La lluvia a veces es dorada

Como ya he contado en otra ocasión, vine a Madrid con la intención de hacerme famosa, pero famosa fina y glamourosa , y claro eso requiere un grado de sofisticación que me esforcé muchísimo en conseguir.

En una de las primeras sesiones de fotos en las que participé conocí a Sergio, fotógrafo, tímido y con aires de poeta maldito. Me di cuenta que le gustaba desde el primer momento y la verdad que tardamos tres días que duró la sesión en irnos a la cama. Le invité a tomar algo después del trabajo y un par de horas más tarde me estaba dando cabezazos contra un cabecero, entre el vino, los golpes y los orgasmos casi pierdo el conocimiento. Qué manera de follar. Tengo comprobado que los tímidos son los mejores en la cama, me encanta seducirlos y provocarlos porque luego  van solos.

Resulta que mi fotógrafo particular escondía algunos secretillos más aparte de ser un empotrador. La verdad es que yo en la cama no tengo remilgos ni le hago ascos a nada, pero reconozco que me dejó loca con sus filias sexuales.

Me invitó a cenar a su casa y en el salón tenía preparado un picnic con una mantita en el suelo, mantel, velitas, música de fondo, vino. No era la primera vez que lo hacía estaba claro, me dio la sensación de estar formando parte del ritual de un asesino en serie y, coño, tengo que decir que casi me mata a polvos.

«Tenía preparado un picnic». | Fuente: Pixabay.com.

«Tenía preparado un picnic». | Fuente: Pixabay.com.

Empezamos a charlar y de pronto me pidió que me quitara las bragas, seguí hablando como si nada mientras se las ponía en la mano, sonrió, cogió saliva con los dedos y  metió la mano debajo de mi vestido, acariciaba mi clítoris rozándolo apenas como se toca la pantalla del móvil, qué habilidad el cabrón.

No parecía inmutarse, me miraba desafiante mientras me contaba tonterías del trabajo y lo que había hecho en el día, yo notaba que se me hinchaban los labios y me entraba mucho calor, me jodió porque quería provocarme y que yo le pidiera que me metiera la lengua en el coño, pero decidí hacer lo mismo y cogí saliva en los dedos, le acaricié el glande, seguí cogiendo saliva y le fui acariciando la polla con suavidad.

Todo sucedía muy despacio, como a cámara lenta, y seguíamos hablando obviando que estábamos tan cachondos. Le agarré de la camiseta y le tiré hacia mí tumbándonos en el suelo, metí las manos debajo de su camiseta. Se tumbó sobre mi.

Cuando pensé que me la iba a meter la polla de una embestida noté un líquido caliente que se deslizaba entre mis piernas y mi abdomen. Me meó encima. Mientras, metía sus dedos en mi boca emulando que le chupaba la polla y yo le escupía suave mi saliva liquida en los labios. Me corrí en el momento. No sé si fue la sorpresa, lo excitaba que estaba o lo bien que me lo hizo pero flipé.

Eso era a lo que llamaban lluvia dorada, yo me lo había imaginado de otra forma, había escuchado a amigas decir que tíos les habían pedido que les mearan encima pero eso fue muy distinto a la imagen que yo tenía en mi cabeza. Muy erótico, no hubo nada sucio ni raro. Increíble. Tardé un par de días en recuperarme.

Nos volvimos a ver en un bar del centro, me pedí una caña y él un refresco. Se lo bebió de un trago y me dio el vaso con los hielos casi intactos, me pidió que fuera al baño y le llevara mi pis.

La verdad que así en frío me sentí un poco ridícula intentando atinar meando como si fuera para un análisis. Disimulé el vaso con la chaqueta que llevaba y se lo di. Ahí mismo en la barra y delante de todo el mundo se lo bebió mientras me miraba excitado y me ponía la mano entre sus piernas, fue una versión de la lluvia dorada mezclada con exhibicionismo. Sonreí mientras él me miraba tan satisfecho. Le faltó eructar.

Yo quería ser sofisticada y en un alarde de modernidad actué como si fuera lo más normal. Salimos del bar y me fui a mi casa solita.

No volví a cogerle el teléfono.  Soy atrevida y me gusta dejarme sorprender pero tengo mi propio límite, me encantó la experiencia pero cada uno tenemos nuestros gustos y seguro que encontraremos a la persona con quien encajamos y romper los límites  juntos o quien te abra un camino que nunca imaginaste y sea por el que te sientes comod@.

Como bien digo yo, que para algo soy modelo y filósofa “si no te gusta el Nestea, pídete una caña”

Eba Kanal.

Imagen de portada: Wikipedia.org.