Ummagumma y el sexo de Pink Floyd

Escuchar la música de Pink Floyd se acerca peligrosamente a las sensaciones y explosiones de placer de una relación sexual. Combinar sexo con los acordes, los ecos y los ruidos musicalizados de la banda británica es viajar al lado oscuro de tu luna erótica y tumbar muros de disfrute preconcebido. Ahora bien, esta descripción tan profunda y filosófica no les hubiera convencido a Roger Waters, David Gilmour y compañía: ellos hubieran preferido llamarlo Ummagumma.

Para quienes menos conocen la música psicodélica de Pink Floyd, Ummagumma es simplemente una palabra rara y difícil de pronunciar. Los más aficionados al grupo saben que fue su cuarto disco, publicado en 1969, y que consta de dos discos: uno en directo y otro grabado en los míticos estudios de Abbey Road. En cambio, una dimensión menos conocida del título de este trabajo es su significado. ¿Qué significa Ummagumma?

En una de las jergas y lenguajes populares más enrevesados del Reino Unido, Ummagumma significa directamente “follar” o tener sexo. Se trata de un fuck utilizado especialmente en la zona de Cambridge, donde no solo se pasan el día estudiando. En cuanto al porqué de bautizar así este disco, existen dos versiones que acaban confluyendo en este término.

La primera es que el grupo, tan anárquico cuando quería, estaba recibiendo presiones de su discográfica para publicar de nuevo. Y hacía falta un título. Tras semanas y semanas rumiando sobre cómo denominar su nueva creación, jurando en arameo y devanándose los sesos, se dieron cuenta de que Fuck (“Joder” para los hijos de la Gran Bretaña) era la palabra que más repetían. Para no plantar la palabrita en la portada, habrían decidido darle una vuelta y apostar por Ummagumma, de significado mucho más cercano al castellano “ñacañaca”.

La otra teoría sobre el título del álbum es que fue idea de Iain “Emo” Moore, uno de los grandes amigos de los músicos y ocasional colaborador, además de acompañarlos en sus giras. Al parecer, Moore decía habitualmente “I’m going back to the house for some ummagumma”, algo muy similar a “Me vuelvo a casa a follar”. Incluso el propio Iain llegó a asegurar que él mismo se inventó el vocablo.

Sea como fuere, que un grupo del alcance británico e internacional como Pink Floyd llamara así a uno de sus discos despertó una gran polémica en Reino Unido, aunque no en Estados Unidos, donde Ummagumma no significaba nada. En la música siempre ha existido un elemento clave de transgresión, así que este banda no iba a dejar pasar la oportunidad de serlo de nuevo.

La música de Ummagumma

A pesar de lo que anticipa el nombre del disco, este álbum no cuenta con unas referencias particulares a la sexualidad. El blues, el rock psicodélico y el rock progresivo se dan cita en las dos partes de la publicación. En total son 12 piezas musicales aglutinadas en torno a cuatro bloques: uno compuesto por cada miembro de Pink Floyd.

Portada de Ummagumma. | Fuente: Flickr.com.

Comienza con las cuatro partes de Sysyphus, compuesta por el teclista Rick Wright, y de unos 14 minutos de duración. Continúa con Grantchester Meadows y Several species of small furry animals gathered together in a cave and grooving with a pict, algo más de 12 minutos creados por el talentoso guitarrista Roger Waters.

David Gilmour, vocalista, guitarrista y compositor de la formación, elaboró The narrow way, cerca de 13 minutos de elevada calidad musical. Por último, el batería Nick Mason preparó The grand Viziers’s Garden Party, nueve minutos con los que termina el disco.

La música de Pink Floyd es una de las mejores amistades para cuando uno está en una cama, tanto en soledad como con compañía. De forma individual, los británicos permiten evadir la mente de su cárcel de huesos y piel y volar hacia quién sabe dónde. Con alguien al lado, discos como Ummagumma son la mejor música para disfrutar de una buena sesión de Ummagumma.