Mi sueño, al fin, hecho realidad

Nunca pensé que un sueño podría hacerse realidad. No soy mucho de creer en esas cosas, pero al ver a Marcos llamar a mi puerta confesándome que acababa de soñar conmigo hizo que dudara. Tras ver su bulto estirando aquél vaquero supe inmediatamente qué es lo que había soñado, y efectivamente amigos mios, mí perfecto sueño erótico con él también se había presenciado en sus horas de sueño.

No sabía cómo actuar, me parecía todo surrealista. ¿Y si esto también fuera un sueño? Me niego a despertar de el. Mi instinto por el miedo a estar dormida hizo que levantara mi mano y tocara su abdomen perfectamente definido. La famosa «tableta de chocolate» está bien marcada, y su ajustada camiseta lo mostraba sin vergüenza.

No intento disimular mi excitación. Nada más despertarme ya tenía claro que me iba a tocar y me ha venido de lujo que me llamase a la puerta, y encima, dispuesto a penetrarme. Le agarro del cuello de su camiseta y lo acerco hacia mi. Lo primero que hago es dirigirme con mi boca a su cuello, su zona más sensible. Saber que chuparle y morderle ese lugar le excita me pone muchísimo. Ya sabéis, me pone poner.

Él me responde con un agarrón en el culo, me coge en brazos y una fuerte estampida contra la pared hace que mis bragas se empapen enseguida. Me pone tanto ser la sumisa. Empiezo a notar su pedazo bulto en mi estrecho sexo. Los flujos sobresalen de mis bragas y quieren ser mezclados con los suyos.

El sueño cumplido

Mis flujos resbalan por mi zona más íntima… | Fuente: Giphy

Me baja de la pared y me pongo de rodillas. Quiero saber cómo de empalmado está sin que su vaquero esté de por medio. Le desabrocho el botón y con un movimiento se lo bajo incluyendo los calzoncillos. Ahí lo tengo, su pedazo pene chocando con mi mejilla, dejando rastros de su humedad por mi piel. La quiero tener dentro ya.

Aunque no quiero un polvo común, el típico mete y saca reventándome en la cama. Le propongo hacer algo distinto, algo que en el sueño no se hizo. ¿Vamos a la terraza de la finca? Él no tuvo que contestarme, agarró mis llaves del mueble, se subió el pantalón y nos dirigimos arriba. El hecho de saber que nos pueden pillar y, en mi caso, oír, nos provocaba que el morbo aumentara en nuestro cuerpo.

Me tumbó en el suelo con mucha delicadeza, algo que me sorprendió pero me pareció un gesto muy tierno. Aunque lo que vino después no fue tierno. Si no más atrevido, como a los dos nos gusta. Me quitó los pantalones y no me quitó las bragas, si no que me las apartó para un lado y su lengua se introdujo en mi coño.

Mi primera reacción fue gemir y agarrarle del pelo. Mi costumbre es estirarlo, y sobretodo, acercar la cabeza fuertemente a mi coño. Que se lo coman bien, que lo saboreen, que me hagan gemir y miles de sensaciones placenteras recorran mi cuerpo.

El sueño cumplido

Estas sensaciones… | Fuente: Giphy

Mientras me lo chupa comienza a meterme los dedos con una habilidad increíble. ¿Me voy a correr? Posiblemente. No puedo parar de gemir, me da igual que me oigan, que nos vean, yo solamente quiero correrme y que él se trague todos mis flujos. Eso hice, conforme más rápido y fuerte me penetraba más cerca estaba del orgasmo. Me abrí a más no poder y me corrí dentro de él. Su lengua recorrió cada centímetro de mi coño y mis flujos aterrizaron en su boca.

Ahora era mi turno. Me tocaba comérmela entera y tenía muchas ganas de hacérselo. Me puse de rodillas y él de pie se apoyó en la pared. Empecé poco a poco, la base, subiendo comencé a babársela entera para que resbalara.

Adoro el sonido de su flujo, al subir y bajar se oye la mezcla de mi saliva con sus pruebas de la excitación. Aumento mi velocidad y consigo tener toda su polla dentro. Noté como me estiró del pelo, señal de que le encantó. Mi lengua se movía rápido recorriéndola toda y no dejar ningún hueco sin chupar.

Notaba cómo palpitaba dentro de mi, sabía que se iba a correr. ¿Pero dónde? Qué eligiera él. Me ayudaba con el movimiento empujándome la cabeza. Tenía pinta que sería dentro de mi boca. Genial, me apetece tragármelo. Por sorpresa mía me sacó su polla de mi boca y empezó a masturbarse en mi cara. Involuntariamente abrí mi boca esperando a que su semen terminara ahí. Y así se hizo, me lo tragué todo.

Cuando acabamos nos vestimos e íbamos a mí casa a ver una película. En el momento de abrir la puerta de la terraza. Sorpresa, un vecino.

-Buenas tardes – dije yo como educada vecina

-Buenas tardes jóvenes, espero que lo hayáis disfrutado

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