El stealthing amenaza a la salud y el consentimiento sexual

Los preservativos son como Hacienda, la Constitución, la Navidad o las elecciones: te gustarán más o menos, pero hay que cumplir con ellos porque las consecuencias pueden ser terribles. En la pornografía o en esas conversaciones picantes con esa persona de tu trabajo la fantasía no suele incluir condón, pero una cosa es la imaginación y otra la realidad. Por eso la práctica del stealthing, -‘en sigilo’, en inglés- que consiste en retirar sin avisar el preservativo en pleno encuentro sexual, supone un riesgo para las bases del sexo: el consenso y la salubridad.

Los contextos más habituales son en citas heterosexuales, aunque también ocurre entre homosexuales. En ambos casos son los varones quienes suelen incurrir en esta acción tan peligrosa y prohibida, pues se aprovechan del momento para quitarse el condón, intentando que la mujer no se dé cuenta. Por tanto, se enfrentan al eterno riesgo de follar sin seguridad: embarazos no deseados o infecciones de transmisión sexual. A este doble peligro se añade el abuso, ya que cualquier acto perpetrado sin consentimiento debe ser perseguido.

El stealthing es un abuso sexual.

El pasado sábado la Cadena Ser informó de que un juzgado de Salamanca multó a un varón por aplicar el stealthing sobre su pareja sexual. Ambos habían aceptado utilizar profilaxis pero el hombre se la retiró durante el coito, así que la mujer denunció lo ocurrido a la policía. La sentencia se ha dictado en conformidad y el acusado ha admitido lo ocurrido. Como penalización tendrá que pagar una multa de 2.160 euros, compensar con 900 a la afectada y abonar las gastos médicos generados a la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León.

Las razones por la que estas personas incurren en esta práctica, que el tribunal salmantino ha definido como abuso sexual, se fundamentan principalmente en el morbo y en romper las normas, además de por aumentar las sensaciones placenteras, un clásico. Sí, en el sexo hay que intentar romper con lo establecido, pero siempre conforme a lo establecido con las otras partes que componen un encuentro entre dos o más personas. Esta parte es la que no entienden quienes se retiran a traición el condón mientras practican sexo.

Una de las estrategias que siguen los varones que practican esta acción delictiva es, en un momento de intensidad sexual, sacarse rápidamente el condón y seguir fornicando como si nada. Es aquí cuando la mujer puede, o no, darse cuenta. En caso de que ella no se percate, siguen hasta prácticamente el final y se vuelven a poner otro antes de la eyaculación. Así, en teoría, evitan que su compañera se dé cuenta. Lo de «antes de llover chispea» y el riesgo hacia su salud sexual no lo tienen muy en cuenta. Por si fuera poco, evitan que la otra persona sepa sus datos personales para evitar que el día de mañana contacte con ellos.

El stealthing ante la ley

Los hombres que realicen stealthing pueden decir el ya manido, manoseado y cansino «No es para tanto», así que lo mejor será contar qué dice al respecto el Código Penal. En su artículo 181 la normativa se refiere así a los abusos sexuales: «El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses». Por tanto, quitarse un condón sin que lo sepa la otra persona encaja dentro de este delito y recibe a cambio el castigo pertinente.

La sentencia del juzgado de Salamanca ya es un aviso para aquellos que estén pensando en esta opción del stealthing. En estas semanas de declaraciones de la renta, elecciones municipales, autonómicas y europeas y con la Navidad ya asomando (cuando nos queramos dar cuenta pondrán las luces en las calles) hay que cumplir con otra obligación que no debería de hacer falta recordar: sin consentimiento no hay sexo. Hay abusos, agresiones o violaciones. Ni más ni menos.