La azarosa vida de un espermatozoide

Érase una vez el cuerpo humano es un programa muy educativo y que permite ver más o menos cómo funciona esto del organismo. Ahora bien, a pesar de ser bastante explicativo, había aspectos que se quedaban en el candelero, quizá por la tierna edad de su audiencia o la complejidad para explicarlo, puesto que nunca abordaron cuál es la vida de un espermatozoide una vez ha sido expulsado.

Las células reproductoras masculinas están vivas y tienen el difícil cometido de fecundar a la parte femenina del acto sexual. Esta tardea es de gran complejidad, puesto que de entre los 200 y 400 millones de espermatozoides que se eyaculan en la culminación del varón apenas el 1% consigue superar las condiciones de la vagina y superar esa barrera una vez ya está dentro del cuerpo de la mujer.

La vida de un espermatozoide

Una de las creencias más equivocadas y peligrosas con respecto al semen y al contacto genital es que la posibilidad de embarazo solo aparece si la eyaculación se produce mediante la penetración vaginal. Por tanto, el coitus interruptus se entendería como un método anticonceptivo válido para evitar sorpresas.

Vida de un espermatozoide

¡Pues no! Además de destacar que antes de llover chispea y que el líquido preseminal también alberga más de un espermatozoide y que, lógicamente, hay riesgo de embarazo, el esperma también puede cumplir su misión incluso acabando fuera de la vagina.

Para responder a esta circunstancia hay que tratar la vida de un espermatozoide. Estos microscópicos soldaditos masculinos tienen una esperanza de vida determinada en función de si son expulsados en la vagina o en el exterior de la misma.

En el caso de que el coito se haya saldado con eyaculación interna, son las condiciones vaginales las que marcan las horas o días que el espermatozoide puede sobrevivir. Su fertilidad puede durar entre 48 y 72 horas si se dan las circunstancias perfectas, que son durante el periodo de ovulación. Es en esta fase cuando el pH vaginal está por encima de un grado de acidez de 6, ya que es a partir de los 7 o 7,5 cuando el espermatozoide está en el clima más favorable.

Cabe destacar que el pH vaginal es eminentemente ácido, y es que para que los espermatozoides lleguen al útero o a las trompas de Falopio, lugares donde se encontrarán con el óvulo, necesitan el semen, que es un medio alcalino para llegar a su destino. El semen es alcalino para neutralizar el pH de la vagina y que haya espermatozoides capaces de llegar a su destino

A su vez, la temperatura idónea se encuentra entre los 37º y los 37,5º. Antes de la ovulación, el cuerpo de la mujer se prepara para poder concebir y reduce esta temperatura. Fuera de esta fase de los calendarios femeninos, la acidez del pH hace mucha más complicada la labor de la fecundación. Lo habitual en el pH vaginal es de 4,5 – 5, si bien durante la menstruación alcanza los 7-8. A la ya dura misión del espermatozoide se le añade que esta acidez literalmente los destruye, ya que la vagina pasa a ser un territorio hostil para ellos.

Eyaculación en el exterior

Una pregunta que merece respuesta es saber qué ocurre cuando se finaliza en el exterior, por ejemplo, en la vulva. Cierto es que las probabilidades de embarazo se reducen ostensiblemente, pero nunca se puede descartar por completo que algún espermatozoide particularmente activo y afortunado consiga cumplir su cometido natural.

Vida de un espermatozoide

La vida de un espermatozoide no finaliza nada más ser expulsado de los testículos, sino que el ambiente en el que vaya a parar es el que marca los tiempos de su supervivencia. El calor es el principal enemigo de estas pequeñas células reproductoras, y es que a partir de los 15 grados las probabilidades de seguir siendo fértil pasan a ser mínimas y muere.

Ahora bien, en caso de que un espermatozoide eyaculado en la vulva o en las proximidades de los genitales femeninos siga en contacto con estos entornos, por ejemplo a través de dedos introducidos en la vagina para masturbar a la mujer, mantiene sus capacidades. Otro cantar es que consiga fecundarla, pero los flujos vaginales pueden hacer que en los últimos compases de la vida de un espermatozoide este llegue al ansiado óvulo.

Son estos flujos los que impiden que la posibilidad de embarazo sean nulas. A través de ellos se abre un cauce por el que los últimos espermatozoides, los que hayan resistido a las condiciones exteriores, puedan intentar penetrar en el organismo femenino. Curiosamente, si las condiciones son frías (menos de 15 grados), pueden seguir activos incluso uno o dos días.

Una vez conocidas las posibilidades de gestación que hay a través de la vida de un espermatozoide también hay que hablar de las enfermedades de transmisión sexual. A pesar de que la eyaculación se produzca en el exterior o incluso que no se dé, la penetración sin métodos de protección de la alud sexual puede propiciar la propagación de infecciones o contagios, de modo que la mejor forma de no correr riesgos de ningún tipo es usar las múltiples posibilidades que existen de disfrutar de un sexo más seguro.

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