Escorts: independencia, clubes y feminismo

Las escorts y el sector de las prostitutas forman parte de un colectivo con muchos estigmas, entre los que destaca la creencia de que ellas no toman sus decisiones y que están supeditadas económicamente al deseo del cliente. Sin embargo, el feminismo está muy presente entre ellas. “Yo soy muy, muy, muuuy feminista”, afirma Lara, secundada por Jessica, que se considera “feminista desde que tengo uso de razón”.

Lola acude a la definición de la RAE (ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres) para tratar de normalizar su profesión como lo es cualquier otra en materia feminista: “el feminismo debe defender también al sector de la prostitución, y me consta que hay muchas feministas que lo hacen y luchan por nuestros derechos”.

Ariadna Cases culpa a la tradición y reivindica la toma de poder femenina y su libertad para elegir su trabajo como escorts: “[a las mujeres] siempre se nos ha exigido cuidar de nuestra virginidad, entregarnos al matrimonio, ser fieles y dedicarnos al cuidado de las personas, solo por amor y de manera gratuita”. “Muchas prostitutas y escorts queremos romper con ese dogma porque de manera hipócrita y aún se nos sigue relegando a santificar nuestros cuerpos, a sentirnos profanadas por el mal del deseo sexual (clientes) y obligadas a rehabilitarnos (abolicionismo)”.

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Fosca Bellpuig. | Fuente: Fosca Bellpuig.

Para ella, ser escort es un trabajo que implica la relación con personas a través de compañía y sexo con unos horarios, tarifas y condiciones decidido por quien ofrece el servicio “sin jefes ni ataduras, es un trabajo que no tiene edad, género ni orientación sexual”. “Demasiado trabajo gratis se nos relega por ser mujeres, así que este trabajo nos da fuerza, autonomía y la libertad de trabajar unas horas al día para dedicarnos después a lo que realmente nos gusta, sea lo que sea”, recuerda.

La evolución de las trabajadoras es compleja a causa de las dificultades que entraña que la legislación no reconozca su actividad como un empleo al uso. Por tanto, asociaciones como Aprosex imparten cursos de profesionalización que permiten aprender el oficio como se aprendería otro cualquiera sin sufrir prejuicios, vergüenza o mitos, sino con acompañamiento.

Escorts: reacciones al rechazar a un cliente

Una parte esencial de la profesión es la capacidad de elección hacia las personas con quien van a compartir su tiempo o posibles encuentros sexuales, tal y como sostienen las implicadas. Es aquí donde una escort decide si moverse por cuenta propia o bien colaborar con agencias.

En caso de que las escorts sean independientes tienen plena libertad para aceptar o no a la persona que recurre a sus servicios, mientras que este privilegio no siempre es así en las agencias, según señalan las entrevistadas, que afirman que el club puede imponer sus deseos y exigencias sobre el de las chicas. No obstante, pese a esta elevada capacidad de decisión, no es fácil darle un “No” a un cliente tanto por la situación de la escort como la del posible contratante.

“Por un lado, depende de su grado de consciencia sobre su bienestar y de su necesidad o presión económicaRechazar a un cliente es decirle a alguien que no lo quieres ni cobrando, cosa que toca el orgullo del afectado. En mi caso, cuando lo he hecho, he tenido reacciones muy desagradables, y supongo que el miedo a estas puede frenar la decisión de hacerlo”, relata Fosca Bellpuig acorde a su experiencia.

Jaime [nombre ficticio] es consciente del tipo de relación establecida entre las partes y las dificultades que puede generar no entenderlo: “cuando una relación se inicia en el ámbito profesional-cliente, hay que saber en todo momento lo que entra dentro de lo profesional y si algo queda fuera, siendo muy importante por parte del cliente no exigir (ni sutil ni directamente) cosas habituales como algún servicio extra, un rato más, quedar para hacer un café o hasta para cenar sin pagar un extra a la profesional”.

“En esos casos es potestad de la profesional romper la barrera de lo acordado y regalar libremente su tiempo y una relación más cercana, no dejamos de ser personas con nuestras particularidades y afinidades y en ocasiones es agradable compartir con otra persona más allá de la relación profesional”, entiende Jaime. Es este empoderamiento una de las claves de la independencia de las escorts, que sostienen que su libertad es primordial para realizar su trabajo.

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Escorts en el club Apricots. | Fuente: Apricots.

Según Fosca Bellpuig, la creencia general de que todo se puede comprar con dinero lleva a errores al asumir los roles entre dos partes, creyendo que con dinero se puede adquirir una voluntad: “hay una especie de idea de que pagando se puede conseguir todo y también se confunden al vernos expuestas en Internet mostrando lo mejor de nosotras. Piensan quizás que siempre somos encantadoras y no tenemos límites. Al descubrir que no es así pueden llegar a ser desagradables”.

Existe la idea de que pagando se puede conseguir todo

De vuelta a su autonomía laboral, hay que distinguir entre las condiciones del trabajo por cuenta propia o junto a una agencia. Aquellas que lo hacen con plena independencia son las dueñas de su tiempo bajo el lema “tú eres tu propia empresa”, de sus plenas decisiones y del total de sus ingresos, aunque también tienen que hacerse cargo de cuestiones como la creación de anuncios en los que se dan a conocer, construir su web, un dossier fotográfico y el seguimiento de las peticiones telefónicas.

Trabajar junto a una agencia suele significar repartir las ganancias a la mitad entre ambas partes, aunque es la casa de citas quien se hace cargo de todo, según explica Lola: “te tienes que adaptar a sus condiciones económicas, pero a cambio se hacen cargo de tu agencia, te promocionan o filtran los clientes”. Para Valeria y Jessica, un factor clave es la seguridad que les aportan estos pisos y que no tienen que “buscarse la vida” para ofrecer sus servicios.

Javier Martínez es CEO de Apricots, una casa de servicios de compañía que, según se definen, promueve la transparencia y la honestidad en el sexo de pago, además del respeto a quienes lo ofrecen y lo consumen en forma de prostitución ética. Para Martínez también es clave abandonar ciertos hábitos que abundan en el sexo de pago convencional.

Esta agencia ofrece a las escorts varias atenciones para que ejerzan sus servicios. Junto al alquiler de las habitaciones y tramitar las gestiones detrás de cada encuentro, en el caso de Apricots se ofrece apoyo en forma de gestoría para consultas varias o un equipo de abogados para solucionar toda clase de problemas, desde extranjería hasta materias penales o civiles.

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Apricots. | Imagen: theredlightfactory.

A pesar de estos servicios ofrecidos, Concha Borrell, como terapeuta de Aprosex y secretaria general del sindicato OTRAS de trabajadoras sexuales aboga por la independencia de las escorts: “que el empresariado se quede el 50 % de cada servicio, sin contrato laboral, es abusivo en extremos. Empoderarse significa ser la dueña de tu agenda, con tus clientes, horarios y servicios, que son los mismos que se pueden ofrecer en el polígono Villaverde de Madrid o en el hotel Arts en Barcelona. Cambia el escenario, nada más”.

Una de los principales peligros de cualquier tipo de la prostitución llega cuando se realiza de forma forzada y sin la voluntad de las mujeres que la practican. Para combatir que las mafias y grupos ilegales exploten sexualmente a estas personas es importante que las casas de citas y los espacios por los que operan las prostitutas estén comprometidos para detectar los signos de trabajo sexual forzoso.

“En Apricots no hay grupos ilegales detrás de ninguna de las mujeres, ellas se dedican a esto porque quieren y son libres e independientes. Al menor indicio de prostitución forzada llamamos a la policía. Creemos que si se legarizara la prostitución les resultaría mucho más difícil a las mafias continuar delinquiendo”, aprecia Javier Martínez. Su visión coincide con la de muchas de estas trabajadoras sexuales, pues entiende que legalizar este sector haría mejor la vida para quienes se dedican a él y espantaría a los que se lucran ilegalmente de él.

Felina Barcelona es otra casa de citas en la que varias escorts prestan sus servicios sexuales. Stéphane Gómez es su gerente y señala que el objetivo es tanto el disfrute del cliente como que el encuentro sea consentido y lícito para ambas partes: “dentro de nuestras instalaciones no permitimos, por ambas partes, ninguna clase de comportamiento violento, estafa, robo o relaciones sexuales que puedan comportar un riesgo para la salud.

A pesar del sigilo con el que se mueven estos especialistas en estos delitos, existen signos que desde las casas de citas pueden percibir y relacionarlos con que la chica en cuestión ejerce por obligación: “son cosas que se notan cuando llevas unos años trabajando el sector”, indican el CEO de Apricots. “Queremos que haya buen rollo en los locales y compañerismo, que se forme una pequeña familia. En este clima es fácil localizar si alguna escort lo es por obligación externa”.

Imagen de Fosca Bellpuig. | Fuente: Fosca Bellpuig.

Esta línea siguen en Felina, donde asumen que estas situaciones de presión pueden tener lugar: “observar el comportamiento de las escorts es fundamental para asegurarse de que no sufren presiones externas. Una persona no puede tener una actitud normal y relajada si reciben presiones o se ve obligada”.

“Se identifica cuando la chica recibe llamadas continuas antes y después de los servicios y da excusas siempre por teléfono, si recibe una llamada y sale corriendo del local diciendo a sus compañeras que no se puede quedar más, cuando viene siempre alguien a buscarla y recogerla…”, señala Martínez. Son varios factores los que hacen sospechar, así que para el gerente de Apricots también es importante “trabajar con grupos reducidos de unas 15 o 20 chicas para detectar mejor estos comportamientos extraños”.

Mientras la legislación española no lleva camino de legalizar la prostitución y regularizar la situación de escorts y trabajadoras sexuales, tanto las mujeres que trabajan en este sector como las asociaciones en defensa de sus derechos hacen un llamamiento para que las instituciones cambien su enfoque.

Presentación del sindicato OTRAS de trabajadoras sexuales.

“Los cuerpos de seguridad del Estado y demás instituciones necesitan saber cómo tratar temas que son específicos de nuestro colectivo y que suelen tratarse de forma despectiva o humillante por el funcionariado, queremos creer que por falta de formación”, valora Concha Borrell.

“Pensamos que la mayoría [de las escorts] ejerce su actividad voluntaria y libremente. Lamentablemente se encuentran abusos como la prostitución forzada y existen pisos ilegales, donde por más que la prostitución sea voluntaria, quedan fuera de todo tipo de controles. Aunque esta actividad pueda ser legal o no, seguirá existiendo la trata de seres humanos. Tiene que existir un control y un seguimiento para evitar esta práctica”, reclaman también desde la agencia Felina.

¿Y qué cambiarían las escorts de su situación? “Me gustaría que se dejara de ver como algo malo, que pudiéramos desarrollarlo dentro de un marco de legalidad y normalidad“, anhela Fosca Bellpuig.

Ariadna Cases, por su parte, vuelve a señalar a la sociedad machista como culpable del estigma que acompaña a su gremio: “[cambiaría] la falta de reconocimiento, la hipocresía y la manipulación, esa mentalidad machista de que una mujer jamás nace para ser puta y que no somos prostitutas por voluntad, reduciéndonos a seres no sintientes y sin capacidad de agencia ni decisión”.