Ammar y Georgiana Orellano: puta y sindicalista

“Soy Georgiana Orellano, trabajadora sexual y mamá de Santino. Soy la Secretaria General de Ammar, sindicato que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales”. Ammar es la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, sindicato de trabajadoras sexuales presente en más de la mitad de las provincias del país. Ammar nace en 1994 para luchar contra la criminalización que sufren en un estado donde el modelo que impera es el prohibicionismo.

En 18 provincias de Argentina continúan vigentes ordenanzas que sancionan la oferta sexual callejera con penas que incluyen la cárcel. Ammar apuesta por el reconocimiento de los derechos laborales del colectivo, y desde 1997 forma parte de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSEx). Georgiana es una referente internacional en el activismo e hizo en la tarde del pasado martes 7 de noviembre, en una sesión organizada por el Colectivo Hetaira, un repaso de su experiencia organizativa, los logros y objetivos de Ammar en el escenario prohibicionista argentino. Esta gira de charlas continuará en Holanda y finalizará en Francia.

Lo primero es aclarar la situación de nuestro país: ¿es legal la prostitución en España? Según el Código Penal, no es ilegal siempre que se ejerza por personas adultas y libremente, aunque son delito la extorsión, violación, coacción, explotación, proxenetismo, agresión o amenazas. Una trabajadora sexual puede denunciar sin riesgo a ser juzgada en caso de extorsión o amenaza; si bien es cierto que algunas ciudades han elaborado ordenanzas o leyes que sancionan el ejercicio en la calle con multas de hasta 3.000 euros en el caso de Barcelona.

En 2010 El País publicó un artículo donde se calculaba el efecto de la legalización y regularización del trabajo sexual en el PIB de varios países. Elisa Arenas, trabajadora social en Hetaira, respondió: “Es muy difícil hacer ese cálculo. No hay ningún estudio serio sobre el número de personas que ejerce la prostitución”. Y es que “hay un reglamento de la Unión Europea por el que una parte de la economía ilegal —prostitución, tráfico de drogas y contrabando— tiene que estar incluida en el cálculo del PIB a partir de de 2016”, explican desde el INE.

En 2014 ya se estimó esa cifra y este mismo periódico afirmó: “el PIB subirá hasta un 4’5 % al sumar prostitución, drogas y otros cambios. La revisión estadística y metodológica rebajará la ratio de déficit y de deuda pública”. El promedio de la tasa de variación del PIB de un país desarrollado es de entre 3 y 4’5 % y la regularización o legalización de algunas sustancias, así como el trabajo sexual, podría suponer una inyección de unos 46.000 millones al PIB de España.

Ese mismo año, 2014, El Economista publicó el siguiente artículo: Prostitución y drogas aportan más al PIB de España que la inversión en I+D. Aunque hay un problema con estos cálculos pues los datos son una mínima parte residual y “cualquier cifra que podamos dar es aleatoria y subjetiva. No hay censo de clubes, ni de prostitutas, ni costes medios, ni de servicios”, apunta José Roca, representante de Anela, la asociación nacional de los clubes de alterne. “Es mejor que se inventen la cifra” concluye, ya que no existen cantidades fiables sobre el número de prostitutas que hay en el país.

El compromiso de Ammar

Ahora vayamos con la historia de Ammar, que se presenta como un sindicato “de hecho pero no de derecho”, este engloba a unas 6.500 afiliadas y tiene presencia en un modelo federal donde el trabajo sexual está prohibido y penado con cárcel, trabajo punitario o multa. La nueva ley, con fecha de 2014, además criminaliza la publicidad y los locales que ofertan sexo. Esto tiene como consecuencia allanamientos, robos, detenciones y coimas por parte de la policía.

El primer acercamiento de Ammar hacia el sindicalismo se realizó tras una toma de conciencia de clase, viendo otros compañeros que no se incluían dentro de la Central de Trabajadores de Argentina como manteros, artesanos y otros que también sufrían precarización laboral, como ellas. Según palabras de Georgiana “las mujeres de clase baja generalmente nos dedicamos al trabajo doméstico o al cuidado de otros. Yo elegí libremente dentro de las posibilidades que tenía y llego tan cansada a casa como cualquiera que trabaja con sus manos planchando y lavando”. Ammar trabaja para poder sindicalizarse y mejorar así sus condiciones laborales.

El segundo acercamiento que hizo Ammar para ser integradas y visibilizadas en la lucha por los derechos laborales fue a través de la conciencia feminista. Hay un sector del movimiento que, según Georgiana: “pierde conciencia de clase” pues en los encuentros nacionales de mujeres pedían la abolición de su medio de vida, discriminándolas y mirando a todas las trabajadoras de forma paternalista pues se cree que son víctimas de mafias y, aunque digan que eligen libremente, no lo están haciendo. “Incluso hubo quien saltó como en aquel episodio de Los Simpson preguntando por nuestros hijos: ¿Por qué nadie piensa en los niños? Nosotras no somos malas madres. Mi hijo, Santino, sabe cuál es mi trabajo”.

Ammar tuvo que hacerse un hueco en el espacio discursivo y pedir voz en la agenda social. Georgiana concluyó: “Mi enemigo no son las feministas, aunque lo parezca, mi enemigo es el Estado, la policía y los proxenetas”. Defiende que su trabajo no es el indigno sino las condiciones laborales, se compara con las trabajadoras de las fábricas donde no reciben aporte jubilatorio ni cotizan, no tienen seguridad social ni facilidades en el acceso a la vivienda, no están cubiertas por el seguro sanitario ni tienen posibilidad de presentar denuncias sin ser juzgadas. “Trata de personas también es la que ejerce Zara y a nadie le molesta, la gente sigue entrando y comprando”, asegura la Secretaria General de Ammar, “y el trabajo sexual libre no es trata de personas”.

Trata de personas también es la que ejerce Zara y a nadie le molesta, la gente sigue entrando y comprando

Aseguran que su mayor lucha es contra el estigma, en los campos mencionados antes se han encontrado prejuicios sobre su trabajo y su comportamiento como ciudadanas o madres. Georgiana explica que la mayor ventaja de su trabajo es la sonoridad entre trabajadores, “si el jefe te regaña en la oficina nadie va a contestarle, si alguien viene a molestarme a mi trabajo, sé que mis compañeras estarán a mi lado”. En Ammar acogen a todo tipo de personas que quieran ayudar, de forma anecdótica cuenta cómo unas antropólogas hicieron su tesis sobre la asociación y a cambio ofrecieron talleres de autoestima y estigma.

Por último, comparan la situación de Argentina y España rescatando el caso de Sevilla, donde recientemente se prohibieron los pisos que ofertaran sexo. En Argentina ocurrió lo mismo, según decreto presidencial se prohibieron además los servicios publicitarios y las trabajadoras de los pisos empezaron a recurrir masivamente a Ammar –donde inicial y generalmente iban trabajadoras -. Por tanto, la unión de las prostitutas en busca de sus derechos sigue fuerte contra las adversidades y con la clara finalidad de ayudar a todas aquellas que lo necesiten.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *