Sexualidad y afectividad en personas con discapacidad intelectual (IV)

En anteriores artículos hemos hablado de la necesidad de reconocer las necesidades afectivas y sexuales de las personas con discapacidad intelectual, planteando la prioridad de legitimar sus derechos en este tema. ¿Pero cómo está la situación en la actualidad? Si tuviéramos que hacer un diagnóstico de lo que ocurre en el momento actual, siempre en base a nuestra experiencia, destacaríamos entre otras cuestiones las siguientes:

Observamos un mayor interés por este tema en ciertos sectores de padres y madres, particularmente los más jóvenes y todavía minoritarios. Sería muy deseable considerar esta motivación de aquellos más sensibles a esta problemática, ofreciéndoles respuestas formativas adecuadas cuestión ésta que debe ser un objetivo prioritario en el momento actual y el factor que puede permitir más avances en este campo.

Más comprensión y predisposición a intervenir, en sectores de profesionales. Sin embargo, la ausencia de formación específica, de criterios comunes de intervención, la falta de apoyo institucional y el temor a las posibles reacciones negativas de algunos padres o madres desincentivan la puesta en marcha de programas.

La discapacidad no es incapacidad. | Fuente: Wikipedia.

Los padres y la discapacidad

Con frecuencia observamos “relaciones poco fluidas” entre padres y profesionales. Sugerimos que ambos hablen, dialoguen de manera permanente, a través de grupos de trabajo que permitan consensuar pautas de actuación. Sería deseable una mayor confianza mutua que promueva una valoración más positiva y realista de la implicación y responsabilidad de cada uno de los estamentos, facilitando el compromiso de todos para que el trabajo se lleve a cabo de una manera profesional y adecuada. Hay que buscar la suma en lugar de la división.

Los chicos y chicas con discapacidad intelectual siguen presentando, en general, carencias informativas incomprensibles en el momento presente. En una sociedad donde el sexo está omnipresente particularmente a través de Internet (gratis y anónimamente), que lo ofrece las 24 horas del día.

La sociedad está cambiando, aunque muy lentamente, en torno a la consideración social de las personas con discapacidad intelectual. Los procesos de integración y normalización parecen estar contribuyendo a ello.

Perviven numerosos prejuicios y miedos sobre la sexualidad y afectividad de estas personas. Si bien como se ha advertido, nos encontramos cada vez más progenitores con interés en plantear esta necesidad, no obstante:

a).  La sexualidad sigue provocando un extraordinario temor y ansiedad en algunos sectores de madres y padres, particularmente cuando se asocia a la comunicación en cuestiones referidas a la conducta sexual y, más aún, a admitir la posibilidad de una cierta autonomía en este terreno, es decir tomar conciencia de que el hijo o la hija pueden tener algún tipo de relación afectiva y sexual.

b). En algunas familias todavía sigue vigente la creencia de que el conocimiento sexual tiene efectos negativos y que, por consiguiente, es mejor no saber. Tal consideración está en contra de los avances científicos y sociales que vienen a demostrar reiteradamente que las personas más preparadas, formadas y capacitadas están en mejores condiciones de hacer frente y de manera más positiva a los inevitables problemas que les plantea la compleja sociedad actual, crecientemente permisiva y erotizada. Internet, y en muchos casos las películas pornográficas, se ha convertido en la principal fuente de información sexual.

La educación es clave para romper prejuicios. | Fuente: Wikipedia.

c). Todavía encontramos grupos de padres y madres que siguen pensando que su hijo/a con discapacidad intelectual no es como los demás en cuestiones afectivo sexuales y que no tiene ese tipo de necesidad. Es comprensible, por tanto, que algunos padres y madres se asusten cuando se plantean cuestiones relacionadas con la conducta sexual y afectiva de sus hijos con discapacidad intelectual y, por ello, los protejan de manera sistemática, pero a la vez pensamos que sería deseable aceptar y potenciar su necesidad de la autonomía. Estos padres necesitan una formación específica en esta área, para afrontar de manera exitosa esta cuestión con sus hijos/as.

d) De la mano de este punto está la cuestión, fundamental sin duda, de su intimidad y de la necesidad de respetarla de una manera escrupulosa.

e) También se observa una notoria preocupación respecto al hecho de que la sociedad todavía no garantiza unas condiciones adecuadas para un cambio de actitud unilateral.  Algunas familias, no sin razón, arguyen que la sociedad no puede pedirles los cambios que ella misma no está dispuesta a aceptar.

f) En muchas ocasiones, los adultos opinan y deciden por ellos, reforzando así su pasividad. Sin embargo, es preciso darles espacios para hablar, empoderarse, que den sus opiniones, animarlos a que tomen sus propias decisiones, escucharlos, ponernos en su lugar. Sustituirles no hace sino contribuir a que pierdan la confianza en sí mismos y en sus posibilidades. Esto no significa que se les quiera menos, en absoluto: fomentar la autonomía significa también que se les quiere y se les ama. 

Desde nuestra perspectiva una parte de las iniciativas que puedan realizarse en el momento presente, deberían ir encaminadas a destacar la necesidad de que reconozcamos que la persona con discapacidad intelectual es un ser sexuado con nece­sidades afectivas y sexuales y que, como cualquier otro ser humano, requiere una adecuada preparación en orden a una positiva integración de su sexualidad y afectividad a lo largo de toda su vida y en sus relaciones.

La formación de las familias, los profesionales y grupos específicos de jóvenes y adultos con discapacidad intelectual es, en este momento, una cuestión prioritaria que debemos abordar con determinación y valentía. La salud sexual y afectiva de estas personas y su bienestar pueden estar juego. No solamente porque se lo merecen, algo así como de justicia historia, sino porque es un derecho incuestionable.

José Luis García es Dr. en Psicología, especialista en Sexología, y autor del libro “Sexo, poder, religión y política” en Navarra, editado por Amazon.