Carmen, la Cigarrera o como revolucionar a una ciudad

Carmen. Un nombre común y muy arraigado en el folclore español y sobre todo en el andaluz. Pero ¿Quién era Carmen y por qué su leyenda llega a nuestros días? La historia de Carmen lo tiene todo para triunfar en los teatros y óperas de años atrás. Un amor prohibido, celos, una mujer revolucionaria, una belleza sin igual, un torero y un asesinato en la Maestranza (con un par). 

Carmen era una muchacha de las muchas que trabajaban en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Guapa, gitana y revolucionaria, la Cigarrera destacaba, además de por su exuberante belleza por su fuerte carácter y conciencia social. Estamos hablando del siglo XIX incluso antes. Mujer, gitana y antisistema. Si llega a pillar la Inquisición, la queman. 

La leyenda popular cuenta que Carmen salía una tarde de la fábrica cuando se vio envuelta en una reyerta (nada raro en ella) un militar que había por allí, llamado José intervino para calmar los ánimos y llevarse a Carmen, entre otros. Ella, consciente de su atractivo, cameló a José y consiguió salir sin ningún tipo de consecuencia de aquel escándalo. José quedó totalmente prendado de la Cigarrera y ella le correspondió.

Iniciaron una relación nada exenta de polémica. Una gitana con un militar en aquella época era algo impensable. A pesar de todo, ellos continuaron con su amor contra viento y marea. 

Carmen, guapa y morena, seguía yendo todos los días a la fábrica de tabacos. Lógicamente, era una mujer que llamaba mucho la atención. Un Teniente que había por los alrededores la vio y no dudó en piropearla e intentar cortejarla. Lo que no contaba este señor era con la presencia de José. Este, presa de los celos, sacó su arma e hirió al Teniente dejándolo maltrecho. 

Carmen, la revolucionaria. | Imagen: Sevilla360.

Llegados a este punto del relato hay varias versiones. La primera cuenta que José ingresó en prisión y que Carmen seguía yendo a verlo sin dejar su trabajo. La segunda cuenta que la pareja huyó a la sierra y que desde allí Carmen bajaba a Sevilla para trabajar y cuidar a su madre. En todas las versiones aparece un nuevo personaje: Escamillo. 

Escamillo era un torero que al igual que muchos otros había caído preso de los encantos de Carmen. Con una diferencia. Ella sí le correspondía plenamente. Digamos que el torero fue el amor de Carmen. 

Lógicamente José se enteró (como todo buen celoso obsesivo) y decidió verlo con sus propios ojos. 

Una tarde de toros en la Maestranza es el escenario de esta tragedia. Toreaba Escamillo y Carmen se encontraba entre el público. José se colocó, de incógnito, justo tras la Cigarrera. Al acabar la faena, ella le tiró a Escamillo un anillo que le había regalado José. Este estalló en rabia y apuñaló a Carmen por la espalda. 

La leyenda cuenta que con el gran escándalo que había en la plaza nadie oyó ni vio nada. Pero el eco de aquello sigue sonando a día de hoy.

Carmen fue una mujer con todo en contra. Por su sexo, por su raza, por su posición, por su belleza. Y fue capaz de plantar cara al sistema. Era la cabecilla de las trabajadoras de la fábrica y luchaba por mejorar sus condiciones y su vida. Fue una mujer libre, ella no era de nadie más que de ella misma.

Lamentablemente está historia se repite en nuestros días y en nuestras manos está no repetirla más. Esta historia ha sido llevada al cine y cuenta con muchísimas piezas musicales. Pero sin duda, la más famosa es la ópera de Bizet.

Carmen, Cigarrera. Gitana guapa y morena.