El chemsex, desde dentro: adicción y tratamiento

El chemsex es una práctica que combina sexo con drogas, por lo que puede ser problemático cuando se superan ciertos límites. Por tanto, las asociaciones de ayuda tienen por objetivo facilitar un respaldo integral en forma de atención psicológica o psiquiátrica personalizada, además de sistemas de educación sexual, concienciación y reducción de riesgos y daños según cada persona.

Gabriel Saavedra (nombre ficticio) ha practicando chemsex durante más de dos años y normaliza unas sesiones que ha aceptado describir en El Sexo Mandamiento: “[en mi primera vez] me invitaron y accedí, como cuando en el cole te invitan al primer botellón. ¿Por qué no? Algunos decidimos continuar con el alcohol después de la primera vez porque socialmente no está mal visto, lo mismo sucede con el tabaco”.

“Creo que hay mucho desconocimiento sobre el uso de sustancias controladas, lo más importante es estar bien informado en el uso, combinación y reducción de riesgos. No me considero un adicto, no tengo el mono de meterme una raya a mitad del curro como quien se fuma desesperadamente un cigarrillo. En los últimos dos años tuve una infección de transmisión sexual“, valora Saavedra.

Pablo Barrio es psicólogo de la asociación Apoyo Positivo y trata a usuarios de chemsex. Durante la aplicación de los programas de apoyo se han encontrado con tres perfiles de afectados en función del consumo efectuado, su frecuencia y las características personales del individuo.

  • No problemático: frecuencia de consumo menor de mensual, con menos horas y menos parejas sexuales. No inhalan tina ni practican slamming. Carecen de trastornos psicopatológicos previos.
  • Intermedio: entre dos y cuatro veces mensuales. El uso es ya compulsivo y por vías orales o esnifadas. Las sesiones son más largas y abundan los trastornos psicopatológicos previos; el chemsex es una vía de ocio alternativo en personas que sufren serofobia, homofobia o problemas de autoestima.
  • Problemático (slammers): más de una vez a la semana. Se inhala tina o realizan slam con largas sesiones y mayor número de parejas. Llega a interferir en la vida laboral y social del usuario, quien acostumbra a padecer trastornos mentales anteriores. Aparecen síntomas psicóticos, ideas de suicidio o intoxicaciones graves.

La experiencia de Barrio con sus pacientes muestra unos motivos habituales de consumo: “habitualmente gira en torno a lo sexual, en forma de desinhibición, búsqueda de excitación e intensidad, mayor rendimiento y deseo o capacidad para hacer prácticas difíciles sin drogas. También persiguen mayor confianza en sí mismos y contactar con otros hombres”.

Para Luis Villegas, responsable de Stop Sida, las relaciones sociales y sexuales marcan la irrupción de estas prácticas: “el chemsex surge en la comunidad gay por varios factores relacionados por la forma de vivir la sexualidad, pero también de las relaciones entre hombres“.

El componente social de estas reuniones, según Gabriel Saavedra, es como el de otras formas de ocio, sin buscar adhesión: “cada persona es una biografía, muchos de mis compañeros de universidad (heterosexuales) lo practican y no creo que lo hagan por integrarse. Yo lo hago de forma recreacional, como quien se va de copas, solo que tal vez menos frecuentemente que quienes se van de copas”.

“Te encuentras con que el usuario de chemsex pierde la noción del tiempo y el espacio, que solo quiere más de todo y tiene el foco puesto en experiencias sexuales”, detalla Barrio. Asimismo, persiguen el máximo bienestar personal y social: “tratan de evitar sentimientos negativos y superar ansiedad o experiencias difíciles, así como sentirse dentro de un grupo, manejar inseguridades sexuales o reducir su preocupación tras haber sido diagnosticado de VIH/VHC”.

Chemsex: aceptación y tratamiento

Gabriel Saavedra admite que la calidad de las drogas a las que acceden pueden influir en la salud de sus consumidores: “en España hay que confiar en encontrar un camello que tenga productos de no muy mala calidad, en Holanda pagan impuestos y son productos de calidad, menos tóxicos”.

“Personalmente utilizo medidas de reducción de riesgos como el látex y abundante lubricante dependiendo del momento en que me encuentre. Te aseguro que muchos de mis amigos heterosexuales y no heteros suelen estar poco informados en reducción de riesgos”, compara Saavedra, consciente del escaso conocimiento existente sobre protección sexual no solo entre la población homosexual.

Algunos de los afectados que ha tratado Pablo Barrio presentan una “preocupante” homofobia interiorizada que les supone dificultades para afrontar la orientación de su deseo, así que el chemsex hace de parapeto como espacio seguro”.

Además, el envejecimiento influye en el consumo de drogas con fines sexuales: “tengo 50 años y los dos últimos he empezado a actuar más normalmente. No quiero esconderme, casi nadie sabe que tengo relaciones con hombres. Sigo sintiendo ansiedad, excepto con drogas y alcohol, que puedo hacer cualquier cosa”, admite un paciente con homofobia interiorizada que se mantiene en el anonimato.

“A medida que envejezco no necesito salir tanto pero sí quiero seguir teniendo el sexo que me imagino. Necesito para eso las drogas”, afirma otro afectado anónimo. Para Pablo Barrio, “el chemsex se ha normalizado dentro de la comunidad gay, hay chicos que se acercan a estas prácticas porque es muy accesible. Otros buscan tener relaciones con alguien que antes ya les gustaba, son situaciones idílicas provocadas por las drogas que, aunque se repitan, ya nunca serán igual”.

“Tener relaciones sexuales con alguien que me gusta y que practica chemsex hace que me acerque a ello y me facilite el practicarlo. Muchos quieren repetir situaciones idílicas que se dieron en una sesión y seguir teniendo sesiones buscando esa situación pasada pensando ‘venga, sigo un poco más, que seguro que en las siguientes horas hay un chico que merece la pena…”, prosigue Barrio.

Gerardo Rojo (nombre ficticio) recibe también la asistencia de Apoyo Positivo y unos tratamientos que encuentra indispensables para volver a la normalidad: “si alguien que esté replanteándose su relación con las drogas y el sexo lee esto, le diría que sé que es un camino duro y todo esto es complicadísimo, pero que se anime y lo intente. Va a tener que renunciar a cosas con las que disfruta y lo pasa bien, pero al final  compensa sentir que recuperas el control sobre tu vida”.

Saavedra está molesto con el sistema de atención sanitaria ante este fenómeno, y es que no es la ITS que contrajo, sostiene, no es lo peor que le ha ocurrido en estos dos años derivado del chemsex: “lo peor fue encontrarme un protocolo de acción en el sistema sanitario creado desde el punto de vista heteropatriarcal, con juicios y prejuicios. Encontrarme con una enfermera que pensaba que “no me cuido” sin conocerme de nada, entre otras cosas”.

Chemsex

Los tratamiento del chemsex pasan por distintas vías para intentar erradicar esta adicción, pues “el 64,5 %  de los usuarios tratados en 2017 participó en grupos de reciente diagnóstico de VIH, talleres de mindfulness y de sexualidad, ocio terapéutico y voluntariado”, explica Pablo Barrio.

Chemsex y psicología

Helen Dolengevich S. es psiquiatra de Apoyo Positivo y trata a los pacientes que solicitan la ayuda especializada: “hemos creado espacios de ocio terapéutico, como talleres de teatro, fotografía, mindfulness, yoga… como herramientas para favorecer el cambio a actividades de ocio que no estén relacionadas con uso de drogas”.

“El primer paso es una evaluación psicológica y psicoterapia, ya sea individual y/o grupal, dependiendo de las necesidades del usuario. Si se detecta un posible trastorno mental o relacionado con las drogas, se deriva a los psiquiatras del equipo. Valoramos si existen trastornos mentales como depresión, ansiedad o psicosis, entre otros. Además, suelen presentar problemas de adicción relacionados a las drogas que utilizan”, añade Dolengevich.

“Una de las claves para valorar si los métodos seguidos tienen éxito es a través de una encuesta anónima online de percepción de la ayuda aplicada, aparte de lo que vemos en los propios pacientes”, admite Barrio. Los resultados de 2017 son que el 93,5 % ve útil esta atención; el 51,6 % reduce la cantidad o frecuencia de droga consumida; el 41,6 % no asume tantas conductas sexuales de riesgo; y casi el 30 % suspende el uso de sustancias y las sesiones de chemsex. 

Asimismo, se percibe un aumento en la práctica de actividades de ocio saludable (un 61,3 %) o en conciencia ante detectar un problema y actuar para resolverlo (71 %). La terapia ayuda también a compartir un problema, en este caso la adicción a las drogas, sin sufrir malestar emocional a más de la mitad de los pacientes.

“El uso de apps de geolocalización suele suponer también un factor fundamental en la intervención, ya que el uso compulsivo de estas es frecuente y suele ser parte de los trastornos derivados del chemsex. La terapia con sexólogo también es parte del abordaje global del usuario. Dependiendo de la demanda del usuario, el abordaje puede ir desde la reducción de riesgos/daños hasta la abstinencia absoluta“, relata Dolengevich acerca del proceso de asistencia a los afectados.

Desde Apoyo Positivo trabajan para contribuir a que los afectados reduzcan estas rutinas de riesgo. Este compromiso en forma de actividades de ocio, talleres y consultas psicológicas y de psiquiatría se enmarca dentro del programa “Sexo, drogas y tú”. Las consecuencias de la adicción que combaten, alerta Barrio, pueden afectar a múltiples esferas de las personas:

  • Área emocional: nuevos problemas y problemas previos agravados.
  • Área afectiva o sexual: pérdida de salud, culpa por acciones no deseadas, problemas de pareja.
  • Área social: pérdida de amigos o de un entorno saludable.
  • Área laboral: pérdida de empleo, incapacidad para buscar activamente.
  • Área legal: tráfico de drogas, búsqueda de material en Internet, pérdida de papeles o nacionalidad.

La ayuda especializada, admite Gabriel Saavedra, es indispensable para poder salir del chemsex: “hay quien lo pasa muy mal, como en cualquier adicción, por eso la atención debe ser personalizada desde el apoyo psicológico hasta el empoderamiento en reducción de riesgos, pasando por el soporte y escucha activa. Lo peor son funcionarios que cuando compartes tu experiencia en el chemsex ejercen juicios de valor. Ahí  la persona se cierra y deja de compartir algo que puede ser de vital importancia”.

“La clave fundamental de un abordaje exitoso es el trato empático, cercano y libre de prejuicios y juicios de valor, lo que permite que el usuario de sienta cómodo y consiga las metas que se propone con ayuda del equipo”, corrobora Helen Dolengevich S. a partir de su experiencia en la ayuda a usuarios de chemsex.