Aquellos ojos verdes

Sabía que aquellos ojos verdes me iban a cautivar desde el primer momento. No los conocía, no sabía quién era dueño del verdor de esa mirada. Si eran penetrantes en unas simples fotografías, no quería imaginarme lo que sería contemplarlos en persona.

Era la primera vez que quedaba con Pablo. Sé que físicamente me iba a atraer, pero ¿habría feeling entre nosotros? Íbamos a quedar en su casa, con ninguna intención de que ocurriese algo entre nosotros, sin contar los besos que probablemente nos demos.

El camino en metro hacia su casa fue agradable. Se notaba que nos gustábamos y que había mucho pique entre nosotros. Su manera tan característica de vacilar me ponía. Pero, sobre todo, aquellos ojos verdes.

aquellos ojos verdes: personas andando

«Se notaba que nos gustábamos y que había mucho pique entre nosotros».| Fuente: Pixabay.

Su mirada brillaba cuando me miraba. Sus ojos transmitían deseo, me lo contagió. En cuanto llegamos a su casa se notaba la tensión sexual, pero yo no quería hacer nada. No en la primera cita. Una vez terminamos de cenar nos sentamos en el sofá. Empezó el juego.

Con el Netflix encendido, su cabeza se encontraba apoyada sobre mí y mi mano involuntariamente decidió acariciar su pelo. Él no se quedó atrás, su mano rozaba mi mano suavemente. Al mínimo tacto con él ya me encendí, ¿por qué? Sin pensarlo me abrí un poco las piernas, necesitaba aunque sea un pequeño roce contra mi sexo. Lo notó.

No me dio vergüenza que lo notara, pero insistía con mi pensamiento de no hacerlo en la primera cita. Pese a que aquellos ojos verdes me insistieran para hacerlo salvajemente. Sus caricias aumentaron la velocidad y sus manos cambiaron de zona. Ahora se encontraban en mi pierna con la intención de subir.

– ¿Vamos a la cama y pongo Netflix ahí?

La buena excusa del Netflix nunca falla. Acepté, pero con la intención de que las caricias no acabaran en sexo. Más o menos cumplí con mi palabra. Nos tumbamos y encendimos el aire al momento. El ambiente se notaba caliente y nos hacía falta un poco de aire.

Aquellos ojos verdes: besos

«No lo pude negar, tenía muchas ganas de notar sus labios. Los besos fueron dulces, tiernos.» | Fuente: Pixabay. 

Enseguida se tumbó encima mía para besarme. No lo pude negar, tenía muchas ganas de notar sus labios. Los besos fueron dulces, tiernos. Me acariciaba la pierna y yo estiraba su pelo. Esa ternura empezó a cambiar a besos con mucho más deseo sexual. Aquellos ojos verdes me miraban con desesperación y yo correspondía a esa mirada. No sabía qué hacer. Así que le volví a besar.

Un gemido se escapó de mi boca cuando me mordió el labio inferior. Seguido de esto, me estiró del pelo. En ese momento, mis bragas dejaron de estar secas. Mis piernas se abrieron mucho más y le di a entender qué es lo que quería. Necesitaba que me tocase.

Con sus ojos me dijo que lo haría encantado. Me quitó la camiseta del pijama y se dirigió a chuparme los pezones. La manera en la que me los estimulaba hacia que me pusiera mucho más cachonda. Gemí más alto. Apreté mi coño contra él, tócalo ya, pensé. Y lo hizo.

Se deshizo de mis pantalones y mis bragas en un solo movimiento y sus dedos rozaron mi clítoris ya hinchado por mi excitación. Mientras me lo acariciaba me empezó a dar besos en el cuello. Este chico, como si me conocieses de toda la vida, fue directamente a mis puntos más débiles. ¡Cómo no iba a estar cachonda!

Aquellos ojos verdes: cachonda

«fue directamente a mis puntos más débiles»| Fuente: Pixabay.

Después de esos besos, mi coño mojó muchísimo y él, al tener sus dedos en mi sexo, lo notó. Así que sin pensarlo decidió meterlos brutalmente. Otro gemido. Ya no podía parar. Su rapidez y el sonido de mis flujos me ponía muy cachonda. Notaba su polla dura en mi pierna. Saber que estaba cachondo me mojaba aún más.

Me estiraba del pelo, me mordía el cuello, sus ojos verdes me miraban ardientes de deseo y sus dedos me penetraban muy salvajemente. Yo estaba en el paraíso y en él se oían mis gritos de placer que aterrizaban en su otra mano, evitando que los vecinos nos escucharán.

Sus manos no se detenían en ningún momento, y su boca saboreó cada parte de mi cuerpo. Incluso él gemía por la excitación que llevaba encima. Oír sus sonidos de placer se convirtió en mi debilidad. Eso fue lo que hizo que me corriese. Tuve el orgasmo más salvaje mientras aquellos ojos verdes disfrutaban de las vistas.