El placer que no se encuentra en la entrepierna

“El cuello no, que me pongo tonta”. Si alguien no ha dicho y/u oído una frase de este tipo pudiendo variar la zona corporal según los gustos de cada individuo en cuestión, que levante la mano. Que el sexo no se limita a la entrepierna es algo que cada vez tiene una mayor dominio popular: ni el misionero es la única postura, ni las relaciones han de limitarse al clásico mete-saca.

No obstante, hay unas partes del cuerpo que se muestran más sensibles -y más placenteras- ante las caricias de otra persona que otras. Son las llamadas zonas erógenas, y pueden definirse como aquellos resquicios corporales que, debido a su alta sensibilidad, pueden activar sexualmente a una persona mediante su correcta estimulación.

Es importante, como en todos los aspectos de la vida, recordar que cada persona es un mundo y, por ende, la zona que a X le excita especialmente, a Y le puede parecer la parte corporal menos idónea para potenciar el deseo sexual. Pero, como en todo, hay un ABC que puede ser muy útil para saber en qué ‘tecla’ es mejor tocar.

Las zonas erógenas aportan un extra de placer en cualquier relación sexual. | Fuente: radiografiainformativa.com.

Obviamente, los genitales se presentan como las zonas erógenas por excelencia, pero dejándolos a un lado, según indica el diario El Confidencial en un reportaje sobre esta misma temática, las mujeres aseguran que, tras el clítoris y la vagina, sus partes del cuerpo predilectas para ponerse a tono son, por orden, los labios, el cuello, los pechos, los pezones, la cara interna de los muslos, la nuca, las orejas… y el culo. Efectivamente, el trasero es una de las partes que más juego puede dar, a priori, en el sexo, sin embargo a ellas parece no reportarles una excitación excesiva.

Si se les pregunta a ellos, las respuestas obtenidas no difieren demasiado. Los hombres destacan, tras el pene, los testículos, la parte interna de los muslos, el cuello, los pezones, el perineo, la nuca y, en último lugar, las orejas. De esta forma, partes tan eróticas y con una aparente vinculación sexual  mayor, como es el caso de las axilas, los pies, la espalda o el propio culo, se caen de este peculiar ‘top ten‘ del placer.

Placer del uno al tres

Del pene a la nuca o del clítoris a las orejas. De lo obvio a lo más insospechado. La clasificación de las zonas erógenas se lleva a cabo según este criterio. Así, se considera zonas erógenas primarias a aquellos órganos que deben ser estimulados si se desea alcanzar el orgasmo. Es decir, entrarían en esta primera categoría los ya mencionados clítoris, vagina, pene, glande y el misterioso y anhelado a partes iguales punto G.

Un peldaño por debajo se encuentran las partes secundarias. Estas zonas, entre las que destacan los labios mayores y menores, la entrada a la vagina, el pubis, las nalgas, el perineo, el ano, el pene, el escrote y los pezones, se encuentran muy cercanas, en cuanto a lo que a geografía corporal se refiere, a las primarias. Son partes del cuerpo que correctamente estimuladas tienen también la capacidad de activar la excitación sexual, de aumentar el placer y, por supuesto de incrementar las ganas de acudir al primer nivel en busca del clímax.

Si en estos dos primeros grupos se encuentra el placer en acto, también es posible acudir a él en potencia. Cuello, orejas y nuca encabezan este tercer escalafón denominado como las ‘zonas potencionalmente erógenas‘. En este caso se trata de partes del cuerpo que aparentemente no tienen una relación directa con el sexo pero que, debidamente estimuladas y según los gustos de cada personas, aumentan o inician el deseo sexual y pueden jugar un papel relevante sobre todo durante

los necesarios preliminares.

Mapa de las zonas erógenas masculinas. | Fuente: elblogdeyes.com.

Mapa de las zonas erógenas de la mujer. | Fuente: spade10.blogspot.com.

 

 

 

 

 

 

 

 

Es importante no acudir directamente a las zonas rojas del mapa erógeno, sino ir probando distintas partes azules para producir un incremento progresivo de la excitación y realizar unos buenos preliminares que siempre pueden ir acompañados de juegos y juguetes. Así que, si te ponen ‘muy tonto’ las orejas, ya sabes por qué es: se trata de una zona potencialmente placentera a explotar bajo las sábanas. En la variedad está el gusto, y no hay que nada que más guste que el sexo y, cómo no, todas las posibilidades que el cuerpo humano brinda para explorarlo.

Imagen de portada: pixabay.com.