La vie en rose

Autor: @JosebaKanal

Hace unos días un señor de Galicia me mando unos mensajes para pedirme, por favor, que publicara lo que en su día vivimos juntos. Que sería todo un honor para él. Hay señores que no se avergüenzan de haber pasado por mi cama y por mi vida. Hay señores.

Después de tanto tiempo aún me sigues provocando erecciones en el alma. Si se derraman más lagrimas por las plegarias atendidas que por las no escuchadas, yo he debido de derramar la suficiente leche como para merecer la palma del martirio y ganarme un sitio en tu iconografía cristiana de “Pierre et Gilles”.

Después de tanto tiempo aún sigo perdiéndome entre las babas de tu barba y, después de tantos silencios, aún sigo consintiendo que me abraces. Después de tanto tiempo.

Me pierdo, día tras día, en el rastro que deja tu ropa interior por toda la casa y que me guía hasta tu sexo, que, de mil veces repetido, se ha convertido en una necesidad más vital que el propio aire que respiro. Noche tras noche, recorro el estrecho pasillo que lleva a nuestra cama, donde me aso en tu parilla como San Lorenzo. Vuelta y vuelta.

La vivienda que fue testigo de esta historia se encuentra en la calle Arniches de Madrid. | Fuente: JosebaKanal.

La vivienda que fue testigo de esta historia se encuentra en la calle Arniches de Madrid. | Fuente: JosebaKanal.

Me he aprendido de memoria la geografía de tu escroto, como Salomón  la de la Reina de Saba, y la recito de memoria. Mientras repaso las cuentas de tu rosario de idas y venidas. Te he recorrido de cabo a rabo, de norte a sur, de este a oeste y no he encontrado nada que no supiera o no intuyera. Me he helado en el glaciar de tus labios y me he asfixiado en el Sahara de tu pecho. He naufragado en el Finisterre de tus ojos y he sobrevivido al maremoto de tu rabo.

Tantos años dan para muchos de ellos. Y entre papelinas de cocaína, botellas de vino vacías, números de teléfono que no conocía y colillas de cigarrillos, he vuelto a encontrar la misma sonrisa de medio lado que exhibes cuando estas empalmado, la misma mirada perdida y las mismas patas de gallo que se acrecientan cuando te corres a horcajadas de mi vientre.

He sido amo y esclavo, me has atado y te he atado a mis botas, a mi vida, a mis éxitos y a mis fracasos, me has uniformado gustos, aficiones y horarios. Travestido cuadros  y libros, y hasta nos hemos  cambiado el color de las películas que admirábamos; para verlas de color de rosa. “La vie en rose”. Aunque sea de camuflaje.

Y después de tanto tiempo, después de tantas noches, después de tantos silencios, me he sorprendido ésta mañana desayunando un café negro, con tu mirada clavada en mi nuca. He sentido que me rodeabas con la tenaza de piedra de tus brazos  y,mientras me raspaba el azabache de tu barba, me has susurrado un “Te quiero”.  Con tu voz de humo gris.

Después de tanto tiempo, has logrado hacerme sentir sucio.

Por cierto, me llamo Joseba.

Imagen de portada: pinterest.com.