De viejo también se aprende: las pajas (III)

Cerca de las 11:30, luego de hacer lo de todos los días, bajo a mi sótano y prendo la computadora, hago lo de siempre, y veo esas cosas que siempre encienden mi excitación sexual, ya sea imágenes mías de mi pija, ajenas, vídeos, leo, o escribo sobre esto que me gusta: el sexo y sus relaciones y otras tonteras excitantes. El caso es que, cuando menos lo pienso, ya estoy tocando mi pija a través de los pantalones, entonces, o saco mi pija a relucir, o me pongo uno de mis tubos elongadores de pijas. A pesar de mis años, aún no puedo superar mis deseos de tener una pija monumental y ser un superdotado. Cosas que se le meten a uno, por tener el complejo de pija pequeña.

Como prolegómeno de estas actividades, casi siempre termino en propinarme una deliciosa paja previa al almuerzo, ya sea mirando porno o visitando una página de Internet, de esas que tanto me gustan y que me mantienen la pija parada de solo mirarlas. Y allí se va mi segunda paja del día. Después del almuerzo, y ahora que estoy jubilado, aún me quedan los reflejos de cuando trabajaba, es decir, no me voy a hacer la siesta inmediatamente después del almuerzo. Nuevamente voy al sótano donde tengo mi computadora, y recorro todo el espinel, de las cosas que me gustan, eróticas por su puesto.

Pero la digestión hace que la sexualidad a estas altura de los años no sea una prioridad, pero hago cosas que me condicionan positivamente en esa dirección, es decir, veo fotos que me gustan, mías o de gente conocida que me excitan, leo temas relativos al sexo u eróticas, en fin, todo lo que me mantenga la libido lo más alta posible.

Paja
La paja comienza desde primera hora.

A eso de la 16.00 me agarra la modorra y me voy a la cama a hacer la siesta, como siempre la hago yo, es decir, me desnudo como si me fuera a dormir hasta el otro día. No quiero nada que me moleste, para darme vueltas, le digo a los demás, pero la verdad es que no quiero que nada moleste a mis pajas cuando estoy en la cama. Generalmente duermo una hora, más o menos, y luego de despertarme y si no hay nada, trato, la paja postsiesta, que es una religión para mí.

Es muy parecida a la de la mañana y la disfruto como un cochino, a veces mucho más, porque no tengo las entradas imprevistas de mi señora que, a pesar de todo, solo ve que tengo las piernas encogidas bajo las cobijas. Son para disimular la pija parada entre mis manos, haciéndome la puñeta, o manejando la lubricación con el gel. Así me hago la tercera paja del día, o segunda, si es que la previa al almuerzo, no fue realizada por algún motivo.

Es cierto lo que dicen los orientales, respecto a los orgasmos, sobre todo a los sin eyaculación, luego de tener ese tipo de orgasmos y un leve descanso. Solo como para regularizar los intensos latidos precedentes de esa gloriosas acabadas, la mente está muy alerta, y el cuerpo dispuesto a iniciar con nuevos bríos la actividad siguiente.

Paja
Cuidado con poseer un pene superdotado.

Desde que me hago estas pajas no tengo necesidad de dormir mucho. La verdad es que en general, me pongo a dormir a las 01:00 luego de ver alguna película de trasnoche y duermo de un tirón hasta las 5.30 o 5.45, y muchas veces antes de esas horas, sin tener nada de sueño. Muchas veces aprovecho entonces para hacer pumping orinando en el tubo o inicio la pajita mañanera que suele premiarme al final de ella, con otro sueñito corto que disfruto mucho hasta las 8.00.

Con respecto a mis orgasmos en particular, puedo decir que he experimentado varios tipos. El más común de todos es por supuesto hacer la paja y disfrutar como poco a poco se va elevando la sensación placentera y el delicioso cosquilleo en la verga que va acercándonos poco a poco al momento de la eyaculación. Sin ningún tipo de control, vamos llegando a la cumbre del goce, hasta que sin poderlo remediar, nos acometen las pulsiones del orgasmo, donde todo nuestro cuerpo se contrae de placer. En mi caso de seis a nueve contracciones orgásmicas y tirando lejos abundantes chorros de leche o semen.

Cuando era muy joven (13 o 14 años) en un concurso de pajas entre mis primos, en nuestro dormitorio común del verano, fui capaz de lanzar mi leche a más de un metro y medio de distancia, cosa que me hizo el campeón de las pajas de esa noche. Y aunque mi pija era la más pequeña del grupo, fui respetado por esa hazaña entre mis primos pajeros. En esa época, lo único que lograba era poder hacer una paja de vez en cuando, porque era habitual hacerlas con mucha culpa debido a la formación religiosa que me dieron mis padres y que veía en estas prácticas una cosa malsana, sobre todo, cargada de culpabilidad y carácter pecaminoso.