Pin-ups de ayer y de siempre: Judy Garland

Quien más y quien menos conoce la entrañable historia de ‘El Mago de Oz’. La protagonista indiscutible de este cuento lleno de metáforas es Dorothy, una muchacha que busca el camino a su hogar y cuyos zapatos rojos calzó la actriz Judy Garland. Lejos de ser un camino de rosas, la vida de nuestra pin-up de hoy estuvo llena de drogas, explotación infantil, intentos de suicidio e infelicidad.

Pero, antes de irse, Judy dejó un gran legado cinematográfico, además de dar a luz a otra gran estrella y convertirse, sin querer, en un referente para la comunidad LGTBIQ cuya prematura muerte, según algunos rumores, influyó en los Disturbios de Stonewall. ¿Empezamos?

Como muchas otras pin-ups, Judy nació con un nombre que nadie le pondría ni a su peor enemigo. Frances Ethel Gumm vio la luz el 10 de junio de 1922 en Minnesota, creció en el seno de una familia de artistas y, con poco más de dos años, hizo su primer debut en el teatro. Como en el caso de Veronica Lake, se cuenta que su madre estaba obsesionada con convertir a una de sus hijas en una estrella de Hollywood a toda costa. De esta manera, las tres hermanas Gumm se paseaban entre locales de vodevil y cortometrajes bajo la atenta mirada de unos padres que se preocuparon poco por su educación más allá de lo meramente artístico.

Judy Garlnd, otra integrante de la innumerable lista de juguetes rotos de Hollywood. | Fuente: Gfycat.

En una de estas ocasiones, la pequeña Frances fue descubierta por un empresario de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) y, con apenas 13 años, firmó un contrato con la productora y cambió su apellido por el de Garland. El estudio no sabía muy bien que hacer con esa estrella en potencia, demasiado pequeña para hacer de adulta y demasiado mayor para interpretar a una niña.

Desde ese momento, la maquinaria hollywoodiense hizo lo que mejor sabe hacer, convertir a una persona en un producto que vendiese, manipulable y dependiente, sin tener en cuenta su salud física o mental. Tras varias apariciones menores, MGM decidió unir a la joven intérprete y al también actor Mickey Rooney como pareja artística.

El experimento funcionó, eran entrañables y la gran acogida de público hizo que participasen hasta en nueve películas juntos. Eran tan buen material que el estudio decidió explotarlos al máximo, tenían jornadas maratonianas demasiado duras para dos adolescentes y se encontraban a menudo derrotados.

Fue en aquella época cuando la Metro comenzó a administrarles anfetaminas para aprovechar toda su energía en los rodajes. Por las noches, Garland tenía que consumir opiáceos, como la morfina, para poder conciliar el sueño. Este fue el comienzo de muchas de sus adicciones.

A medida que Judy crecía, se hacía más evidente su diferencia con el resto de las estrellas de la compañía. No tenía las curvas escandalosas de Rita, ni un pelo espectacular o una cara normativamente bonita. El presidente de la Metro se refería a ella como “mi pequeña jorobada” y uno de los ejecutivos la tildó de ser “una pequeña cerda con coletas” delante de la propia Garland.

Desde su firma con el estudio había sido sometida a una dieta que consistía en sopa, lechuga y alrededor de 80 cigarrillos diarios, todo valía para convertirla en un mito sexual. Se esforzaron en transformarla en una mujer débil y dependiente. Judy, quien había ido al colegio con bellezas como Ava Gardner, Lana Turner o Elizabeth Taylor, tenía grandes problemas de autoestima y se encontraba sola en una industria solo preocupada de que la gallina de los huevos de oro siguiese haciéndolos ricos.

En 1939, con 16 años, estrenó El Mago de Oz, la película que la haría mundialmente famosa. ‘Over the Rainbow’, una de las canciones más versionadas de la historia, se convirtió en un himno para los más soñadores, aunque el rodaje fue de todo menos un paseo por el arcoíris. Para acentuar su carácter infantil, Judy tuvo que llevar un incómodo corsé que ocultase sus pechos.

Los actores que interpretaban a los enanos de Oz estaban continuamente borrachos y agredían constantemente a la jovencísima actriz. Judy Garland sufrió acoso sexual en el rodaje de El Mago de Oz, según relató uno de sus maridos en sus memorias, “le metían las manos por debajo del vestido, aquellos hombres tenían cuarenta años o más (…) creían que podían aprovecharse de ella porque eran muy pequeñitos”.

Tras varias películas y, con apenas 18, Judy estaba harta y, en un intento por escapar de control de su madre, pasó por el altar para casarse con el músico David Rose. No tardó en quedarse embarazada, pero ni Hollywood ni su madre podían permitir que ‘arruinase’ su carrera. La obligaron a abortar, un procedimiento muy común en la industria ya que un bebé podía quitarle todo el glamour a una estrella.

Pocos años después, Rose y ella se divorciaron y la Metro volvió a ejercer su magia. Cambiaron la forma de sus cejas y su maquillaje, cambiaron el cabello castaño de Judy por el rubio y su vestuario se hizo más sugerente. Garland dejó de ser la niña fea de Hollywood para convertirse en una pin-up, sin embargo, de puertas a dentro nada había cambiado.

El éxito volvió a llamar a su puerta en 1944 con el estreno de Encuentro en San Louis. Judy y el director de la cinta, Vicente Minelli, se enamoraron y la actriz volvió a pasar por la vicaría. Con 22 años estaba más alejada del control de su madre y en 1946 dio a luz a su primera hija.

Liza Minelli se convirtió en una estrella como su madre, acumulando un Oscar y varios Emmys, Tonys y Baftas. Pese a tener éxito y amor, los problemas mentales causados por la industria empezaron a hacer mella en Judy. Apenas un año después ingresó en un sanatorio privado y, a su salida, intentó quitarse la vida cortándose las muñecas. El primero pero no el último de sus intentos de suicidio.

Madre e hija comparten amor por las tablas. | Fuente: Giphy

El comienzo de la década de los 50 fue un caos para Judy, una veinteañera que ya estaba cansada del espectáculo. Su adicción al alcohol, las anfetaminas y los somníferos comenzaron a pasarle factura. Solía retrasar los rodajes y aparecía varias horas más tarde, lo que provocó que fuese sustituida en numerosas ocasiones. Sin embargo, en 1954 consiguió otro bombazo con Ha nacido una estrella, una película considerada de culto.

Todo apuntaba al Oscar y, la noche de los premios, la habitación del hospital donde Judy daba a luz a su tercer hijo estaba llena de periodistas y fotógrafos. Contra todo pronóstico, una lozana Grace Kelly fue la galardonada en la que se considera una de las grandes injusticias de la gran pantalla.

La santa patrona del arcoíris

Pero Judy no se rendía, necesitaba al público tanto como él a ella. Tras la finalización de su contrato con la MGM por fin era libre y decidió dar un giro a su carrera. Comenzó a hacer apariciones en televisión, programas de radio y obras de teatro por las que recibió un premio Tony. En 1959 los médicos le anunciaron que solo le quedaba cinco años de vida a causa de su hepatitis y que no volvería a cantar. La talentosa Garland hizo caso omiso y en 1961 organizó un concierto en el teatro Carnegie Hall que le haría ganar cinco Grammys.

Judy recibiendo esa energía positiva hay. | Fuente: Revista Aló San Luis

Paralelamente y sin proponérselo, Judy se había convertido en un icono para la comunidad LGTBIQ de la época gracias a El Mago de Oz. Gays, lesbianas y transexuales se sentían identificados con la protagonista que se adentraba en un mundo de luz y tecnicolor dónde la gente era aceptada por ser como era, durante años la frase ‘¿Eres amigo de Dorothy?’ se utilizaba entre miembros de la comunidad para identificarse entre ellos.

La propia Garland solía decir que imaginaba su funeral como “un gran desfile de maricas cantando Over The Rainbow” y es que, en sus últimos años, solía pasar su tiempo libre cantando en bares de ambiente, dónde se sentía muy acogida.

El 27 de junio de 1969 Judy falleció por una sobredosis accidental de medicamentos. Como en el caso de Marilyn, se barajó la hipótesis del suicidio, aunque fue descartada con rapidez. Aun con todo, la muerte de la actriz tiene su parte de leyenda. Se cuenta que la noche siguiente, el 28 de junio, muchos parroquianos de Stonewall se acercaron hasta la zona para recordar a Judy.

Esta parte del Greenwich Village neoyorquino era conocido por ser lugar de reunión para muchas personas LGTBIQ y por las duras redadas que la policía organizaba. Aquella noche, los nostálgicos de Garland se encontraban escuchando sus canciones cuando las patrullas hicieron acto de presencia. Enfadados, decidieron dejar de poner la otra mejilla y plantaron cara en una de las jornadas más memorables para el movimiento, la misma que daría lugar al Día del Orgullo.

Judy se fue con apenas 47 años dejando tras de sí una prolífica carrera y la figura del patito feo que siempre fue un cisne. “Quería creer, e hice todo lo que pude por creer en ese arcoíris que soñaba con recorrer. Pero no pude. Qué se le va a hacer”, afirmó en una ocasión. Garland fue otro de esos juguetes de la industria, aunque, a diferencia de otras estrellas, tuvo el amor de sus fans hasta en la muerte.