De viejo también se aprende: las pajas (II)

Es así que mediante esta excitación y relajación muscular se produce el orgasmo sin eyaculación. Sentimos todas las contracciones del orgasmo, pero no se emite leche por la pija, y mientras se sienten y disfrutan las pulsiones orgásmicas, no se debe dejar de mantener relajados los músculos antes mencionados. De no hacerlo, ellos se activarán e iniciarán la expulsión del semen de las bolsas seminales que es lo que definitivamente yo no quiero por lo que explicaré más adelante.

El segundo final de mis pajas diarias y de las que forma parte las dos terceras partes del total de ellas es mantenerme en la cornisa todo el tiempo que desee y eso depende únicamente de mis deseos. Para aclarar este punto, les contaré una anécdota. Me estaba pajeando en el baño mientras me duchaba y al final de la misma, llegué a la cima, es decir, empecé a caminar por la cornisa, y la sensación estaba muy buena y deliciosa.

Seguí con ella con ligeros toqueteos mientras me secaba con la toalla. De improviso, entró mi señora al baño a mear, ella me vio con la pija parada. No dijo nada, porque sabía que siempre me gustaba jugar con mi pija, y más porque sabía, que me gustaba tenerla bien parada.

Yo me seguía secando y con cara de póquer, me tocaba la pija, con suaves y disimulados toqueteos, me mantenía en la cornisa, aun cuando ella se enjuagaba la concha con agua en el bidet y luego se secaba la misma con una toalla, mientras miraba de reojo mi pija muy cerca de su cara.
Como no quiere la cosa, me la seguía tocando para mantenerme en el borde, y decidí parar la función cuando al salir, ella me dijo: ¿Que parada tenés la pija? y me dio una palmada en el culo que casi me hace perder el control.

Debí hacer un enorme esfuerzo en aflojar los músculos para que no me saltara la leche, pero tuve un orgasmo hermoso, del cual saltaron apenas dos o tres gotitas de mi juguito preseminal. Así es que el segundo final de mis pajas es, generalmente seguir dándole a la manuela, permanentemente y delicadamente, para mantenerme en la cornisa tanto tiempo como quiera o pueda. Esto es variable y muchas veces no depende solo de mi deseo, sino más bien de mi estado corporal.

Aclaro esto: a veces, caminando por la cornisa, le sigo dando y llega un momento en que mi propio cuerpo dice: «Basta, no quiero más, es suficiente» y misteriosamente se da por satisfecho y se va apagando el deseo por ese momento, es como si se hubiese llenado el tanque, o al revés, como si se hubiese vaciado y no da más. De algún modo el cuerpo se ha saciado, ha sido suficiente. Pero el resultado es el mismo, poco a poco se va perdiendo la erección y junto con ella, el deseo de seguir la paja, y solo dan deseos de estar tranquilo y en paz, o de emprender otra cosa.

Entonces, arrancas en lo que tengas que hacer, con nuevas fuerzas, liviano, tranquilo, sano y con fuerzas para empezar lo que venga, con toda serenidad, sin ataduras ni presiones, una sensación de maravillosa serenidad. Pero no me engaño, si bien el estado de alerta y disposición no me abandona en todo el día y puedo concentrarme totalmente en lo que estoy abocado, no dura todo el día.

Solo un par de horas más tarde, y debido a mi propia naturaleza, luego de la diaria actividad laboral, puede llegar un momento de tranquilidad y/o privacidad, esta mente calenturienta mía, nuevamente empieza a maquinar y trabaja en una nueva y gloriosa paja, y allí estará mi pija, nuevamente dispuesta a servirme en la tarea, tan sensible como siempre, tal vez desde hace ya bastante tiempo, un poco amoratada por los malos tratos. 

A lo largo de estas épocas de pajas interminables, el color de su piel, que era igual que el resto de mi cuerpo, se ha ido transformando en una piel un poco maltratada por las intensas presiones de mis anillos, o de mis tubos depresores para agrandar mi pija. Finalmente por las presiones de mi mano que siempre la aprietan, para que sea más larga y ancha de lo que la naturaleza me ha dado.

Al escribir esta nota han sido varias pajas que me he hecho, en las distintas detenciones que he debido hacer, pues esta nota no la he hecho de una sola vez, sino a tramos. Ayer, por citar un día cualquiera de mis días pajeros, lo inicié con mi consabida paja matinal antes de levantarme, más o menos, a las 9 de la mañana. Le di y me maravillé del tamaño que puede alcanzar mi pija a esta edad, sobre todo la grosura, ayudado por la puesta de los anillos peneanos que hice para ese efecto.

Se me ha metido en la cabeza, aunque ya me he dado cuenta que no será posible, intentar con mi verga parada meterla en el hoyo de mi culo, al que con bastante esfuerzo, llego a tocar con el frenillo de mi pija. La inserción me parece más bien imposible, porque estando tiesa como la pongo, es imposible doblarla para que apunte siquiera al hoyo del culo, pero la sensación tanto de mi pija en culo, como de mi culo con mi pija, es una sensación que, en aquellos que lo logran, debe ser inolvidable.

Cuando lo intento, debo apartar mis huevos hacia un lado, dado que no son pequeños, para dar lugar a la violenta torcedura de pija, que debo hacer para intentar meter mi pija en mi culo. Vanos intentos, porque además, lamento tener una pija mucho más corta de lo que yo desearía y que a pesar de medir unos 19 centímetros apenas llega al borde de mi ojete. Porque aclaro, soy un tipo obeso, grandote de 120 kilos.

Bueno, jugando con el ojete, mi perineo y mis huevos con el meneo de mi pija, voy llegando a la cornisa y disfruto su camino y su cima por un buen rato, luego siento que ya está bien, y dejo que todo vaya pasando y me dispongo a levantar y hacer mis cosas rutinas diarias.