¿Porno para todos? El desarrollo del porno feminista

Al analizar la situación actual de la industria pornográfica, parece evidente que la mayoría de los contenidos producidos se dirigen a una audiencia masculina. Esto ha provocado que se tienda a pensar que el porno es un producto machista –y aunque en muchas ocasiones puede llegar a serlo- también es cierto que en los últimos años ha aparecido una incipiente industria pornográfica llamada “ética” o con “alternativa” feminista, que fomenta la inclusión y la igualdad. 

Según la profesora de la Universidad Nacional de Colombia, Nancy Prada Prada, autora del estudio ¿Qué opinamos las feministas sobre la pornografía? El origen de un debate, la cuestión feminista sobre la pornografía viene de largo –aproximadamente desde los años ’70-, cuando sectores feministas comenzaron una lucha contra la industria sexual por considerarla un ejemplo de la cosificación y opresión producto de una sociedad patriarcal. En definitiva, se consideraba a la pornografía como una forma de violencia contra las mujeres.

Esta tendencia tiene una base histórica  ya que desde las sociedades más antiguas, como la griega o la de la américa precolombina, podemos comenzar a encontrar imágenes y representaciones de carácter sexual con cierta frecuencia. También en la Edad Media se producían contenidos que fusionaban la picaresca, con un cierto ingenio lascivo que se puede encontrar en novelas (como el ejemplo español de El libro de Buen Amor, de Arcipreste de Hita) e ilustraciones eróticas como las de Édouard-Henry Avril. Sin ir más lejos, el término pornografía proviene del griego “πορνη” (pornē), que era el nombre que se daba a las “cortesanas” o prostitutas de la época.

Ilustración de Edouard Henry Avril (1849-1928).

Sin embargo, el origen del concepto moderno de pornografía se puede encontrar en tiempos de la Revolución Francesa, cuando estas representaciones sexuales comenzaron a tener una función social. En este momento se las consideró como contenido “blasfemo” o “subversivo” y comenzaron a prohibirse por su carácter obsceno. De todas formas, la aparición de la fotografía, el cine o los periódicos permitió la expansión del fenómeno pornográfico.

A partir de este momento además comenzará a hablarse del debate feminista sobre la sexualidad –que está perfectamente recogido por la autora y feminista británica Carole S. Vance  en su obra de 1989 El placer y el peligro: hacia una política de la sexualidad. Así se presentan los términos clave del debate, entre ellos la sexualidad masculina como instrumento de dominación y también la liberación sexual de la mujer como un acto de reivindicación.

De ahí que la primera y segunda ola del feminismo (las históricamente llamadas “anti pornógrafas”, según la profesora Nancy Prada) se posicionasen en contra de la pornografía, la cual consideraban que representaba la dominación masculina y perpetuaba la violencia de género como motivo de excitación. También Carol Pateman publicó en 1988 El contrato sexual, que terminaría de establecer las cuestiones del debate al denunciar la subordinación femenina frente a los hombres por medio de distintos mecanismos y la apropiación y explotación sexual del cuerpo femenino.

Por el contrario, las feministas de la tercera ola (o “pro-sexo”) aspiran a alcanzar la libertad sexual, entendida como igualdad de derechos con respecto a los hombres, según diversas autoras, como la anteriormente mencionada Carole S. Vance. Estas se habían reunido en una asociación conocida como FACT (Organización feminista contra la censura) y exigían una legislación que regulase la industria pornográfica para evitar los abusos de poder cometidos por la sexualidad masculina. Con esta legislación se pretendía eliminar la trivialización de los instintos sexuales de las mujeres.

“¿Desconfiamos de nuestra pasión, pensando que quizá no es algo nuestro, sino un montaje de la cultura patriarcal? ¿Las mujeres pueden ser agentes sexuales? ¿Podemos actuar en nuestro propio interés? ¿O somos puramente víctimas que debemos dirigir nuestros esfuerzos hacia la resistencia contra los ataques masculinos de una cultura patriarcal? ¿Es necesario que nuestra pasión espere a un momento más seguro para expresarse? ¿Cuándo llegará ese momento? ¿Nos acordaremos algunas de nosotras de lo que era nuestra pasión?”

Carole S. vance

Pornografía feminista en la actualidad

¿La solución? Normalizar el porno orientado al público femenino, un proceso en pleno desarrollo en la actualidad. Convertir la industria del porno, predominantemente masculina, en una industria paritaria –basada en el consenso- en la que las mujeres puedan encontrar su propio espacio. Una industria en que se trate con respeto y, desde una ética de la igualdad, a las mujeres. Una industria  en la que la visión femenina también tenga peso con el fin de eliminar los roles de género establecidos.

Actualmente, esta industria ya se ha puesto en marcha –como evidencian iniciativas como el certamen Porn Film Festival Berlin, que recibe obligatoriamente un 50 % de producciones dirigidas por mujeres, con el objetivo de dotarlas de su necesario espacio– y ya existen sitios orientados a las mujeres (como es el caso de XConfessions, el proyecto de la productora sueca y afincada en Barcelona, Erika Lust).

Múltiples estudios que tienen por objetivo el análisis de la actualidad indican que, en los últimos años, el fenómeno feminista ha cobrado fuerza –tal y como defiende Andrea Alvarado, activista y editora del fanzine feminista “Bulbasaur”– ya se empieza a considerar la perspectiva de género como lo que es: un tema de la más absoluta importancia. Es necesario dejar atrás el concepto de pornografía que denuncia la productora feminista Erika Lust: la del sexo como algo que los hombres hacen a las mujeres y no con ellas.