Querer bien

Mar fue mi compañera  de pupitre  hasta finalizar COU, el pupitre no era otra cosa que dos mesas verdes colocadas juntas y COU todavía se llamaba así. No vivíamos cerca la una de la otra y ni siquiera compartíamos el mismo grupo de amigos, ni parecido. Si me hubiera preguntado alguien, la nombraría a ella como una  amiga, y ni siquiera sabía su número de teléfono. Desde el primer día habíamos congeniado, aunque era imposible no hacerlo con ella. Nunca conocí a nadie a quien le cayera mal.

La última vez que nos vimos fue en la fiesta de despedida del curso,  era el  verano antes de irme a la universidad, aquel día acabamos borrachas cantando a gritos “La vida loca “ de Pancho Céspedes, riendo y llorando, ya sabéis, con ese punto místico-friki que suele dar en las fiestas de despedida. Se acababa una etapa y la vida nos hacía tomar caminos distintos. En los años siguientes la recordé en infinidad de ocasiones como suponía que ella a mí, alguna conversación, un actor o una canción que me llevaba a preguntarme qué habría  sido de ella.

No coincidimos en las ocasiones en las que volví a casa de mis padres en navidades y su recuerdo se fue diluyendo. Hasta ese momento, seis años después, que la vi bailando en aquella tarima, sonriendo hacia alguien a quien no lograba distinguir desde donde me encontraba. Mar era bajita, morena, mullida pero para nada gorda, con buenas tetas y mejor culo, la cara más dulce que vi nunca y una sonrisa que invitaba a quedarte a vivir.

Me acerqué a Julio y le dije que iba a saludar a una amiga y cuando estuve detrás de ella la agarré por la cintura, ella dio un  respingo, se giró y al verme se echó en mis brazos. Pusimos en marcha todo el catálogo de demostraciones de amor que a veces usamos las tías entre nosotras: risas, besos, abrazos, saltos, gritos, magreos… En fin, unas risas. Me arrastró a la barra y pedimos unos gin-tonics, no parábamos de preguntarnos cosas y de ponernos al día.

– Tengo que presentarte a mi marido,  que me case con Daniel, tía… Y sonreía. Era la hostia, Daniel había sido su novio toda la vida, apenas lo recordaba de venir a buscarla algunas veces en coche  al instituto, me parecía serio y distante y aquí estaba ella, nombrándolo e iluminando toda la puta discoteca con su sonrisa. Yo le hice una señal a Julio para que se acercara  y también se lo presenté.

Daniel era alto, grande, rubio, guapo hasta decir basta e imponente, tanto que casi rozaba lo intimidatorio. Él y Julio eran como el día y la noche. Mar comenzó a explicarle quién era y él me miraba estudiándome, al hablarme me daba la sensación que me vacilaba,  como si me quisiera poner a prueba…

Orgías. | Fuente: Flickr.com.

Orgías. | Fuente: Flickr.com.

Empezaba a ponerme nerviosa y cuando eso me pasa suelo tener unas reacciones imprevisibles,  así que de repente me alcé y lo besé en los labios para hacerlo callar. Mar se rió  y me dijo al oído “Si lo desarmas,  lo conquistas y acabas de hacerlo”. Creo que con ese beso, Daniel decidió darme una oportunidad y yo la aproveché porque a partir de la siguiente copa no sabría deciros a cuál de los dos quería más.

Estaba siendo una noche fantástica y al empezar a vaciarse la discoteca nos fuimos dando un paseo hasta su casa, hacía poco que vivían por allí cerca, en un piso de dos habitaciones con  salón, cocina, un ventanal enorme con vistas al mar lo recorría de lado a lado, era acogedor, como ellos.

Daniel nos preparó las copas y nos acomodamos en los sofás entre risas y batallitas. Cuando Julio preguntó  por el baño, Mar se levantó para explicarle qué puerta era y de la manera más natural  posible, al menos yo así lo recuerdo, Daniel y yo comenzamos a besarnos, era muy tierno besando, como si realmente disfrutara de mí.

Por el rabillo del ojo sentí la presencia de Julio y Mar y al separarme de Daniel vi como Julio  le apartaba el pelo y la besaba en la nuca, mientras su otra mano le acariciaba las tetas desde atrás. Volví a mirar a Daniel y esta vez el beso se fue llenando de deseo.

Nos fuimos desnudando con  prisa, acariciando, chupando, el sofá se movió cuando Julio apoyo a Mar en el respaldo. Daniel extendió  la mano y acarició la cara de su mujer, fue un segundo, pero en esa caricia yo juraría que estaban solos ellos dos en aquella habitación  y se hablaban. Luego él se giró hacia mí y puso su boca sobre mis tetaslamiendo alternativamente mis pezones.

Lo acabé de desnudar y empecé a hacerle una mamada, lo empapé de saliva, le mordí los huevos mientras lo masturbaba, pasado un rato me agarró para levantarme del sofá, me dio la vuelta y me puso a cuatro patas sobre la alfombra. Allí estaba Mar con las piernas abiertas y Julio perdido con la lengua sobre ella. Me acerqué para besarle las tetas, le mordí los pezones arrancándole un  gemido sordo, eran grandes, aunque no tanto como las mías, pero mas redondas y derechas y joder, en ese momento entendí la obsesión de los tíos por ellas, era una gozada disfrutarlas.

Daniel comenzó a lamerme el coño, yo me acerqué a Julio y seguí con mi lengua el recorrido que él hacía con la suya. Quería probarla , tenía curiosidad y pasé mi lengua por sus labios, rodeando el clítoris, su sabor era similar al de la cerveza y me descubrí disfrutando no sólo de Daniel sino también de Mar. Julio me besó y después de un rato compartiendo conmigo su sabor se levantó para meterle la polla en la boca. En esa posición tuve mi primer orgasmo que Daniel lamió mientras Mar se corría sobre mi lengua.

Sexo en grupo | Fuente: Flickr.com.

Sexo en grupo | Fuente: Flickr.com.

Me giré y tumbé a Daniel sobre la alfombra para sentarme sobre él, estaba duro y yo quería tener dentro su polla. Empecé a moverme, él me agarraba el culo para marcar los movimientos y entonces Mar  se sentó sobre su cara, ofreciéndose a él. Las dos lo estábamos montando, llevándolo hacia un orgasmo demoledor mientras nos comíamos la boca.

Julio puso su polla entre nosotras y comenzamos a hacerle una mamada, estaba tremendamente duro. Cuando no aguantó más tiró de mi pelo levantándomede encima de Daniel, me tumbó y comenzó a follarme: dos, cuatro, seis embestidas  y nos corrimos casi a la vez, no sé si gimiendo o gritando.

Estaba desmadejada con Julio aún dentro de mí, mi mano entrelazada con la de Daniel, que tumbado a mi lado tenía la cabeza de Mar sobre su hombro, toda ella acostada sobre el. Nos miramos sonriendo y ella movió los labios diciendo “Bien”. Aquella noche dormimos allí y los siguientes asaltos, que los hubo, me gustaron lo mismo o más que el primero.

No mucho tiempo después de esto, Julio dejó de formar parte de mi vida. A día de hoy, Mar y Daniel siguen juntos. Sé que se quieren mucho, pero sobre todo sé que se quieren BIEN y todavía, cuando se tocan, vacían las habitaciones.

Autora: @fuiesther. 

Imagen destacada: La orgía en piedra | Fuente: Flickr.com.