El origen sexual de los cuentos infantiles (III): Rapunzel

A pesar de que generaciones y generaciones de niños se han criado con los cuentos de los hermanos Grimm y demás relatos fantásticos que se han edulcorado para que no haya más sufrimiento que el de las perdices que se engullen en ellos, los relatos originales distan mucho de ser aptos para menores. En esta ocasión, es Rapunzel la princesa cuyas vivencias no son aptas para públicos infantiles.

Según el legado que recoge la factoría Disney, que recientemente ha producido Enredados, película que recupera la figura de esta rubia jovencita, Rapunzel es una princesa que ha sido recluida en lo alto de la más alta torre y no tiene otra forma de salir que por la ventana. No obstante, no opta por la caída libre, sino por dejarse largo el pelo hasta que llega un macizorro príncipe que la rescata tras trepar por una cabellera digna de anuncio de champús.

La Rapunzel de verdad

Esta suavizada versión no se corresponde con el cuento original, obra de unos hermanos Grimm muy amigos de añadir componentes trágicos a sus escritos. En el original, la hermosa muchacha no llega a la torre porque haya sido secuestrada por una bruja, sino porque sus padres la vendieron a cambio de alimentos. Empieza bien la cosa.

Disney disfraza la sexualidad de los cuentos. | Fuente: Flickr.com.

Una vez encerrada, las pocas distracciones posibles pasaban por cantar, y fue así como llamó la atención de un apuesto príncipe, que siempre son apuestos en estos casos, que llegó a la torre atraído por esta voz, cual marino a la sirena. Sí que coinciden ambas versiones al afirmar que fue el pelo de Rapunzel lo que ejerció de cuerda para que el galán llegara arriba, pero lo que es menos conocido es que el amor se fraguó en forma de relaciones sexuales.

Estos tórridos encuentros no se efectuaron con la protección adecuada y la vida empezó a brotar en el vientre de la cautiva. Es más, dos vidas, ya que quedó embarazada de gemelos. La bruja se percató de la osadía de la joven y le cortó su larga melena además de condenarla a vagar por un desierto junto a sus dos hijos.

El príncipe, que ignoraba esta situación, retornó a la torre creyendo que allí estaba su amada, atraído otra vez por una melodiosa voz que le hizo pensar en buenas noticias. Sin embargo, era la bruja quien canturreaba y desesperó al hombre, que no pudo resistir el sufrimiento y se arrojó desde la ventana con la casualidad de que no murió del golpe, sino que cayó en unas zarzas que lo dejaron ciego. Porca miseria.

Final feliz

Aunque todos los ingredientes de este cuento fantástico apuntan al drama, al menos según la pluma de Jacob y Wilhem Grimm, los autores tuvieron cierta clemencia con Rapunzel y el padre de sus dos niños. La ceguera no fue motivo bastante para que el príncipe desistiera en su empeño de encontrar a su amada, y fue entonces cuando la historia por fin cobró felicidad.

El encierro de Rapunzel. | Fuente: Flickr.com.

Mientras el invidente príncipe vagaba en busca de su anhelo, Rapunzel y sus dos vástagos lo encontraron. Tras esta reunión familiar, tal fue la tristeza de la joven por encontrarse así a su amado que sus lágrimas se derramaron sobre los ojos del príncipe, con tal fortuna que recuperaron la visión y pudiera volver a ver a su querida y a los dos retoños engendrados en las visitas furtivas a la torre.

Y así es cómo Disney y el boca a boca popular se encarga de quitarle el componente sexual a historias originales. Probablemente nunca vuelvas a mirar de la misma manera a los cuentos con los que tanto te divertiste en tu infancia.