Celia Blanco: “Hay que desenmascarar a los políticos que nos quieren malfollados”

Hablar con Celia Blanco (Madrid, 1972, periodista, directora de Contigo Dentro en la SER, autora de Mordiscos y tacones en El País y divulgadora sexual en todos los ámbitos) se parece mucho a este junio en la ciudad que la vio nacer: en apenas unos minutos puede pasar de mostrar calidez y deleitarse con la tendencia “imparable” del feminismo y, de repente, ponerse roja como su pelo y tronar un chaparrón hacia vecinos mojigatos, políticos ignorantes en materia sexual y mentalidades cerradas al sexo. Sea como sea, en ambos casos se recomienda tener cerca un paraguas.

Celia nos cita en una terraza cerca de su casa, su cápsula de aislamiento en plena Plaza Mayor de la capital, y acompaña el diálogo con una cerveza tan refrescante y con un toque amargo como ella misma puede llegar a serlo. La entrevista exige toda la concentración de quien la interroga, pero uno no puede dejar de apreciar que los clientes y trabajadores pasan al lado miran de soslayo y reducen levemente la velocidad de su paso para escuchar fragmentos del contenido de una conversación sin pelos en la lengua.

Celia Blanco. Qué nombre y qué apellido para comunicar sobre sexo.

Es una homonimia como otra cualquiera, pero al hablar de sexo la gente presta más atención. Hay 23 mujeres en toda España que tienen ese nombre y ese apellido, no soy la única.

Has escrito sobre fantasías sexuales, tienes un programa en la radio más escuchada de España y firmas una columna en el diario generalista más leído. ¿Qué queda de esa chica que entró a estudiar Periodismo en 1990?

(Piensa). Quiero creer que es la base, sin esa base no estaría esta. Quiero creer que queda mucho y que he evolucionado desde que empecé la facultad. Son 28 años en los que quiero creer que he evolucionado lo suficiente como para ser la Celia Blanco que soy ahora. Los intereses han ido ampliándose pero no creo que haya perdido especial interés por las cosas que me interesaban cuando empecé en la facultad.

La sexualidad es algo que se va impregnando en cada persona desde la infancia. ¿Recuerdas cómo fue tu progresión?

Como los de todo el mundo, aprendiendo como pude y haciendo lo que hacía todo el mundo. No creo que mi vida sexual difiera mucho de la de cualquiera, quizá la diferencia está en cómo la he encarado y cómo he hecho gala de ella. Aprendí fuera de casa porque no tenía educación sexual y haciendo lo que correspondía al momento: aprender.

Siempre tuve claro que no quería tener hijos y tuve especial cuidado, entonces era lo que más preocupaba; ahora también nos fijamos en las infecciones de transmisión sexual, eso es porque hemos tenido que aprender porque nadie nos hablaba de ello. En mi época era el VIH de lo que más se hablaba pero yo no tenía ni idea del virus del papiloma humano, que era la más extendida.

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

¿Atravesaste esa etapa en la que el sexo es algo vergonzoso, de taparte los ojos al ver una escena en una película?

No, a mí eso nunca me ha pasado. He sido poco ridícula, muy poco.

Hija de profesora y de militar. Caray cómo les ha salido la niña con los tópicos que hay en ambos casos.

¿Por qué? Para empezar, el Ejército Republicano siguió existiendo, había muchos militares de izquierdas. No creo que ser militar esté adscrito a una ideología determinada, al menos en la de mi padre. Él era de aviación, sí que hay otras áreas, como Marina o Infantería, que piensas en un tipo de militar. En aviación hay mucha gente de izquierdas.

Lo que da ser hija de militar y de maestra es un rigor absoluto, el no mentir, unas enseñanzas, porque son los dos únicos sitios en los que se pasa lista. Es decir, eso te obliga a dar la cara por todo lo que pasara o hubiese hecho y te enseña a no tener miedo. En mi caso, quizá sí que piensas que soy de izquierdas por ser hija de militar, pero ¿por qué presupone la gente que ser hija del albañil no implica no ser riguroso o no mentir?

¿Cuándo dejaste de soñar con ser princesa?

Pronto. Creo que nunca lo soñé, se han empeñado en que soñase con ser princesa, son dos cosas bien distintas. Yo vengo de una generación educada con Walt Disney, que era un señor muy fascista, muy machista, y entonces sus preámbulos y doctrinas y enseñanzas iban hacia un tipo de mujer.

Yo lo rompía, pero personalmente quizá soñé con serlo cuando era muy pequeña, pero cuando espabilé me apetecía ser paracaidista, me planteé entrar en el Ejército cuando aún no entraba la gente. Eran cosas que entonces no estaban pegadas a ser mujer. Por suerte, he tenido el apoyo de mi padre y de mi madre, eso contribuye a que se me quitase la tontería pronto.

¿De qué manera crees que eres distinta a las mujeres de tu generación?

Me diferencio en muchas cosas, pero es que a mí esas mujeres me interesan muy poco, lo único que pretendo es intentar enseñarles que pueden tener otra vida. Cada uno elige qué vida sexual y personal va a llevar, no creo que por tener una vida sexual y personal muy concretas tenga tanto que ver con que pretenda que todo el mundo siga mis pasos.

Me gustaría que todo el mundo supiera las opciones que hay y a partir de ahí plantearse qué tipo de sexualidad quiere llevar. ¿Qué me diferencia de esas mujeres? Me diferencia que no me asusta hablar de sexo, que estoy dispuesta a aprender cada vez más cosas y sobre todo porque jamás estaré con quien quiera estar. Cuando digo nunca, es nunca.

Hay gente a mi alrededor que no está tan interesada en el sexo, no tanto por el sexo como concepto sino con la sexualidad, tragan mucho más de lo que yo puedo tragar. Tenemos la vida que nosotros queremos tener, si no la cambiamos somos responsables de que nuestra vida sea una mierda.

Exceptuando, claro, cuando estás en situaciones de tratas de mujeres, berenjenales o no tienes la capacidad o mecanismos para nutrirte de otras cosas. Cada vez, creo, hay menos mujeres que se diferencien de mí, cada vez somos muchas más.

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

¿Cómo llevan los padres y madres cuando en las reuniones escolares aparece “la que habla de sexo en la SER”?

Me trato muy poco con las madres de los demás niños por temas de horarios. Me trato solo con la gente respetuosa conmigo, yo no tengo que serlo con ellos porque yo soy respetuosa de por sí y porque pienso que cada cual es libre de llevar la forma de vida que desee. No estoy dispuesta a perder el tiempo, no me gusta “parquear” ni tener nada en común con el resto de madres, aunque me llevo bien con alguna de ellas.

Creo que no hay diferencia sobre cómo me llevo con las madres a cómo me llevo con las demás personas. Yo soy muy áspera, exijo ser áspera además porque cuando hablas de sexualidad la gente se permite muchos lujos y no estoy dispuesta. Hay madres que se extrañan de que un niño de 10 años, mi hijo, sepa de orientaciones sexuales porque su madre se lo ha contado y sabe que su madre es bisexual.

Les chirría, pero en cuanto pegas dos cortes en el parque ya nadie te dice nada. Me respetan ya muchísimo, hay muchas madres a quienes les hace mucha gracia porque no es algo muy habitual, no porque no haya periodistas que hablen de sexo, pero no hay ninguna que dirija un programa, que escriba en un medio… hay menos.

Me llevo bien con ellas, pero si se llevan mal no tienen el valor de decírmelo, me eximen de responsabilidad. Me puedes decir todo lo que pienses de mí, pero te voy a obligar a respetarme. Si les parece mal no se han atrevido a transmitírmelo, y si lo hacen yo le diría a mi hijo que a la madre de ese niño igual no le parece bien que mantengan amistad, así que le toca gestionarlo a él y buscarse la vida.

La gente que está a mi alrededor, que llevo ya tanto tiempo con esto, no me incomoda; es más probable que yo los incomode más a ellos. Me encanta ser el elemento de distorsión.

Provocadora por naturaleza.

Sí, y es que además tengo buen argumentos. Cuando alguien me comenta que vota al Partido Popular yo le pregunto cómo puede votar a un partido cuya partida de los Presupuestos Generales del Estado para combatir la Violencia de género ha caído a mínimos de los tiempos de Aznar, eso no es evolucionar. Cuando le contestas así a la gente o alguien te dice que no quiere que su hijo se relacione con homosexuales yo les respondo que no puede aislar a su hijo, mejor enséñale a que se relacione con todo tipo de gente.

Hace poco hablamos con el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, y dijo que las campañas electorales repercutían sobre la vida sexual de los políticos. ¿Qué crees que les falta sexualmente a los políticos?

Les falta educación sexual. Hay muchos que no tienen ni idea de los que les rodea. Les falta la capacidad no tanto divulgadora sino de enseñar a los demás. Tienen la obligación de enseñar al ciudadano a que se comporten como tal y no como masa. Si a nosotros nos dieran clases de educación sexual en el colegio nos tendrían que enseñar a reaccionar y qué hacer en casos de abusos sexuales.

Ocho de cada diez abusos sexuales suceden en el ámbito más cercano: el familiar. Si no educas a los niños sexualmente en el colegio estás permitiendo de alguna manera que los abusos sexuales se sigan cometiendo. A los políticos les falta educar al ciudadano, implicación con nosotros, nos mienten.

Quieren adoctrinarnos, verbo muy diferente a educar. Hay que desenmascarar a los políticos que nos quieren malfollados, contenidos y que quieren controlar hasta nuestra vida y orientación sexual, y, por supuesto, nuestra cabeza.

¿Cuánto te pone un Consejo de ministras con casi 2/3 de presencia femenina en sus carteras?

Me pone todavía más un gobierno feminista, que son dos cosas muy diferentes. El hecho de que haya más mujeres supone que sea un Consejo de Ministras, es decir, hay más mujeres que hombres, pero eso no me va a salvaguardar ni a proteger o significar que el Gobierno sea feminista.

Hay muchísimas mujeres muy machistas, basta con leerse el ABC y leer los artículos que han escrito sobre esas ministras, artículos que decían si eran las “señoras de…”, sus medidas, si se maquillan… No somos carne para vender, por eso espero que ese Consejo de ministras también sea feminista y entonces aplaudiré y gritaré muchísimo. Me sentiré por primera vez en muchos años identificada con un Consejo de ministras.

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

Los medios de comunicación son clave para la divulgación. Tú lo haces en radio, prensa, redes sociales, escenarios… ¿Cuál es la clave para que se te entienda en cada uno de estos formatos?

En un escenario como ponente he estado solo una vez, no creo que se repita. Yo entro en televisión como invitada para contar mi discurso. Mi discurso se basa en feminismo y educación sexual, y a partir de ahí todo lo que se quiera. La ventaja es que vengo de la televisión y a puedo hacer totales de 20 segundos y concentrar el mensaje. La base es la misma, con eso me lo pongo en la mochila y emprendo camino. La ventaja es que como soy periodista puedo facilitar el trabajo.

Cada domingo tienes a 250.000 personas escuchándote hablar de sexo en Contigo Dentro, de la SER; pueden leer en El País semanalmente tus Mordiscos y tacones. ¿Cuál es la diferencia entre hablar de sexo y escribir sobre sexo?

Reconozco que escribiendo no sé si decir que soy retorcida; digamos que la literatura de la que me nutro tiene bastante florituras, y eso me lleva a hacerlo a veces también. No creo que haya mucha diferencia, la hay porque cuando tú escribes para hablar buscas palabras que sean más entendibles o fáciles.

Puedo poner en una frase “concatenación de adversidades”, pero jamás se me ocurriría ponerlo en un programa de radio. Sin embargo, a lo mejor escrito sí que ahondo en otra literatura. Por ejemplo, hay palabras que me cuesta vocalizar o que nos cuesta a todos.

Es como “Israel”, la unión de la S y la R es difícil, lo diré cuando tenga que decirlo en radio pero intentaré buscar un sinónimo para no tener que vocalizarlo. Creo que la radio tiene que ser más concisa, directa, corta e impactante. Escribir permite regodearse más, dar más vuelta, o adjetivar más.

Leerte tus guiones de radio antes de ponerte al micrófono permite ver que has puesto una palabra que te cuesta decir, así que dices “¡mierda!”, la cambias y buscas un sinónimo. Tengo un excelente diccionario de sinónimos y antónimos y tiro muchísimo de la RAE.

Un periodista sin un diccionario bueno no es nada. De hecho, odio a los periodistas que utilizan siempre las mismas palabras, las mismas formas de exponer los temas. Como periodistas tenemos que elaborar muy bien nuestro trabajo para que sea entendible, lo cual no quiere decir que sea vulgar sino sencillo.

Me vas a tener que perdonar entonces porque voy a utilizar un anglicismo. ¿Te consideras sexinfluencer

(Reflexiona unos instantes) No lo sé. No lo sé, depende de lo que quieras decir con lo de sexinfluencer, si soy una influencia sexual. Yo como persona, no, no creo que Celia Blanco empiece a ser ahora un modelo de mujer apetecible o más apetecible que antes. Si no me conoces, tampoco entiendo que estar en los medios me haga más apetecible, puede ser que empiece a ser una voz constante hablando de sexualidad.

Me preocuparía si eso me convirtiese en alguien que pueda influenciar tanto a los demás; me gustaría hacerlo solo en la apertura de mente, en el sentido de provocar a la gente para que se interese por un tema. Si no he sido capaz de explicárselo lo suficiente bien, o que me lo haga saber para que yo vuelva a intentar mejorar mi discurso o, como mínimo, que intente descubrir lo que yo no he sido capaz de enseñarle.

Si eso es ser sexinfluecer, bienvenido sea. Si es sobre sexo, es sobre sexo; si hablo sobre gastronomía sería influencer gastronómica.

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

Por tanto, hay que distinguir entre periodista que habla de sexo y sexóloga.

Absolutamente. El que piense lo contrario es que no tiene ni idea. Para empezar, una sexóloga es una psicóloga especializada en temas de sexualidad. Yo no he estudiado sexología ni tengo ni idea, pero me intereso, investigo, leo, pregunto y aprendo. Soy divulgadora, algo muy diferente. De hecho, cuando llega cualquier tema a Contigo dentro, yo puedo dar mi opinión personal, pero jamás intento enseñar a nadie.

Lo que hago es buscar a quien sepa mucho más que yo para que sea capaz de contároslo, mi obligación es hacerle las preguntas que cualquier otra persona le haría. Mi deber es ser lo suficientemente buena periodista como para trasladar las preguntas que otra persona que no lo fuese se haría, y ser capaz de explicárselo, que llegue a todas las personas con esa curiosidad.

No solamente no soy sexóloga, sino que no tengo el más mínimo interés en serlo, me gusta y me interesa, seguiré estudiando a diario incluso si dejo de hablar de sexualidad, pero yo solamente soy periodista.

Quién le iba a decir a España hace no tanto tiempo que su radio y periódico más seguidos tendrían espacios donde una mujer habla libremente de sexo sin que pase nada.

Quién me lo iba a decir a mí hasta que me presenté en la Cadena SER con un proyecto debajo del brazo y me escucharon. Creo que en este caso he sido muy afortunada porque la SER me dijo ‘sí’ y otra vez afortunada porque El País me llamó. Es el resultado de muchos años de trabajo, yo tengo casi 46 años y nunca he dejado de trabajar ni un solo día desde diciembre de 1990.

Entonces, cuando haces balance y dices “estoy en la Cadena SER y en El País” yo pienso “por fin se demuestra que el trabajo tiene una recompensa”. Abogo por la meritocracia, no porque me señale un dedo y me conceda el inmenso deseo de colocarme en algún sitio.

A mí no me han regalado nada, he sido muy afortunada porque Antonio Hernández Rodicio me escuchó y apostó por mí, y después todo el elenco de jefes que hayan venido, y también porque el señor David Alandete en El País se empeñó de que me fuese a El País.

¡Espero ahora seguir! Creo que sí, no me va a afectar demasiado los últimos cambios del diario; creo que Soledad Gallego Díaz es una de las mujeres que más interesadas están en que hablemos de sexualidad, y yo la he entrevistado, de hecho.

Te quería preguntar por Soledad Gallego Díaz. ¿Qué significa que haya mujer en la dirección de un medio con la envergadura de El País?

Es más, que haya una mujer en un puesto directivo de cualquier medio de comunicación o empresa de este país, ya es un triunfo. Que sea Soledad Galledo Díaz, la profesional a la que más he admirado y admiro de todas, hizo que yo gritase cuando me llegó el mensaje de una compañera ese 5 de junio diciendo “enhorabuena, ha ganado tu chica favorita”. Yo a Soledad la llevo leyendo 25 años, es la mejor analista política que hay en España.

Que El País, después de más de 40 años de historia, tenga a la que considero la mejor periodista de análisis político al frente significa que solo podemos aplaudir, aplaudir y aplaudir porque, hasta ahora, el techo de cristal impedía que las mujeres que brillaran lo pudieran hacer desde el despacho de la jefatura. De hecho, desde ayer (domingo 10 de junio), vuelvo a comprar El País todos los días.

Están también Ana Pardo de Vera, Virginia P. Alonso, dirigiendo ambas Público, Mariola Cubells estuvo en un puesto directivo de ADN… Poquito a poquito vamos llegando, vamos llegando, vamos llegando, además ya hay muy poco argumento para impedir que lleguemos. ¡Esto es imparable, es imparable!

Hablamos de que España evoluciona apenas unos meses tras el cierre de Interviú. ¿Cómo crees que nos afectará que ese par de buenas tetas y mejor periodismo no se encuentre en los quioscos?

Decir lo del par de tetas está muy bien, pero hay que tener en cuenta cuándo aparece Interviú, cuándo alguien se atreve a que hubiera un par de tetas. Interviú tenía un trabajo periodístico que, sinceramente, no he visto en más publicaciones de este país.

Eran capaces de seguir un mes a unos tíos que estaban haciendo narcotráfico, eran capaces de perseguir a Luis Roldán hasta donde fuese, de hacer cosas inimaginables y que son la base del periodismo. Los periodistas, desgraciadamente, tenemos una pésima costumbre, y es que comemos. ¿Y qué pasa? Que si no nos pagan por nuestro trabajo no podemos comer.

Está muy bien que echamos de menos a Interviú y que lo echamos de menos, pero cuando alguien lo dice yo pregunto “¿Pero tú comprabas Interviú?”. Si no lo haces es que no puedes decir nada. Yo compro todos los días los diarios que quiero leer y los medios que quiero favorecer, sé que estoy pagando a esa gente. Soy socia de los diarios digitales que quiero leer porque quiero que sigan investigando y haciendo lo que hacen. Es la manera de que podamos sostenerlo todo.

A nosotros nos vendieron la moto de las ETT, que nadie olvide que llegaron con el gobierno de Rubalcaba, diciendo que eran esos trabajos que íbamos a hacer los universitarios en un par de horitas. De repente, hago balance y me doy cuenta de que he trabajado durante ochos años en una ETT, me han estado pagando menos dinero de lo que yo merecía porque me había contratado una ETT sin que variase el número de horas, las condiciones, que han ido a peor… Todo fluctúa así, tenemos que saber en qué tipo de sociedad queremos vivir.

Yo pago por todo lo que leo, igual que no me descargo nada pirata, no escucho música pirata, no compro falsificaciones ni de una puta camiseta. Esto es un compromiso como persona y como ciudadana, somos responsables de muchas mierdas que nos meten. Si ahora con la gestación subrogada que quiere Ciudadanos nosotros favorecemos esa compra de úteros y lo que haremos será favorecer que las mujeres más pobres recurran a alquilar su vientre para los más ricos.

(Como en toda entrevista que se precie, hemos dejado folios desperdigados por los asientos de las proximidades, así que toca parar el carrete y disculparnos. Unos jóvenes viajeros se instalan en la mesa de al lado mientras descubrimos que Celia Blanco también se maneja en inglés. Estaría bien que esos rubios visitantes se unieran a la charla, pero qué mejor momento para refrescar las gargantas antes de accionar la grabadora de nuevo y que disfrutéis de la segunda parte de la entrevista con Celia Blanco).