La Mostrenka

Como todos sabéis me paso la vida entre Madrid y Rusia. Por trabajo y por amor, y al final ya no sé ni dónde tengo la cabeza.

Por eso mismo, porque no sé dónde leches tengo la cabeza, voy al gimnasio. Por eso, y porque si a mi edad se me empiezan a caer el culo y las tetas mal puerto llevo. Los cuarenta, una edad muy mala.

Decidí elegir el mejor gimnasio que me pillara cerca de casa. Por aquello de caerme de la cama y estar ya con mis tablas y mis cosas.

Y la verdad es que estoy muy contento con mi gimnasio. Mucho. Todo son ventajas y el equipo humano es una joya. Desde el personal de mantenimiento hasta recepción, pasando por los monitores que son de lo mejor en su campo. Por no hablar de la directora. La directora es caso aparte. Un lujo de mujer. Y profesional como ella sola. Ya quisieran muchas. Pero muchas.

Ya quisiera la mostrenka de mi gimnasio parecerse un poco a ella.

Y vamos a dejar claro desde el principio, que aquí lo que se le va a recriminar a la mostrenka es su actitud y su conducta; no su género y condición, ni su procedencia, para ir matando los rumores de cualquier esquina.

Mostrenkas y mostrenkos los hay de todo tipo y condición, y en todas partes del mundo. Para que quede claro y evitemos el que se me acuse de machista/racista. Que digo yo, que siendo maricón, calvo, mitad vasco, mitad catalán, con una cuarta de filipino y otra de cubano andaré libre de toda sospecha. Pero por si las moscas, vamos a ir dejándolo claro.

A lo que vamos, que me despisto más que Rajoy en un debate sobre el Estado de la Nación. Eso, si es que aún nos queda nación sobre la cual debatir.

La mostrenka es uno de esos personajes que parecen sacados de “La Familia de Pascual Duarte”.  Casposa. Más que Intereconomía.

Fea, enana y prepotente.  Más fea que un bufón de Velázquez, más corta que las mangas de un chaleco y más prepotente que una diputada del PP.

Lo que se dice un fenómeno de feria. Freak show. Friky, friky, friky show.

Esta Imelda Marcos de saldo y bisutería, es de las que van pidiendo al personal de mantenimiento, que le limpie las maquinas antes de ella usarlas. Y hace bien, cuánto más limpia esté la maquina donde ella siente su puto coño, más brillará la mierda que ella es.

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“Cuánto más limpia esté la maquina donde ella siente su puto coño, más brillará la mierda que ella es”. | Fuente: Pixabay.com.

Querida mostrenka, no se es más señora por ir pidiendo que te limpien lo que vas usar. Es un agravio comparativo hacía el resto de socios del gimnasio, y es cargar de trabajo al personal de mantenimiento, que ya se encarga de mantener el gimnasio impoluto. Querida mostrenka, te lo repito, no se es más señora por pedir que se limpie lo que uno va usar. Se es más señora por no ensuciar.

Pero claro, ella no lo entiende, ella está obsesionada con aquello de hacerse de notar. Aunque la mostrenka se vista de seda…

Querida mostrenka, no se puede estar en misa y repicando, no se puede nadar y guardar la ropa, no se puede sorber y comer la sopa, y no se puede estar subida en una máquina y pedir que se te limpien las demás para tu uso exclusivo. Para eso, lo mejor es que te montes tu propio gimnasio privado en tu casa; debes de entender, si es que tienes el suficiente cociente intelectual para ello, que los demás socios tenemos el derecho de usarlas si se encuentran libres.

Y por encima de todo, querida Poncio Pilatos, querida mostrenka, debes de aprender educación. A estas alturas del partido el decirle a alguien “Tú no sabes con quién estás hablando” conlleva el riesgo de que te respondan con total y absoluta sinceridad. Como yo hice.

Por supuesto, que sé muy bien con quién estoy hablando.

Estoy hablando con una desgraciada. Con una mostrenka. Que da la casualidad, de que es una socia más de mi gimnasio. Ni más ni menos. Otra socia más. Como yo. Igual que yo. Pero más fea, por dentro y por fuera.

Con los mismos derechos y las mismas obligaciones que yo, pero con muy mala educación.  Pues eso, una mostrenka.

Por cierto, me llamo Joseba.

PD: Todo mi agradecimiento y respeto al equipo del gimnasio, desde la directora al personal de mantenimiento, pasando por los monitores y recepción, que se esmeran cada día para conseguir que nuestro esfuerzo de frutos, y que el gimnasio sea un remanso de tranquilidad y paz en el centro de Madrid.

Autor: @josebakanal.

Imagen de portada: Pixabay.com.