De viejo también se aprende: las pajas (VI)

A partir de marzo de 1988, cuando entré en XXX, estuve en esa fábrica sin hacer nada hasta el mes de julio en que empezaron las producciones. Durante todo ese período, estuve solo y sin nada en lo que trabajar, razón por la cual  tiempo para pensar, escribir y hacerme pajas era lo que sobraba.


Fue en ese tiempo cuando empecé a escribir versos eróticos tales como «Felipito» que, como era de suponer, sus argumentos eran motivo para mantenerme la croqueta caliente y la pija parada. Como no había nadie que me molestara, la mano en la pija era un argumento común para inspirar esos versos y motivar mis frecuentes idas al baño a hacerme las pajas tranquilo.

Más tranquilo que en mi propia casa, donde no solo estaban mis hijos aún chicos, mi mujer, mi suegra y un hermano de ella y donde guardar las apariencias era algo que se debía mantener, para ejemplo de los demás.

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«veía maricones que le chupaban la pija a alguno de los que iban al cine» | Fuente: Pixabay


Durante ese tiempo de no producción en la fábrica tenía como ventaja el no tener que cumplir con un horario de entrada y salida. Por ello, más de una vez, me retiraba temprano para ir a un cine gay de Retiro, donde además de ver películas porno gay, veía maricones que le chupaban la pija a alguno de los que iban al cine. O, en mi caso, a hacerme una paja mientras veía esas películas porno.


Por ese tiempo, empecé a leer artículos sobre el sexo tántrico, y de las técnicas para obtener orgasmos múltiples, cosa que nunca había logrado tener y que para mí eran una verdadera obsesión y deseo.


Con práctica y pajas, fui logrando controlar mis eyaculaciones y prolongar o mantener el deseo de pajearme más allá de lo que un orgasmo con eyaculación me permitían.  Con ello logré hacer de mis días, largas sesiones de pajas sin solución de continuidad que solo respondían a mis caprichos.


Así que un día, con el solo propósito de ver cuántas veces me podía hacer pajas, llegué a hacerme hasta 7 pajas durante toda la jornada, pero debo aclara que en la última, con toda naturalidad, decidí acabar eyaculando para dar por finalizada la faena. Mi cuerpo no daba más de tanta tensión.


Como les decía, hoy tres pajas con orgasmos sin eyacular, es una cosa corriente en mi persona.

Debo reconocer que, al menos, una vez por semana acabo tirando toda la leche, porque creo que es bueno renovar la leche y mantener el equipo en forma, y evitar de ese modo, la posibilidad de un cáncer de próstata.

Al renovar periódicamente los fluidos internos ya sean seminales como pre eyaculatorios, tengo que estar unos 4 días sin la estimulación hormonal que produce la refracción por eyaculación. No me quejo, lo acepto, y me gusta tanto como hacerme la paja todos los días.

Tres pajas al día de media son propias de mí | Fuente: Pixabay

Pero esta serie de pajas diarias, que vengo practicando desde hace bastante tiempo me han traído un problema. Casi diría un problema que solo tienen los profesionales porque siempre lo padecen aquellos que abusan de sus miembros como es mi caso: la aparición dolorosa en una zona de un tendón en mi mano izquierda, mi mano de las pajas, soy zurdo.


Este dolorcillo se ubica en el dorso superior del antebrazo y, más o menos, a seis dedos de la muñeca. Es el típico dolor de «túnel carpiano» que suelen tener los dactilógrafos, tenistas, y operarios que utilizan una mano para un trabajo que implica la repetición incesante de un mismo movimiento durante mucho tiempo.

Pues bien, de tanto hacerme las pajas, tengo problemas de túnel carpiano.
¡Quién lo diría! Me gustaría saber de algún otro pajero que padeciera de este problema, por este abuso manual.

Lo único que ruego no me salga es algo relacionado con la piel de mi pija, porque eso sí que sería terrible para mis pajas. Por ahora la cuido mucho, aunque debo reconocer que el aspecto general, si bien es sano, con el exceso de presiones y manoseos, ha tomado un cierto tono ligeramente amoratado u oscuro, debido a las excesivas dilataciones de las arteriolas y venitas superficiales producidas por un lado por las depresiones de mis tubos. O por las excesivas contrapresiones que ejerzo con mis manos al miembro y la estrangulación de mis anillos.

Por todo ello, me declaro el primer accidentado laboral por uso excesivo del movimiento pajero de una mano. La lesión no impide la prosecución de mis pajas, pero me he tenido que concienciar que debo alternar la mano izquierda con mi mano derecha.

Mi mano derecha nunca estaba ausente de mis prácticas pajeras, pues es una asistente vital para el goce de mi pasión. Siempre estaba atenta para alcanzar el gel lubricante para un suave meneo, poniéndome los anillos vibradores para estimular a esta pija mía. O, también, a la hora de manipular el consolador, si es que quiero tener algo metido en el culo mientras me estimulo la pija para aumentar las delicias de mis pajas.

Últimamente, mi organismo va cambiando. Hay días que la pija y sus deseos de paja no me dejan en paz con tal de que la atienda en todo momento que pueda.

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«Excesivas contrapresiones que ejerzo con mis manos al miembro» | Fuente: Pixabay


Como les decía, a veces me la sobaba en cualquier lugar y en cualquier momento en que pudiera hacerlo con un mínimo de privacidad y eso podría ser, pequeñas pajas rapiditas de hasta 10 a 15 veces durante el día.


Cuando eso sucede, siempre, ya sea en la última hora de la noche antes de dormir o durante el lapso entre el almuerzo y la hora de la siesta, me hago una paja a «finish» como le llamo yo a una paja con eyaculación completa.

Generalmente esa paja me deja tranquilo al menos uno o dos días hasta que se me empieza a despertar de nuevo el «indio». Al cabo de los mismos, la pija empieza de nuevo a hacerse presente en mi mente y en la necesidad de acariciarla mediante pajitas para calmar las ganas de mear.  Casi siempre está hinchadita por ese mismo efecto de tener ganas de mear. Los deseos de acariciar mis bolas y jugar con ellas es indicio evidente que las hormonas están llegando a su nivel de excitación que tanto me gusta.