Ser asexual o la falta de interés hacia el sexo

Hace un tiempo, en el Sexo Mandamiento, hablamos sobre un pequeño porcentaje de la población que no siente atracción o deseo sexual hacia otras personas, sean del género que sean: los asexuales. Ser asexual supone una inclinación personal que se caracteriza por la falta de interés sexual y el bajo o nulo deseo de actividad sexual, lo cual no se debe confundir con una falta de interés por las relaciones románticas y afectivas.

En aquella ocasión abordamos las complejidades de este término y sus características -que afectan en gran medida a las relaciones interpersonales y sociales de dichas personas-, así como la aparición de esta conducta o inclinación sexual en la historia y cultura.

Esta vez queremos detenernos a analizar el impacto y normalización de esta inclinación, que es tan respetable como cualquier otra. Esto se pudo comprobar en la pasada edición de la Semana del Orgullo LGTB de Madrid, tal y como demuestra la lectura del manifiesto asexual por parte de la asociación de visibilidad asexual española ACEs.

Es importante desmontar los mitos que se han llegado a producir a cerca de todo un colectivo que también sufre la estigmatización y marginación del resto de la sociedad, como otros muchos. Para comenzar, es importante que quede muy claro que -según diferentes estudios como el de la revista Pshicology Today– existen diferentes tipos de atracción: 

  1. En primer lugar, la atracción sexual, que consiste en el deseo de mantener relaciones sexuales.
  2. La atracción romántica, que se basa en la voluntad de involucrarse en relaciones sentimentales (más conocida como ‘enamoramiento)
  3. La atracción estética, que es un tipo de atracción más superficial y sería la apreciación de la apariencia física de una o varias personas.
  4. La atracción sensual, o deseo de contacto físico no sexual o cariñoso, se expresa en forma de caricias o abrazos.
  5. Y por último, el arrobamiento, que consiste en la voluntad de mantener una relación cercana pero no por ello sexual o romántica.

Probablemente existan más formas de exteriorizar el cariño y/o aprecio -cada persona tiene la suya propia- y diferentes clasificaciones. Por ello es difícil -e incluso contraproducente- etiquetar la atracción que una determinada persona experimenta hacia otra y su forma de exteriorizarla. Aun así, esta clasificación nos ayuda a reconocer diferentes tipos de atracción de forma que podamos dejar atrás su acepción tradicional, que todos relacionamos con en el deseo sexual.

Pues bien, teniendo en cuenta los diferentes tipos de atracción, la AVEN (Asexual Visibility and Education Network) establece varias clasificaciones de diferentes tipos de individuos asexuales.

En la clasificación “ABCD”, que establece la asociación, se clasifican los tipos de asexuales de la siguiente forma:

  • Asexuales de tipo A: los que experimentan impulso sexual pero no atracción.
  • Asexuales de tipo B: los que experimentan atracción romántica o de otros tipos pero no impulso sexual.
  • Asexuales de tipo C: los que experimentan atracción romántica e impulso sexual pero no se sienten vinculados.
  • Asexuales de tipo D: los que no experimentan atracción alguna ni impulso sexual.

A partir de esta primera clasificación podemos intuir una segunda, mucho más simplista, que sería la siguiente:

  • Asexuales arrománticos: estas personas no desarrollan una predisposición hacia las relaciones románticas, además de no sentir deseo sexual.
  • Asexuales románticos: son aquellos que sí que desarrollan esta predisposición a las relaciones de pareja, y pueden sentirse atraídos sentimentalmente hacia personas del mismo género o del contrario –o incluso de ambos.

Aunque estas clasificaciones -claro está- no tienen otro objetivo que el de facilitar la comprensión de este tipo de orientaciones sexuales. De forma que los individuos asexuales pueden presentar características muy diferentes, cada persona es un mundo.

Bandera de la asexualidad

También existen algunas otras inclinaciones sexuales que se basan en la práctica inexistencia de deseo sexual pero que no se catalogarían como asexualidad en su forma más estricta. De la misma forma existe la inclinación demisexual, que denomina a aquellas personas que únicamente sienten esta atracción sexual una vez que se ha producido una fuerte atracción sentimental.

Esta aceptación de multitud de inclinaciones sexuales ha supuesto un cambio de paradigma en nuestro mundo actual, sobre todo para los asexuales. No se debe olvidar que hasta el año 2013 la asexualidad no fue reconocida como una orientación sexual, siendo relacionada –originalmente- esta falta de interés sexual con algún tipo de patología.

Este campo de investigación -como se ha mencionado- es relativamente reciente, sin embargo, algunos investigadores defienden que no se trata de un concepto novedoso en la sexualidad humana sino que simplemente tiene más visibilidad hoy en día, como sostiene el diario “The Guardian”.

Al fin y al cabo, como defiende la Asexual Visibility and Education Network, la asexualidad es como cualquier otra identidad: simplemente una palabra que utilizamos para descifrarnos y comprendernos mejor. Sin embargo, siempre que el término asexual le sea útil a cualquier persona para definirse a sí misma, es necesario defender su empleo por el periodo de tiempo que sea necesario.