Celia Blanco: “La involución en el pensamiento nos convierte en peores personas”

En apenas media hora de conversación con Celia Blanco han salido a la palestra la educación sexual de los políticos, las madres que llevan a los niños al parque, la evolución en la sexualidad de esta hija de profesora y militar y un sinfín de cuestiones sexuales y periodísticas tanto juntas como revueltas. La otra media llega a continuación tras una brevísima interrupción de unos viajeros con ganas de cerveza, muy majetes ellos, y que, en caso de que entendieran bien el castellano, seguro que disfrutaron de la conversación que aquí sigue casi tanto como de su birra.

Aunque a nivel de audiencia tus espacios revelan que el sexo tiene buena acogida, noticias como la de Interviú o batallas como las de Hazte Oír muestran una sexualidad involutiva. ¿Cómo entendemos esta polarización?

Mira, el otro día me comentó Elia Fernández, mi productora, porque antes de los programas hacemos una cosa muy divertida y es que hablamos de noticias. Hablamos de un estudio por el cual aquellos jóvenes judíos ultraortodoxos a los que se les educa en las reglas del judaísmo ultraortodoxo, que no permite mirar a las mujeres y que las mujeres se tapen para las relaciones sexuales y tengan solo un agujero para introducir en él el pene… esas personas tenían más pensamientos sexuales, más dudas y un cacao mental tan salvaje que al final hay mucha más frustración, depresiones y obsesiones con el sexo.

La involución en el pensamiento lo único que hace es convertirnos en peores personas. Si no avanzamos, el mundo evoluciona y nos quedamos atrás. Nadie puede parar la revolución sexual. ¿Que existen? Terminarán siendo como los puntos negros que un buen día explotas y desaparecen, van a desaparecer. Creo que hay una obligación por parte del Estado para que todos recibiéramos una educación mínima, también la sexual. Todos tenemos que saber no solo cómo nacen los niños, sino la sexoafectividad, que se nos olvida.

A mí me tendrían que haber enseñado a canalizar mis sentimientos a mi vida sexual, pero sin embargo no me enseñaron nada de eso. Nadie me dijo “tendrías que pensar…”, todos caímos e hicimos lo que pudimos hacer. No educar a los demás solo trae un retroceso; si es a nivel nacional estás atrasando a tu país. Quiero creer que esto no nos va a pasar. Tengo muchas esperanzas. (Ríe).

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

La educación es la base de todo. Sin embargo, tenemos que tener cuidado con la información y la desinformación, la posverdad y las mentiras. Las redes sociales pueden ser una gran herramienta para difundir esa información o un peligro si lo hacen inadecuadamente, también en lo sexual.

Quiero creer que todos somos lo suficientemente maduros como para no creernos todo lo que nos entra por los ojos e intentar comprobar su veracidad. Es evidente que va a haber gente que va a intentar engañarnos, pero es que eso ya pasaba antes. No es de ahora porque haya redes sociales, antes nos intentaban engañar de otra manera.

¿Qué podemos hacer para que esto no suceda? Preguntar. Cuestionar. Poner en una tesitura y en un compromiso a quien nos cuenta lo que nos está contando para descubrir cuánto hay de verdad.

Sobre todo tenemos que ayudarnos los unos a los otros, debemos denunciar cuando ocurran estos casos. Maldito Bulo y mucha gente está limpiando de mucha mierda lo que recibimos. Estamos sobreinformados, así que debemos estar sobreprotegidos y saber quitar lo que es mentira de lo que es verdad, exactamente igual que antes, volvemos al principio.

Lo único que nos va a salvar es la educación, así sabremos más y no nos podrán engañar. La educación y la cultura son las bases para que no nos puedan manipular, no ser manipulable es lo mejor que le puede pasar a alguien.

Estos consejos también se los darás a tu hijo, de 10 años. ¿Cómo debemos transmitirles a los niños esta conciencia?

Obligándole a que te cuestione a ti. Yo obligo a mi moco (apodo online y offline del hijo de Celia Blanco) a que me lo cuestione todo, obligándole a que cuando él dice una verdad absoluta de esas suyas, hacerle preguntas para obligarle a pensar. El único arma que tenemos es obligar a pensar, si obligas alguien a hacerse más preguntas y buscar esa respuesta lo estás protegiendo de que lo engañen.

A mi moco se lo cuestiono todo y hago que me lo cuestione todo. Yo soy poco de verdades absolutas, y cuando lo soy me gusta que alguien me diga “¿Seguro?”. Un “¿Seguro?” a veces es mucho más efectivo que una pelea.

Cuando hablas con un adulto y te viene con que no te entiende tu enfoque sexual, ¿cómo consigues hacérselo entender?

Si se trata de que tenga que aplaudir mis decisiones, no lo pretendo. Me da lo mismo lo que piensen los que me rodean sobre mi vida personal, no voy a permitirle a nadie que opine sobre mi vida personal. No soy quien para decirle a alguien que lleva su vida sexual que lleve otra vida sexual, la obligación que sí que tengo es a que no juzgue a quienes no la llevan, y eso es lo que hago.

Si alguien elige tener esa vida sexual que no tiene nada que ver conmigo, es su vida, pero no tiene derecho a obligarme a mí a que tenga la suya. Afortunadamente tenemos una cosa que se llama Código Penal y otra cosa que se llama Leyes europeas. El hecho de luchar contra la homotransfobia viene estipulado desde Naciones Unidas, ¿quién va a venir a darme un discurso homófobo si cuando lo hace le sacas así las leyes y le preguntas si está en contra de la ONU?

Tenemos leyes que nos protegen, yo puedo denunciar a alguien por homofobia o transfobia, antes no podíamos. Los ciudadanos tenemos que conseguir protegernos a través de leyes, tenemos que ser libres para ser las personas que queramos ser, con la educación que queramos, y estar amparados por los más grandes. Es verdad que a veces, cuando me encuentro con ese tipo de gente, me dan ataques de risa.

Ha habido un vecino que llegó a mi casa a decirme que me retiraba el saludo por sus profundas convicciones religiosas, ¡en mi casa, ha venido a mi casa a llamar para decírmelo! Lo que me dio fue un ataque de risa, yo no creo en Dios, entonces si no creo en Dios me da igual lo que creas tú.

Bastante es que te respeto y no te pido que me expliques cómo una virgen se pudo quedar embarazada de una paloma y todas esas mierdas que nos han contado. Vivimos en una sociedad que santifica a las mártires, a todas esas mujeres que se negaron a tener sexo y fueron torturadas y matadas.

A todas ellas, en lugar de juzgar a quienes lo hicieron, las ensalzamos y las convertirnos en Santa Águeda, Santa María Goretti, Santa Flora. Hay mucha gente que sabe que a esas mujeres les amputaron los pechos pero no nos han enseñado que a un hombre que sea heterosexual y con masculinidad determinada le apetezca vestirse de mujer un sábado por la noche. ¿A que no nos lo enseñan? Nos enseñan un cuento de fantasía y color que es el que ellos quieren y no nos enseñan una realidad; cada uno elige cómo quiere que lo engañen.

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

La educación nos hace libres también en la cama. A nivel sexual, ¿qué diferencias hay entre follar y hacer el amor? La eterna pregunta.

Más allá de una cuestión lingüística, porque yo he follado muchísimo en situaciones en las que estaba haciendo el amor, creo que la implicación afectiva en tus relaciones sexuales determina la importancia que le des a ese polvo. Hace muchísimo que no me acuesto con alguien con quien no tenga una implicación afectiva muy potente. A lo mejor es porque ya me lo he follado todo, que no es verdad, pero quiero creer que aún me queda mucho por follarme.

También he aprendido que mi sexualidad es muchísimo mejor cuando trae tras de sí afecto y algo más. Estoy completamente abierta a esos polvos esporádicos y furtivos. Somos cada uno los que ponemos la diferencia de cuándo queremos hacer el amor y cuándo queremos follar, nadie nos puede decir lo que tenemos que hacer sino elegirlo nosotros.

Radio, artículos, charlas, redes sociales, vida privada… ¿Cuántas horas diarias pasas pensando en sexo?

Continuamente (Piensa). Mi caso es una cosa muy rara, yo no me he especializado en sexualidad porque haya llegado a una redacción y de repente me haya tocado. Eso me pasó cuando empecé en Sucesos, al llegar me dijeron “Hola, ¿qué tal?, te vas a ir a cubrir este asesinato” y de repente te vas a hacer sucesos. A mí siempre me ha interesado el sexo, tuve mi blog, Cuando dejamos de soñar con ser princesas, y está salpicado de sexo entero. Para mí la implicación sexoafectiva ha sido importante en mi vida, mis amantes lo han sido también.

Me nutro de todo eso, y prácticamente pienso en sexo siempre y exceptuando cuando tengo que decidir la lista de la compra y qué vamos a comer pasado mañana, porque nunca soy capaz de saber qué vamos a comer en el mismo día. Otro ejemplo es la literatura. Yo lo siento pero no leo literatura erótica, no me interesa lo más mínimo. Me parece fantástica, pero no es lo mío.

Me gustan muchísimo más los autores que hablan de la vida, pero es que el sexo es parte de la vida. Hanif Kureishi, Philip Roth, Siri Hustvedt… muchos escritores tienen su vida y trasmiten el sexo como uno de sus pilares. Yo voy por esa cuerda, el sexo es uno de mis pilares, no el único, claro, pero me ha dado esta personalidad determinada.

También que yo haya querido saber tanto de sexo habrá traído implícito que mi vida sexual sea de una determinada manera y esté satisfecha con ella. Para mí es un triunfo decir que follo lo que quiero con quien quiero y cómo quiero. A partir de ahí, apaga y vámonos.

Hablando de literatura, para mí los casos que más recuerdo de literatura con implicación sexual no explícita son La vieja sirena, de José Luis Sampedro; y Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Tienen unas referencias sexuales literariamente increíbles y con un gran componente de excitación.

Tú imagínate a Juan Marsé escribiendo sobre sexo cuando él escribía potentemente. El sexo está en nuestra vida implícito desde el momento en el que vas por la calle, pasas junto a alguien y te giras porque te sientes mínimamente atraída o atraído. Esto no quiere decir “¡Ah! Quiero tener sexo con esta persona”, sino “Ah, me fijo en esta persona” y ya soy capaz de imaginarme un montón de cosas que pueden pasar con esa persona porque me apetece.

Nos vendría muy bien que nos diéramos cuenta de que el sexo es uno de los pilares de nuestra vida, nos iría mejor nuestra vida sexual. Todos estos escritores que no eran capaces, o no querían o no les apetecía, porque a mí por ejemplo no me gusta escribir sobre sexo, hacerlo así, me parece fantástico. Me parece fantástico sobre todo ejemplos como que en unos versos de Machado hay sexo, me parece fantástico cómo se la coló a todo el mundo.

Celia Blanco. | Imagen: Amaia Artázcoz.

De polvo venimos y en polvo nos convertiremos. ¿Qué diferencias encuentras entre tu primer y tu último polvo?

Muchísimas. En tu primer polvo no sabes siquiera qué te gusta a ti, de cómo tienes que estar, posturas… la cosa más normal, que es la postura que te vendría mejor. Mi primer polvo fue en el maletero de un coche ranchera y el último en mi casa fantásticamente follando con una persona con la que tengo una implicación emocional, personal y sexual muy alta.

De aquel polvo con el chico que más me gustaba yo guardo un muy buen recuerdo; entre ambos ya hay 30 años de diferencia. He mejorado mucho, ahora ya sé lo que me gusta en la cama. Antes no lo sabía.

Y, para ello, ensayo-error.

Claro, claro, pero lo bueno es cuando lo haces con alguien que está dispuesto también a  ese ensayo-error. A mí me ha gustado mucho tener sexo con hombres y con mujeres que estábamos todos deseando saber lo que era el sexo, y ha sido divertido, gratificante y enriquecedor.

También he pasado por situaciones desagradables que traen consigo que yo haya aprendido más y me haya sabido proteger y elegir a mis compañeros y compañeras de cama o alejado de muchísimos posibles amantes. A vivir aprendes con ensayo-error, y a cocinar también. Yo hace 15 años te aseguro que no sabía hacer un cocido, ahora te hago un cocido maravilloso.

Hace 30 años no tenía ni idea de lo que era el sexo oral y ahora puedo ponerme la medalla y presumir de ser de las que mejor la chupan. Te lo aseguro. Tengo un buen currículum en cuanto a comer pollas (Risas).

Una vez ya tienes una relación afectiva con otra persona, ¿cómo conseguir no caer en la rutina y evolucionar sexualmente?

Hablando. Hablando. No te queda otra. Hablando, hablando, hablando. Diciendo que no, diciendo que sí. Hablando. Siendo lo suficientemente sincera como para reconocer que no eres feliz o como para reconocer que algo ha sido fantástico. Soy bastante transparente: estar conmigo es muy difícil.

Sinceramente, creo que soy una de esas personas, que no es ni masculino ni femenino, con quien es muy difícil tener una relación. Soy muy exigente, muy hija de militar y de maestra y se me nota mucho. Exijo implicación absoluta en una relación de pareja y, sobre todo y fundamentalmente, estoy muy a gusto sola. Si te vas a quedar conmigo tienes que ofrecerme estar mejor que cuando estoy sin ti, y eso, como a todo el mundo, es muy difícil de conseguir.

No soy nada conformista, no me conformo ni con las camisetas. Puedo estar mucho tiempo buscando una camiseta porque a veces cometo la osadía de imaginarme todo lo que quiero, y hasta que no lo tengo claro no lo compro, sea lo que sea, incluidos los amantes.

Feminista de pro, ¿cómo es un sexo feminista? Incluimos pornografía, educación, teoría y práctica.

El feminismo es la igualdad entre el hombre y la mujer, y a partir de aquí lo que quieras. Vamos a ver, si yo me encuentro con un tío (golpea la mesa) que quiere que se la chupe y no está dispuesto a hacerme a mí sexo oral, eso no es feminista.

Si me enrollo con una tía que decide que ella es el centro de atención de lo que hagamos en la cama, es una mujer que no es feminista. En el porno, yo pago el porno que consumo, y yo veo mucho porno. Quiero ver porno de calidad, no quiero ver la primera mierda que me quieran vender. Me puede excitar muchísimo una secuencia de redtube.com, pero será porque he elegido una en la que no denigra  una mujer, que ella actúe con normalidad o que también esté disfrutando.

Erika Lust es una de las mujeres que mejor pornografía hacen en este país. Siento que siempre recurramos a ella, pero es que es verdad. Ella y Anneke Nekro son las únicas personas que conozco que hacen un sexo que me excita de verdad. No es que sean las únicas, pero son de las pocas que conozco. Sin embargo, conocemos todos RedTube, PornHub, Solofolladas y esas cosas porque somos unos mierdas.

Igual que no pagamos por leer El País en Elpais.com, no pagamos por ver porno, y nos comemos mucha mierda. Eso es también educación. Mi hijo va a cumplir 10 años y tengo que hablar con él de pornografía porque ya tiene su ordenador, su canal de YouTube y conoce el discurso de un montón de señores.

Bajo ningún concepto voy a tratar de explicarle que eso es sexo o una relación normal. El porno es mentira, ficción. No me va a quedar otra que abrirle a mi hijo una cuenta en una página en las que yo pago un euro al mes para ver buen porno. Esa es la manera de educarlo, mi hijo no come carne o pescado de mala calidad, pues que tampoco vea porno de mala calidad.

Las sardinas son de los pescados más baratos del mercado, pero son de los de máxima calidad. Eso no quiere decir que vaya a gastarme  mucha pasta en todo, voy a elegir, buscar y darle lo mejor. No sé el resto de la gente, pero yo cuando tengo una relación o algo sexual intento que sea lo mejor posible, así que vamos a buscar siempre lo más grande.

¿Cuál es tu sexo mandamiento personal?

(Piensa). El principio de mi sexualidad es la honestidad, creo que es la base de mi vida. Soy, desgraciadamente para muchos de quienes me rodean, una de las personas más honestas, no que existen, porque quiero creer que hay mucha gente honesta, sino de mi entorno. Y creo que es algo que puede ser incómodo, yo puedo tener un amante una noche que no me vaya especialmente bien y no seré cruel, pero lo eliminaré de mi lista de amantes y no repetiré. La honestidad es la base de mi sexualidad.

Mi prima se llama Celia Blanco, es una de esas 24 que comparten tu nombre, y tiene 24 años. De Celia Blanco a Celia Blanco, ¿qué consejo le das a ella y a las mujeres de su generación en materia sexual y en cómo desarrollarse?

¡Qué bueno! Que se quieran, que se quieran más de lo que puedan querer a alguien, y que sean muy honestas consigo mismas y con todos los que pasen por su cama. Es un arma de doble filo la honestidad, pero creo que vale la pena. Hay gente que no encaja en absoluto que tú cojas y le digas “por qué sí o por qué no”, pero vale la pena correr el riesgo para rodearnos de gente que te va a respetar. Necesitamos exigir que nos respeten, y esa es la única manera.

El sexo es mejor contigo dentro, Celia Blanco.

¡Espero! ¡Espero! Lo que creo es que el sexo es muchísimo mejor con cada uno de los que de verdad quieran tener ese sexo, sean quienes sean. Yo soy solo un vehículo dispuesto a contarte eso que nadie quiere contarte sobre tu propia sexualidad. Quiero que hablemos mucho más de sexo.