Las vacaciones de Cristina (II)

Tras el desayuno, a la mañana siguiente, Cristina y yo estuvimos un rato definiendo cómo sería nuestra catfight particular. Decidimos que las reglas serían las mismas que habíamos visto en el show, añadiéndome yo a la ganadora para disfrutar a nuestra discreción de la vencida. Cristina llamó a su amiga y le propuso quedar a tomar algo para explicarle el plan. Yo me quedé descansando en la habitación, pues quería Cristina que todo quedara en la sorpresa y no quería que viera a su amiga antes de comenzar nuestra nueva travesura.

La chica llegó a la hora acordada. Nosotros ya habíamos adecuado la habitación, sin poner tatami alguno pero haciendo algo de sitio. Yolanda era una chica morena, con cara de muñeca cuando estaba serena pero con cara de traviesa cuando sonreía. Su pelo ensortijado y negro le daba un aire de diosa egipcia y sus pechos medianos y firmes cuadraban con su silueta esbelta aunque ancha de hombros.

Las chicas se prepararon mientras yo me desnudaba y me colocaba sobre la silla que ocuparía durante el show que iban a ofrecerme. Cristina se puso un bikini blanco cuya parte superior apenas podía contener sus enormes pechos mientras Yolanda llevaba un bikini negro. Y entre las dos comenzó una erótica lucha donde daba igual quién ganara o perdiese, porque todos íbamos a disfrutar.

Autora ilustración original: @ucavsl.

Cristina, intentaba hacer valer su mayor poderío físico para tratar de dominar a su oponente, que aprovechaba su agilidad para esquivarla. Aún así, algún tirón y forcejeo hizo que algún pecho asomara de su escondrijo y los tangas ya hacía un momento que habían abandonado el juego. Yolanda no necesitó mucho más que un leve tirón para liberar los pechos de Cristina de un bikini que casi no podía contenerlos.

Pero ésta se vengó, logrando devolver la gentileza a su adversaria y, además, logró inmovilizarla, comenzando a masturbarla. Al ser las dos primerizas, ninguna sabría escapar de una presa con el placer de las caricias en su sexo, lo cual demostró Yolanda cuando sus gemidos ganaron en intensidad y su cuerpo se contraía ante un éxtasis de placer desatado que daba ventaja a mi deseada amiga.

Yolanda se rehízo rápido, bastante para acabar de tener un orgasmo tan intenso, hasta el punto de ser capaz de engañar a Cristina con un forcejeo para llevarla de nuevo al suelo y ahí meter la mano en la entrepierna de ésta al tiempo que había apresado su cabeza con sus piernas y se había sentado sobre la boca. Debía ser hábil con esa mano porque Cristina pronto empezó a gemir y, al ver tan de cerca el sexo de la recién llegada, comenzó también a lamerlo.

En pocos minutos, Cristina se corría abundantemente y esto la hacía lamer y hasta morder la vulva de Yolanda, que ganaba claramente esta lucha erótica. Así que le entregué su justo premio: un arnés con un dildo para que nos folláramos juntos a Cristina. Yolanda, desnuda y sudorosa, cogió a Cristina del pelo y la hizo gatear como si la paseara hasta llegar a mí.

Yo, excitado por el espectáculo, esperaba ya erecto y deseoso. La ganadora dirigió la cabeza de la derrotada hacia mi falo, que se convirtió en un manjar para su boca. La destreza de Cristina en esas lides era algo conocido para mí, pero ver a una mujer tan aguerrida siendo sometida por Yolanda resultaba más excitante aún.

Su cara de resignación al verse dirigida en sus movimientos era excitante y verla engullir mi falo con la suavidad que le marcaba su flamante y momentánea ama era llevar el morbo al máximo nivel. Pero la hermosa morena pronto cedió a mis manos la dirección sobre Cristina y se dirigió a la retaguardia de ésta para hacer uso del arnés que hacía unos minutos se había ganado.

Postura del perrito

Autora ilustración original: @ucavsl.

Tras unas caricias y no pocos lametones en el sexo de mi amiga, Yolanda invadió su cuerpo con el dildo que pendía del arnés. Yo tenía a Cristina con la mitad de mi verga en la boca y jugaba con ella, que disfrutaba a pesar de su condición nada habitual de sumisa. Ella gemía ante las acometidas de Yolanda y la sensación del dildo dentro de ella, haciendo con sus gemidos ahogados en mi miembro que las vibraciones de su voz aumentaran mi placer.

Yolanda no era novata en el arte de follar con arnés, visto cómo movía sus caderas para llegar más adentro de nuestra amiga y darle más placer aún. Cristina se retorcía, aún con mi polla en su boca, llegando de nuevo al culmen de su gozo como hacía ya un rato lo había alcanzado en el fragor de la batalla con su vencedora.

Sólo en ese momento soltó mi miembro de su boca para poder desahogar con sus gritos de placer el torrente de lujuria que su cuerpo acumulaba. Aún así, su lengua buscaba mi glande y el roce provocado aumentaba la excitación que la sola situación me producía. Yolanda ahora invadía el ano de Cristina con sus dedos mientras lamía su sexo y gozaba con los jugos que de él habían brotado. Ésto prolongó un poco más el orgasmo de la hermosa señorita antes de cambiar de postura.

Ahora Yolanda se había quitado el arnés y Cristina estaba boca arriba en el suelo. Sus piernas descansaban en mis hombros mientras era yo quien la follaba y Yolanda estaba sentada sobre su cara, que esperaba con la boca abierta y la lengua fuera, a que ésta paseara sus orificios por ella. Yolanda gemía ahora mientras sentía en su sexo y en su culo la lengua ardiente de nuestra amiga.

Su rostro de diosa egipcia resplandecía colmado de deseo y el placer que la lengua de Cristina le infligía era más que patente en sus ojos semicerrados, su boca abierta y jadeante, sus manos recorriendo y casi agarrándose a los pechos enormes de nuestra amiga… Éstos se bamboleaban al ritmo de mis embestidas y de la torsión continua que el placer provocaba en ese cuerpo poseído por el placer.

Yolanda no pudo más y cayó hacia delante, momento en que la agarré del pelo y metí mi polla en su boca, la cual había estado deseando desde que la había visto abierta en sus primeros gemidos. Ella se vio sorprendida, pero excitada y sus labios dieron cobijo a mi glande por unos instantes hasta que el resto de mi miembro invadía su garganta. Cristina ahora seguía lamiéndola pero azotaba sus prietas nalgas.

Nos habíamos saltado ya ese juego de dominación y sumisión como resultado de la lucha erótica, pero era tal el deseo, la lujuria, la excitación, que ya nos daba igual seguir manteniendo los papeles desempeñados. Mi verga podía sentir su excitación con cada azote, vibrando en cada gemido ahogado de esa diosa que se estaba tragando mi falo.

Dejé las piernas de Cristina, que había perdido ya la cuenta de sus orgasmos como la propia noción del tiempo y me coloqué al otro extremo donde la boca de Cristina y las cavidades de Yolanda aguardaban. Empecé penetrando en la boca de mi amiga, para luego alternarla con el coño estrecho y el hermoso culo de la preciosa morena que cabalgaba en su cara.

Esta gimió más fuerte y llegó a un intensísimo orgasmo mientras entraba en su cuerpo por la puerta de atrás y sus chorros de placer inundaron el cuello y los pechos de Cristina, que asistía boquiabierta al impresionante squirting de su amiga. Yo me vi desbordado por el morbo y me derramé sobre los fluidos que ella había vertido en su orgasmo mientras Cristina pasaba dulcemente su lengua por mis testículos.

Había sido una intensa y placentera jornada y las chicas aún tuvieron su epílogo rozando sus cuerpos e impregnándolos de aquellos efluvios, besándose y dándome el capítulo final de aquella fantasía con una breve exhibición de sexo lésbico. Sin duda, había sido una experiencia brutal y, además, estábamos extenuados. Pero sin duda, para Cristina había merecido la pena venir de vacaciones. Y no sería lo único…

Autor: @simon_galante.