseo. Algunas investigaciones científicas también las relacionan con el desarrollo de sentimientos de confianza y simpatía y con la mejora de las relaciones personales.

Cuestión de simetría y proporciones

Sin embargo, regresando al inicio de este artículo, y a pesar de que para cada uno la belleza se personaliza en un atributo u otro, los estudios científicos determinan la existencia de una serie de rasgos que, por normal general, suelen resultar atractivos a la vista humana. Es el caso del cabello rubio, los ojos claro, las espaldas anchas en los hombres o las piernas largas en las mujeres.

Pero, si hay una característica que se lleva el pleno en las quinielas científicas sobre la atracción, es la simetría. Aunque de forma inconsciente, el ojo se fija en si un individuo posee la llamada simetría bilateral además de ciertas proporciones -como, por ejemplo, la relación entre la cintura y la cadera femeninas-.

La explicación a este deseo despertado por lo simétrico es también biológica: la aparición de asimetría parece indicar que algo fue mal durante el desarrollo y que la persona no fue lo suficientemente fuerte como para resistir ese estrés al que fue sometida durante esa etapa.  Por tanto, este rasgo señala que esa pareja  no es la mejor a la hora de tener descendencia.

Quien sabe, cada persona es un mundo y ni siquiera uno mismo sabe por qué ha elegido a un determinado compañero de viaje -es necesario retomar la vena romántica después de la irrupción de las feromonas- o por qué sintió atracción a primera vista por aquel chico desconocido sentado en la barra del bar. Aunque lo empíricamente comprobable es lo siguiente: mira a tu pareja, ¿se parece a tu padre o a tu padre?

Imagen de portada: ciclodeamor.wordpress.com.

 

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