La voz

Todas las mañanas suena en el patio interior la misma melodía. Una voz suave se cuela, revoltosa, por las cortinas de mi habitación. Busca inquieta mis oídos, donde sabe que siempre es bien recibida. Esa voz. Su voz… ¿Qué esconderá?

Su voz… ¿Qué esconderá?

 

Todos los días la misma historia. Me quedo acurrucada escuchando esa voz que pregunta a su hijo qué quiere desayunar mientras tararea sintonías de radio.

Espero paciente hasta que te escucho irte y aguardo ansiosa el siguiente pase del concierto. Hay variaciones, a veces las tardes, quizás a las ocho… pero siempre cantas la misma canción por las noches. Y por la letra a veces creo que sabes de mi existencia. Sabes que te miro de reojo a través de las cortinas. Sabes que me gusta tu voz.

Aún recuerdo el día que por fin te vi. Que las piezas encajaron. La voz y su dueño, todo uno. No sé que me pasa contigo. Pero no puedo dejar de escucharte. Tu voz tiene eso que hace que me humedezca. Es algo inexplicable.

Siempre me habían atraído cierto tipo de sonidos. Siempre me había fijado en las voces de los hombres a los que iba conociendo. Pero la tuya tiene algo… Es como para un fetichista poder jugar con unos pies por primera vez. Mi fantasía es que esa voz algún día se dirija a mi. Créeme que si eso pasa no me podrás parar.

Hoy no te he escuchado por la mañana. Te he estado esperando. Pero no te escuché. Nerviosa me asomo a la ventana. Y te encuentro mirando fijamente hacia mí. Mi primer instinto es esconderme tras las cortinas. Y entonces te escucho reír.

“- ¿De qué te ríes?

De ti.”

Me meto dentro rápido. Estoy excitada y enfadada a la vez. No pensaba que fuera tan obvio que él fuera el protagonista de mis sueños húmedos.

“- No te vayas, vuelve.”

Me está hablando. A mí. Su voz dirigiéndose a mí. Me asomo tímidamente.

-“Sé que me escuchas cantar. Eres la única persona que lo hace. Esta noche te cantaré a ti.”

Y se fue. Hiperventilo y me tumbo en la cama. Cuando voy a meterme la mano por dentro de mis braguitas escucho la puerta. Salgo enfadada hacia allí y veo una nota: “Espera a esta noche, lo harás conmigo.”

Las horas se me hicieron eternas hasta la hora del concierto. Sobre las doce escuché su voz llamándome.

“- Gatita, sal.

– ¿Por qué me llamas gatita?

Porque no sé tu nombre, eres huidiza y tienes ojos de gata.”

El corazón me va a mil. Él solo con su voz es capaz de excitarme sin ni tan siquiera tocarme. Solo llevo puesto un top en la parte de arriba. Abajo no necesito nada, solo unos acordes.

Abajo no necesito nada, solo unos acordes.

 

“-Sé lo que haces cuando canto. Al igual que tú me escuchas a mi cantar yo te escucho a ti gemir. Y eso me pone.”

Noto como todos los poros de mi piel se erizan. Su voz mientras sus ojos me miran fijamente. Empieza a sonar su guitarra. El tema de siempre “Ayo technology”.

Ni siquiera sé su nombre, pero no hace falta. Noto como todo cae por mis piernas lentamente. Chupo mis dedos mientras los paso por el pecho, que tiene la piel de gallina. Bajo la mano hasta llegar al sitio deseado. Él me mira fijamente, y canta. Me canta a mí. Sus ojos no se apartan de mi. Introduzco mis dedos dentro de mi sexo y los retuerzo. Sé lo que me gusta. Los meto y los saco lentamente a medida que avanza la canción. Su voz empieza a mezclarse con mis gemidos en una perfecta armonía. Ya no soy capaz de mantener la calma. Me apoyo sobre el alfeizar de la ventana y me dejo ir. Mis piernas tiemblan, están mojadas.

Él me mira, con una media sonrisa.

“-Un placer cantar para ti. La próxima vez que nos veamos será en tu casa. Hasta mañana.”

Me meto en la cama sin saber aún lo que acaba de pasar. Mañana será otro día, pero esta vez me escucharás tú a mí.