Tarde de videojuegos

Era otra tarde calurosa de primavera. La resaca me consumía lentamente. Me había lamentado beber tanto aquel viernes por la noche y ahora mis dos roomies me atormentaban con el ruido de sus estúpidos videojuegosEl calor está insoportable, así que me desnudé por completo, puse el seguro en la puerta y encendí el ventilador. Me puse tapones en los oídos y dormí un par de horas más.

Fue la vibración de mi teléfono la que logró despertarme. Jorge y Damián habían pasado toda la tarde jugando y decidieron pedir pizza y se tomaron la molestia de avisarme después de ver que no me aparecía por el salón.

La primavera es una temporada bastante peligrosa, por lo menos para mí, pues suele ponerme bastante caliente en todos los sentidos y ese momento era uno de ellos. Me había relajado tanto que mi cuerpo aceptó el maldito calor como una necesidad carnal. Mi mal humor y malestar habían desaparecido por completo.

Tomé una ligera ducha y me vestí con unos shorts y una camiseta. Pensé en que me caería bien esa pizza antes de salir a buscar presa y salí descalza de mi habitación. En el salón retumbaban los cristales por el volumen alto de la pantalla y los videojuegos. Jorge y Damián estaban sentados en el sofá poseídos por los controles de la consola en mano.

Me hice espacio entre aquel par y me senté en medio de ellos. Desde ahí, tomé la pizza que se encontraba sobre una pequeña mesa frente a nosotros. Damián me ofreció una cerveza y desde el móvil, empecé a sextear con un amigo.  Mi amigo al teléfono quería que nos viéramos a las diez de la noche pero aún faltaban cuatro horas para el encuentro y mi cuerpo comenzó a traicionarme. Era víctima de una serie de escalofríos, de ansiedad y de un pequeño pero muy placentero cosquilleo en mi entrepierna.

Subí las piernas tratando de ocultar la sensación que me atormentaba en aquel momento, pero Jorge comenzó a voltear a verme mientras paraba los videojuegos justo cuando me mordía los labios en intento de no gemir.

-¿Estás bien?- Preguntó.

Yo no pude articular palabra alguna. Mi cuerpo estaba tenso, como si tratara de evitar algo.

Damián puso pausa al videojuego y me miró.

-Te veo rara. Acto seguido tocó mi frente y bajó su mano a mi cuello. En ese momento, me fue imposible reprimir un ligero gemido.

Damián lo descubrió con mi mirada. Sonrío y se mordió los labios. Mi respiración comenzó a agitarse y mis manos se aferraron a cada una de las piernas de mis roomiesJorge lucía confundido y buscó con la mirada a Damián, quién movió la cabeza en señal de aprobación.

Damián cubrió mi boca con mano y me habló al oído:

-¿Tienes calor? Nosotros te ayudaremos con eso.-

Seguía sin poder hablar. En ese momento me olvidé de que aquel par eran mis amigos y que tenían pareja. Solo deseaba que alguien sucumbiera ante mi deseo, sin importar quién o quiénes.

Damián fue el que tomó la batuta durante todo ese trance. Comenzó a quitarse la camisa y Jorge comenzó a desabrocharse los jeans. Yo abrí las piernas arriba del sofá y me quité la camiseta. Como de costumbre, no llevaba sujetador.

Damián se hincó sobre el sofá y su boca se aferró a mis pechos. Jorge se quitó la playera y con los jeans ya abiertos, tomó mi mano y la puso sobre su entrepierna. Su sexo ya estaba duro como el de Damián, por lo que entendí la facilidad de toda escena, pues al parecer no era la única que tenía ‘calor’. Era como si aquel par sólo estuviera buscando un pretexto y ese pretexto fui yo.

Toqué a Jorge por encima de la ropa interior. Estaba húmedo. Mi boca antojadiza comenzó a jadear. Jorge entendió la señal y se aproximó hasta mi rostro. Con habilidad bajó su pantalón y sacó su sexo entregándomelo en la boca. Damián continuaba lamiendo mis pechos mientras una de sus manos hurgaba entre mis piernas. El tacto de sus dedos en mis labios húmedos era maravilloso. Entretanto, terminó por desnudarme.

Damián observaba gustoso cómo consentía a su amigo. Succionaba lentamente a Jorge observando a Damián, demostrándole descaradamente cómo lo disfrutaba. Damián tomó mis piernas y las abrió de golpe. Su lengua se clavó directamente en mi sexo. Jorge nos miraba ahora.

Me aparté de ambos y me puse en cuatro patas. Mi rostro quedó ahora frente a Damián. Tomé su miembro empapado de mí y lo engullí deseosa. Jorge tenía frente a él mis nalgas y comenzó a palmearlas. De pronto, comencé a sentir como sus dedos empezaban a resbalar dentro de mí.

Jorge terminó de desnudarse y de pronto me penetró. Mis gemidos comenzaron se ahogaron mientras engullía el sexo de Damián. Jorge me embestía una y otra vez con rabia. Damián no dejaba apartaba sus manos de mi cabeza y dejó de mirar por un instante aquella escena.

Damián observó por un momento a Jorge y con la mirada le señaló que era su turno para empalarme. Jorge salió de mí y se acostó. Yo quería montarlo pero me detuvo y me colocó en posición contraria. Su boca quedó bajo mi entrepierna y en cuatro patas, Damián me penetró por atrás.

El calor que derretía a la ciudad no se comparaba con el que guardaba aquel salón. Hubo un momento de silencio total, donde el único ruido era de nuestros cuerpos húmedos entregándose al deseo.  Nuestro juego pervertido pasó de movimientos rápidos y feroces a unos más suaves y lentos. Atravesábamos por un nirvana.

De pronto escuchamos el sonido familiar de dos voces femeninas desde la ventana. Eran Rebeca y Claire, las novias de mi nuevo par de amantes. Los tres detuvimos aquel delicioso ritual para irnos a cambiar. Jorge se quedó en el salón jugando y fingiendo que nada había sucedido, prendió un cigarrillo. Damián tomó su ropa, la aventó en su cuarto y se metió a tomar una ducha. Yo me refugié en mi habitación a puerta cerrada para terminar con lo que aquel par había comenzado.

Cuando terminé me quedé dormida por quince minutos, me vestí y volví a salir. Ambas parejas estaban en el salón y continuaban jugando con los videojuegos. Saludé a las chicas con un cálido beso y me despedí de los chicos, pues tenía una cita con otro amante.

Desde aquel día, sabemos perfectamente que cada jueves, hay tarde de videojuegos, justo después de que las chicas salen de trabajar, solo que los tres compañeros comenzamos a jugar un par de horas antes.

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