Morbo en la discoteca

Mucho tequila en el cuerpo, mucha gente alrededor, la música en alto y yo ignoro todo, todo menos a él. Él produce algo en mí que no lo hace cualquiera, es una atracción sexual increíble, inmediata. Aquella mirada acompañada de una sonrisa torcida me excita. Desde que ha entrado a la discoteca mi cuerpo tiene más calor, está más caliente. Le veo de lejos, con sus amigos y hablando con chicas. Sabe que le estoy mirando y el hecho de que esté ligando me jode, lo sabe, y lo hace más exagerado. Será cabrón. Pero me pone, me excita, me da morbo.

De vez en cuando me mira de reojo y algún guiño cae, no puedo evitar pensar en la última vez que nos vimos, la vez en la que me crucé con su madre en el autobús. Mi imaginación es incontrolable y se me va de las manos. Empiezo a imaginar en aquella última vez hace dos meses. Mis manos se mueven solas y se dirigen al WhatsApp, cómo no. Me meto en su chat y le hablo. ¿Qué le digo? Qué más da, sabe lo que quiero.

Un mensaje provocativo, a ver qué pasa. Le miro y coge su móvil disimuladamente, sabe que he sido yo. Sonríe y mira directamente en mi dirección. Nos miramos fijamente, sin disimular. Miles de pensamientos recorren nuestras mentes. Me toca jugar a mí, retiro la mirada y me vuelvo a la barra a pedir algo. Estaba claro, no iba a tardar algún tío en tirarme. No lo digo por creída, sino porque es lo que habitualmente ocurre. Tío + discoteca= ligar. Siempre la misma fórmula.

Pero le sigo el rollo, siento su mirada clavada en mí, fijándose en cómo decido provocarle. El chico dice que se llama Álvaro. No sé qué me está diciendo pero la conversación por mi parte es a base de monosílabos. Siento mi móvil vibrar en el bolsillo. Ya me estoy imaginando qué es lo que puede contestar, me da morbo saber que mi mensaje le ha puesto cachondo. “Mírame” leo en el chat, eso es lo que hago. Veo que se aleja de sus amigos y se dirige al baño. Con una chica.

Morbo

Vaya el chaval quiere guerra. Me despido de ¿Álvaro era? Y me voy al baño. Sola. Cuando llego le veo hablando con su ligue de noche. ¿Hará algo? Le coge de la cintura, la chica se le acerca y le empieza a morder el cuello. Estoy a punto de irme cuando veo al chico de la barra acercarse, así que decido aprovecharlo. Empieza a decirme algo, se calla y se queda mirando a la chica, con los ojos llenos de ira. ¿Qué le pasa a este ahora? Me enteré minutos después.

Después de todo lo que se gritaron y las barbaridades que se dijeron resulta que son novios. Bueno, eran. Nos quedamos nosotros dos solos. Le veía la entrepierna, estaba excitado. Pero, ¿por quién? Me cogió del brazo y nos encerramos en un baño. Se dirige al cuello, pero me niego. No quería que fuera la otra quien le hubiese provocado aquella gorda empalmada. Se ríe, coge el teléfono y me recuerda qué es el mensaje que le había enviado. Resulta que no era un mensaje de texto, sino una foto mía desnuda. Mi mala costumbre de guardarlas…

Pero han servido para una buena acción. Me pone cachondisima que haya sido yo. Me olvido de la otra pareja y me centro en él. Por fin. Esto de hacerlo en el baño me da mucho morbo. Vuelve al cuello, esta vez sí que le dejo. Me levanta el vestido, me quita las bragas y me empieza a meter los dedos. No hacía falta humedecerlos, ya lo hacía yo solita.

Fluidos. Morbo

Tenía que guardarme los gemidos para mí que si nos oyen nos echan. Y ni él ni yo nos vamos a quedar con las ganas. Dejaba mis gemidos en su boca, agarrándole el pelo y mordiéndole el cuello. De alguna manera tenía que liberarlos. El hecho de tener que guardármelos me provocaba una excitación mezclada con el morbo que me producía lo prohibido. Se sienta en el baño, se baja los pantalones incluidos los calzoncillos y me deja ver su fantástica polla bien dispuesta para mí. Decido quitarme el vestido y quedo completamente desnuda y empapada. Me siento encima de él y me la clavo, entera, hasta el fondo. Me pongo a cabalgarle, él no es tan bueno para ocultar los gemidos y se le escapan.

Mis tetas rebotan en su cara, lo aprovecha para chuparme los pezones. Se oyen los fluidos mezclados con mis gritos. Sí, ahora no me callo. Mi excitación me nubla el peligro de hacerlo ahí. Nos van a pillar y lo sé, pero merece la pena por este polvo. Cambio de posición, contra la puerta. Coloco mi culo dispuesto a que haga lo que quiera con él. Me agarra de las nalgas, fuerte. Una palmada no falta. Me empieza a dar con ganas, cada embestida viene con un gemido cada vez más alto. Me tiemblan las piernas, me voy a correr. Un par de palmadas más, tendré el culo rojo, de pensarlo me acerco más al orgasmo. Mis tetas quedan aplastadas a la puerta. Ya no soy dueña de mi cuerpo, ahora lo hace él.

Un par de metidas más y me corro, el orgasmo con el mayor morbo de mi vida. Él se corre dejando el rastro de su semen en mis nalgas. Me lo limpia, nos vestimos, y llaman a la puerta. Vaya, nos han pillado. Qué sorpresa, que nos van a echar dicen. Era obvio, pero no pasa nada. Se ha quedado buena noche. Cuando abrimos la puerta sí que nos llevamos una sorpresa sí, pero no puedo evitar reírme.

-Hola Álvaro, ¿tu novia bien?

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