Entre habitaciones de estudiantes

¿Qué te voy a contar sobre una residencia de estudiantes? Si has estado en una, sabes lo que significa. Si no has estado, no creo que puedas llegar ni siquiera a imaginártelo. Si tienes la suerte que algunos hemos tenido, habrás conocido a un grupo de personas, que lejos de ser tus amigos, han sido, son y serán tus hermanos; o quizás no todos. Y no. No hablo del personaje que nunca has llegado a soportar, ni tampoco de todos esos roces que la convivencia lleva consigo.

Desde el momento en el que entras por la puerta puedes estar seguro de que tu vida privada verá peligrar su adjetivo. Entre detalles que no pasan desapercibidos a unas personas que te conocerán como solo puede hacerlo alguien con quien llegas a compartir tantas horas, todo se acaba fluyendo junto a un mar de malentendidos y traiciones que hay que saber tratar con delicadeza.

Pero tú, que has entrado aquí sabedor del nombre de esta página web, te habrás percatado de que hay una fuerza que juega un papel más que notable entre los recién salidos de la adolescencia: la atracción física. Fuera de casa, sin padres por primera vez en sus vidas, junto a un montón de gente nueva… ¿para qué querrían más? Más allá de la anarquía de un piso, hay cosas que solo se viven en una residencia.

¿Cuál es el sitio idóneo para ligar? Probablemente las discotecas, es cierto. Sin embargo, cuando estas las ocupan universitarios a lo largo de las tres primeras semanas de curso, se hace y se emana amor a su vez a través de los estrechos pasillos que conectan habitaciones. La actividad no decae con el paso de los meses, ni por asomo, pero los encuentros y reencuentros de septiembre provocan son sin duda la joya de la corona.

Nunca preguntarle a alguien qué película le gustaría ver acompañado pudo llevar tantas intenciones mientras pasan absolutamente desapercibidas. Nunca acompañar a alguien hasta la misma cama habría sido más sencillo. Solo faltaría entonces tener un poco de cuidado con el ruido demoledor de los viejos muelles de la cama que atraviesa las finas paredes, pedirle a tu ángel de la guardia que no te moleste tu pareja de habitación de cara a culminar, con tu propio ingrediente secreto, una noche perfecta.